Ya no da gauchos la facultad

Los médicos y el interior del país

Un profundo trabajo de investigación se abocó a conocer los factores que hacen que los médicos opten, mayoritariamente, por ejercer la profesión en Montevideo. A la consabida centralización del conocimiento en la capital se agrega una interesante mirada sobre las construcciones de carácter sociocultural del “ser médico”.

Los estereotipos construidos a partir del imaginario del “médico de Montevideo” en detrimento del “médico del Interior”, los arraigos y los desarraigos, entre muchos otros temas, fueron abordados en el trabajo.

 

“¿Qué factores socioculturales obstaculizan o favorecen la radicación de los médicos de especialidades médicas básicas (emb)* en el interior del país?” Con esa pregunta como norte, un equipo de investigadores de la Udelar, integrantes de la Unidad de Sociología de la Salud del Departamento de Medicina Preventiva y Social de la Facultad de Medicina, se lanzó a trabajar.**
La dispar repartición de los médicos en la geografía nacional es tema en la mesa de gremios médicos, en la facultad y en el Ministerio de Salud Pública desde hace décadas, y su permanencia en el tiempo es uno de los factores más groseros de la inequidad en salud entre capital e Interior.
Para expresarlo en números: en 2008 había en el país 14.009 médicos en actividad, lo que redundaba en 42,02 profesionales cada 10 mil habitantes. Pero al distinguir Montevideo e Interior se observaron las siguientes diferencias: en los departamentos del Interior, donde reside el 60 por ciento de la población, vivían 3.324 médicos. Los 10.687 restantes vivían en Montevideo, junto al 40 por ciento de la población. Esto significa que en la capital había 80,21 médicos cada 10 mil habitantes, mientras que el Interior contaba con 16,34 profesionales cada 10 mil habitantes.
La equidad –subraya la investigación siguiendo los conceptos de la Organización Mundial de la Salud – llegará con “la ausencia de diferencias injustas y evitables en el estado de salud de individuos, poblaciones o grupos que tienen distintas características socioeconómicas, demográficas o geográficas”. Eso que hoy no pasa.
CUESTIONES CAPITALES. Las entrevistas grupales a estudiantes de grado, posgrado y residentes, también a médicos generales y especialistas, resultaron en una amplia gama de motivos y circunstancias “objetivables” para no cruzar las fronteras montevideanas; pero también en un conjunto de construcciones simbólicas, de representaciones sociales, de dicotomías tejidas con años de discursos repetidos incluso en ámbitos formales, que operan en desmedro del interés por radicarse fuera de la capital.
Entre los motivos objetivables se menta el centralismo académico. La cosa no tiene vuelta, para ser médico hay que venir a Montevideo. Sólo el grado insume un mínimo de ocho años de estudio. Un primer “exilio”, para quienes llegan del Interior, donde se forjan nuevas rutinas, nuevos amigos, trabajos y vidas. Y al terminar “hiciste tremenda carrera, la más larga de la Universidad, y resulta que te están preguntando qué especialidad vas a hacer; porque no podés trabajar, no te toman las móviles si no tenés alguna especialidad empezada, no trabajás en las guardias si no tenés alguna iniciación”, señaló un entrevistado. En esa decisión comienza a tallar “el escaso capital simbólico y económico vinculado a la figura del médico general”, que funciona como estímulo para iniciar rápidamente la especialidad. Y si toca especializarse serán, mínimo, otros tres años obligados en Montevideo.
Esa idea también es fomentada por un discurso generacional que señala la falta de competencia y destrezas de los más jóvenes: “Hoy la facultad es una gran salida de chorizos, salen todos los médicos recibidos y yo los veo como internos, el último trimestre de internado, y no saben examinar un abdomen, no saben tratar una infección urinaria baja, que es lo más básico que hay en la medicina general”, asegura uno de los consultados.
En 2009 la Escuela de Graduados de Medicina habilitó 236 cargos de residencias. El 97,46 por ciento desempeña su cargo en Montevideo, el resto se reparte entre Paysandú y Tacuarembó. Si se toman las residencias correspondientes a emb, sólo el 3,3 por ciento se desarrolla en el Interior.
Paralelamente, otra dicotomía aparece en el imaginario: la de ser “docente universitario” o “no docente universitario”, fundada en la distancia que surge entre quienes tienen la posibilidad de participar “en el proceso de producción de la medicina como sistema experto” y quienes no.
La actividad docente de quienes forman a los residentes en el Interior queda disminuida por la escasa presencia de la Facultad de Medicina, portadora del rol productor y reproductor del conocimiento. Ser docente en el Interior no es lo mismo.
Las dificultades para acceder a la formación médica continua fuera de Montevideo se entienden como un obstáculo objetivable, en una profesión donde la desactualización se produce rápidamente ante el avance del conocimiento. Desde la mirada de los profesionales radicados en el Interior, la Facultad de Medicina no da facilidades a la hora de la formación, desaprovechando incluso las posibilidades que brinda la tecnología: “Cuando se hacen ateneos u otro tipo de actividades que se pueda acceder por Internet, o bien que se publique el material, para que nosotros podamos seguir al día; porque nos cuesta montones seguir al día”. Los pocos contenidos que llegan no contemplan la situación asistencial en el Interior. La legítima expectativa de obtener capital cultural y simbólico retendrá entonces a la gente en Montevideo, donde será mucho más sencillo.

ESTRATOS E IMAGINARIOS. La ausencia de actividades de formación y actualización en el Interior, vengan de la facultad o de otros actores como las sociedades científicas, fortaleció a lo largo de los años la idea de que allí existe un “aislamiento intelectual y profesional” en el que es mejor no entrar. “En general los niveles técnicos del Interior van decayendo; de residente tenía compañeros que aprendían lo mismo que yo y hoy hablás con ellos y te discuten cosas indiscutibles; (si) no puedo sentarme a discutir con un especialista, entonces hay una decadencia del conocimiento”, declaró un médico. Ese discurso, sostenido incluso en ámbitos formales y académicos, contribuye a la dicotomía médico de Montevideo/médico del Interior. El primero interpreta al segundo como un profesional que al radicarse fuera de la capital evidencia poco interés en su actualización, “con escasa formación y poca capacidad resolutiva”, independientemente de las limitaciones reales que el ámbito geográfico imponga. En la medida en que la formación y la actualización se entienden como una responsabilidad individual, la mirada descrita “encierra una impugnación profesional y ética, que en términos simbólicos colabora a conformar un modelo de médico a no seguir”, entienden los investigadores. .. PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.

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