La leyenda controversial

Luis Alberto Cubilla (1940-2013) No basta, ni cerca, haber sido un gran jugador o un gran técnico para alcanzar el estatus de leyenda, y menos en vida. La figura de Luis Cubilla fue y sigue siendo tan polémica que lo primero que se pregunta uno ante su fallecimiento es si cabe o no cabe integrarlo al club exclusivo que los aglomera; un club que integran jugadores y técnicos como Nasazzi, Obdulio Varela, José Leandro Andrade, Atilio García, Mazurkiewicz, Máspoli, Ondino Viera y pocos más. Ahora bien: si uno se remite a las cualidades, a los éxitos y a los récords de Cubilla, la respuesta es sí.

Pero si uno se detiene ante los innumerables y frenéticos vaivenes que pautaron su trayectoria en términos de popularidad y aun de prestigio, la respuesta parece inclinarse, sin rubor, hacia la negativa. Es el precio que, aun post mórtem, debe pagar un gran jugador que devino en gran técnico –casos así no abundan– por algunas de sus actitudes, por sus posturas ante el fútbol, la economía propia, la economía ajena y la vida, por su poca o ninguna simpatía, por sus disputas a todo nivel con colegas, con periodistas, con espectadores. El “Negro” Cubilla fue en Uruguay una leyenda mientras vivió y trabajó en el país; después no, o no tanto; en cambio en Paraguay, país en el que alcanzó sus mayores logros como director técnico, nadie discute su derecho a la veneración. Por lo pronto, tuvo dos patrias, una natural, en casa, y otra adoptiva, en Paraguay; y dos carreras, una como jugador y otra como técnico. En la primera carrera se destacó como el más pícaro y uno de los más grandes entre sus pares. En la segunda, volvió a destacarse como el más pícaro y uno de los más grandes entre sus pares. Entonces, ¿se habrá pasado de rosca en eso de la picardía?, ¿o no fue aquí lo suficientemente “grande” y allá sí, como para que le perdonen sus pecados? Resumamos, groseramente, sus 19 años de player entre 1958 y 1976. Puntero derecho tan asociado al puesto que cuando jugaba de “otra cosa” igual usaba la número siete (qué tiempos, aquellos, los de los números fijos). Muy hábil y bastante veloz al principio, muy hábil y extremadamente inteligente al final. Individualista, un poco discutidor, incluso peleador, imprevisible, bastante potente, técnicamente superdotado y goleador en partidos importantes, como el Brasil-Uruguay en el Mundial de 1970, cuando tiró suave y a colocar al ver mal ubicado al arquero Félix. Un mago con la pelota, no tanto por sus fintas con ella (que eran magníficas) sino por su capacidad para poner el cuerpo –la espalda, los brazos y la cola– y así evitar que se la sacaran o pasear a sus marcadores por la punta derecha y por donde diera lugar. Durante sus primeros años recibía de sus compañeros. .. PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.

 

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