Salsipuedes censal
- Última actualización en 15 Marzo 2013
- Escrito por: Salvador Neves
La gurisa parecía Mercedes Sosa de adolescente. No creo que fuera diaguita como “la Negra”. Rendía examen de historia en la destartalada Escuela Técnica de Rincón de la Bolsa a mediados de los noventa. En la actual Ciudad del Plata sobra la gente del norte del país y en ésta abundan los rasgos guaraníes. La cosa es que era singular ver la convicción con que una chiquilina de tales rasgos sostenía que en Uruguay no había habido indios.
Sin dejar de disfrutar su mate ni de hacer uso de una buena cantidad de términos guaraníes, gente de más prosapia ha insistido en esa idea. Muchas de las reivindicaciones de los que se proclaman descendientes de charrúas, ya se ha señalado, parecen funcionales a la negación de este aporte: es claro que, como mostró por ejemplo Diego Bracco en Charrúas, guenoas y guaraníes,* los charrúas llegaron a este suelo recién a mediados del siglo xviii y ya muy esmirriados, que sus toldos eran en realidad una confluencia multiétnica de perseguidos y que bien poco quedó de ellos después de la emboscada de la Cueva del Tigre.
Otra cosa es el sostenido y multitudinario aporte guaraní. Recientemente Óscar Padrón Favre ha sintetizado una larga serie de investigaciones sobre la importancia de esta etnia en la constitución de la población oriental.** Después de repasar las corrientes de pobladores de esta estirpe que llegaron a nuestro suelo desde el siglo xviii hasta el xix, Padrón Favre cita una investigación reciente (2009) de Mónica Sans en la que se concluye que “1 por ciento de los genes de la población eran de origen indígena, lo cual equivaldría, si la distribución de genes en la población fuera homogénea (...) a que cada habitante tuviera el equivalente a un bisabuelo indígena”.
Resulta curioso entonces que sólo 5 por ciento de los uruguayos crea –según el último censo– tener ascendencia indígena. No se trata de ponerse plumas, reavivar rituales pintorescos (y a veces peligrosos) ni reclamar el regreso al neolítico. Pero seguramente no estaría de más volver a detenerse sobre esas ganas rabiosas de ser blancos.
* Linardi y Risso, Montevideo, 2004.
** En Sergio Venturini, El indio guaraní, Tierradentro ediciones, Durazno-Montevideo, 2011.

