Hace calor

Acerca de “todos somos responsables del cambio climático”
En la política, como en la ciencia, el que desconfía de frases como “todos somos culpables” avanza dos casilleros en la comprensión de los problemas. No porque sea imposible que todos los individuos seamos responsables de la propagación de algún fenómeno, sino porque difícilmente todos contribuyamos a ese fenómeno con idéntica intensidad. Saber más implica conocer la distribución de las causas que generan ciertos efectos, considerando el aporte diferente de cada una. Todo esto para hablar del cambio climático.

UNO. ¿Es que el cambio climático está generado por “el hombre”? Sí, ya hay consenso al respecto en la mayoría de la comunidad académica, que habla de cambio climático antropogénico. Pero poco se avanza con ese solo enunciado. Si alguien nos contase cuáles son los mecanismos por los que los patrones climáticos están cambiando (incluyendo el aumento de la temperatura y la mayor frecuencia de desastres naturales) y cómo es la desigual distribución de daños y riesgos asociados a estos mecanismos, sabríamos más. Ya no solamente atendiendo la antropología rápida de la relación entre “el hombre” y la naturaleza sino observando los patrones de producción y consumo y las condiciones geopolíticas que dan forma a esa relación.
Si nos queremos asustar, los números que preanuncian la catástrofe son potentes y conocidos. Por ejemplo, si cada persona generase tantas emisiones de CO2 como el estadounidense promedio, necesitaríamos nueve planetas como la Tierra para que la vida fuera sustentable. Pero ¿dónde está el problema que puede generar un apocalipsis como ese?
Para empezar, la relación entre los países y el cambio climático puede entenderse desde el concepto de “doble inequidad”, reflejado en el “Informe Stern”, un documento de 700 páginas que resultó ser uno de los más importantes sobre cambio climático, encargado al economista Nicholas Stern por el gobierno británico en 2006. Y su significado es sencillo: la doble inequidad implica, grosso modo, que los países más ricos son los que profundizan el problema, porque suelen emitir más CO2 (sobre todo generado por los transportes y las fábricas), mientras que los efectos perniciosos del cambio climático se sienten sobre todo en los países de ingresos medios y bajos. Estos países, además, tienen en contra su menor capacidad para adaptarse e implementar medidas de mitigación. De hecho, informes de las Naciones Unidas y de científicos del clima han calculado que entre 96 y 99 por ciento de las víctimas de desastres asociados al cambio climático pertenecen a los países menos desarrollados.*

DOS. Más allá de qué países lo provoquen y cuáles lo sufran, ¿qué es lo que está recalentando el planeta y generando así un aumento de las temperaturas promedio, con mayor ocurrencia de desastres y su influencia en el rendimiento de las cosechas (provocando, además, que toda la población de Kiribati deba en un futuro cercano trasladarse a Fiji a causa del aumento del nivel del océano)?
Se suele decir que hay demasiada gente en el planeta, o más atinadamente, que hay demasiados consumidores. En otras palabras, que los ciudadanos de las potencias emergentes del planeta no pueden replicar el consumo de los países desarrollados sin que todo explote. En parte es cierto, aunque es difícil no ponerse codo con codo con un indio o chino que grite “¿por qué no puedo tener un auto, justo ahora que mi país llega al grado de industrialización que siempre se supuso deseable y del que los demás disfrutan”? (entre otras cosas por los términos del intercambio con el resto del mundo). En cualquier caso, la tesis de que hay demasiados consumidores es sólo parcialmente cierta... PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.

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