Paisaje cultural industrial en Fray Bentos
Con altas chances de éxito, la Intendencia de Río Negro y la Comisión de Patrimonio Cultural de la Nación (cpcn) preparan el dossier que en setiembre presentarán a la unesco para que declare patrimonio de la humanidad un área de casi 3 mil hectáreas que tiene como corazón las instalaciones de la antigua fábrica Liebig, de extracto de carne, y el ex frigorífico Anglo.
Junto con Paso de los Toros, seguramente Fray Bentos sea la ciudad uruguaya más conocida a nivel global, y por razones similares. En el mundo, Fray Bentos es mucho más que una localidad sudamericana; es la marca del producto alimenticio en base a carne más consumido en expediciones colonialistas, ciudades asediadas y campos de batalla durante la segunda mitad del siglo xix y la primera del xx. Incluso hoy el gigante de los alimentos Premier Foods, propietario de la marca Fray Bentos, vende varios productos con el nombre de la localidad litoraleña.
Según una investigación del historiador René Boretto sobre el proceso de construcción de la fábrica Liebig, todo comenzó en 1862 cuando el ingeniero alemán Georg Giebert llegó a la ciudad con la idea de instalar una fábrica de extracto de carne con la fórmula de un químico compatriota, Justus von Liebig. Se aposentó en el lugar donde ya existía un saladero y comenzó a hacer experimentos caseros de aplicación de la fórmula que sorprendieron a Liebig. En 1864 Giebert comunicó al químico que se podían extraer “106 libras del mejor extracto con 2.220 libras de carne y 2 mil libras de agua del río Uruguay”.* De este modo en diciembre de 1865 se crea la Liebig Extracto Meat Company, que meses después recibe directamente de Glasgow las máquinas inventadas por el propio Giebert para la producción a gran escala. Se trataba de cortadoras de carne, grandes bateas de cocimiento, filtros para el caldo resultante y una serie de recipientes con capacidad de 4 mil litros donde se evaporaba el caldo y se condensaba el producto para llegar a la concentración de la fórmula de Liebig.
Casi inmediatamente se agregó la producción de tasajo, cuya calidad fue perfeccionada por Liebig, de modo de abrir nuevos mercados (ya que hasta entonces el producto sólo era consumido por los esclavos).
La idea era aprovecharlo todo: los cueros, los huesos, las pezuñas y cualquier otro desecho de las faenas. Liebig inventó un fertilizante de origen vacuno, que se impuso sobre el guano peruano y que se lograba pulverizando desechos como la sangre, el contenido del rúmen y huesos, que se mezclaban con fosfato. También se fabricaban subproductos como harina de carne y polvo de huesos en distintas granulaciones, que servían de alimento para animales y de combustible para las azucareras.
Sobre 1870 se diseñó un programa de inmigración y un barrio obrero para recibir a trabajadores, procedentes primero de Alemania, y en las primeras décadas del siglo xx de más de 60 nacionalidades de distintos continentes.
En 1883 el establecimiento contaba con electricidad. Según afirma Boretto, “la Liebig fue (…) el primer sitio de Uruguay donde se encendió una lamparilla eléctrica”. Es que la energía fue otro subproducto: aprovechando también los desechos, y a partir de una planta procesadora para la obtención de gas, especialmente diseñada, se lograba iluminar los lugares de trabajo y oficinas.
La diversificación y expansión parecían no tener fin, y a comienzos del siglo xx se empezó a producir extracto de carne con carne de oveja para el mercado de India.
Las latas de extracto de carne, de corned beef y luego los caldos de carnes fueron la base alimentaria de los ejércitos y las expediciones de investigación, en el marco de una Europa que se expandía por todos los continentes y que terminaría enfrentándose en la Primera Guerra Mundial por la consolidación de sus dominios coloniales.
En los años veinte vino la era frigorífica, y un nuevo aluvión de inmigrantes (entonces una tercera parte del casco urbano de la ciudad era propiedad de la Liebig). En 1924 se produjo un cambio de capitales y la empresa de origen alemán pasó a ser británica –la nueva dueña era la Vestey Company, propietaria de la Anglo Uruguay sa–, con sede en Londres (al punto que el viceconsulado británico estaba radicado en la propia mansión del gerente de la empresa).
La historia del Anglo tiene un período de auge hasta mediados del siglo xx, sufre una crisis con la inundación de 1959, seguida por un período de lento declive hasta 1971, cuando los ingleses abandonan el establecimiento, que quedó en manos del Estado uruguayo. El epílogo es el breve período del Frigorífico Fray Bentos entre 1971 y su cierre definitivo en 1979.
PATRIMONIO CON CHIMENEA. El concepto de paisaje cultural industrial es relativamente nuevo. Surgió en 2000 y desde entonces la unesco lo utiliza como categoría de bien patrimonial, incluyendo en él áreas que pueden extenderse a cientos de hectáreas y tanto bienes naturales como artificiales, materiales e inmateriales. Hoy existen varios paisajes industriales declarados patrimonio de la humanidad por el organismo internacional, algunos de ellos en Inglaterra. Más cerca, en Chile, están la zona salitrera de Humberstone y Santa Laura y la ciudad minera de Sewell en la cordillera andina.
Puede tratarse de un paisaje relicto, que ha quedado congelado en el tiempo luego de agotada la actividad industrial, transformándose en área testimonial, o puede ser un paisaje que fue cambiando, adaptándose a nuevos usos en un proceso dinámico.
Tal es el caso del paisaje cultural industrial Fray Bentos, donde a partir de la década del 80 hay una adecuación del lugar a nuevas actividades, compatibles con la preservación del patrimonio industrial. En los viejos galpones se instalaron talleres artesanales, un laboratorio de investigación del latu, los viejos tanques de combustible están siendo reutilizados por una empresa, y además funciona el Museo de la Revolución Industrial. Asimismo está a estudio un proyecto para instalar allí una formación universitaria técnica en alimentación.
“Cuando hablamos de paisaje industrial en Fray Bentos no estamos hablando sólo de las instalaciones de la fábrica, sino de un espacio mayor que involucra actividad rural y a la propia ciudad. Incluimos el área fundacional de la ciudad, que tuvo una relación muy potente con el saladero primero y el frigorífico después. Si bien es verdad que la fundación de Villa Independencia es anterior, el futuro desarrollo que adquiere y su transformación luego en capital del departamento tienen que ver con el crecimiento de la actividad saladeril. Entonces tenemos una variedad de escenarios territoriales que incluyen el área urbana, el área industrial, un área rural y el río. Sin el río no hubiéramos tenido industria. El río permitió el transporte de toda la infraestructura para montar la fábrica, permitió la existencia de un puerto y por tanto la exportación de la carne procesada, permitió la llegada de un conjunto muy variado de inmigrantes… Hay una relación muy fuerte en Fray Bentos entre lo ambiental y lo cultural. En estos momentos se está definiendo el área que se va a presentar ante la unesco. Estamos hablando de unas 3 mil hectáreas”, informó a Brecha William Rey, arquitecto, historiador y ex presidente de la Comisión de Patrimonio, quien fue contratado por la Intendencia de Río Negro para elaborar el dossier que Uruguay presentará a la unesco este año.
Se trata de un área que supera con creces la de Colonia del Sacramento (aun incluyendo la zona ampliada a la bahía y las islas). Como en aquel caso, declarado patrimonio histórico de la humanidad en 1995, existe una zona núcleo y una zona de amortiguación. En Fray Bentos la zona núcleo posiblemente esté centrada en el área específicamente industrial, que incluye además de las instalaciones del frigorífico, el barrio obrero, la mansión del gerente, la cancha de golf, los antiguos corrales y un bosque de ombúes que integra el área. Mientras que el espacio de amortiguación va a contar con el área fluvial, la rural y la parte fundacional de Fray Bentos.
RAZONES DE PESO. Según Rey, uno de los aspectos más fuertes que tiene Fray Bentos para merecer la categoría de patrimonio de la humanidad es su carácter universal. Conjuga una historia local, que revolucionó las vidas de miles de personas, con un fenómeno de alcance global. Se trató de una industria cuyo mercado era el mundo. Los productos marca Liebig, Fray Bentos, Anglo y Oxo son reconocidos en los más diversos lugares y fueron la base para la alimentación de quienes protagonizaron procesos históricos como la Primera Guerra Mundial o la colonización. Esa universalidad se la da también el hecho de que en las instalaciones industriales fraybentinas trabajaron personas procedentes de más de 60 nacionalidades, por lo que la ciudad se convirtió en una cosmópolis. Como espacio industrial también es excepcional, por cómo innovó en el proceso industrial, en el aprovechamiento de la materia prima y la creación de una multitud de productos procesados. Asimismo, la política laboral típica de la revolución industrial, con la inclusión del obrero como parte del capital de la empresa, llevó a que en Fray Bentos existiera un importante barrio obrero, escuela, hospital, áreas recreativas. El obrero no sólo trabajaba en el lugar, la empresa le facilitaba la vivienda y le organizaba el tiempo de ocio (la cancha de golf de Fray Bentos fue la primera en el país), en una lógica de claro disciplinamiento cultural. Los testimonios de ex trabajadores, que nutren la investigación histórica que acompaña la presentación ante la unesco, revelan ese lugar central que la empresa tuvo en la vida de miles de familias, la mirada idílica que la memoria reserva en muchos de los que dedicaron su vida a la fábrica, aunque otros recuerdan la sumisión de los trabajadores a las pautas empresariales como una historia de explotación (y citan como hito la marcha a pie que protagonizaron muchos de ellos hacia Montevideo en 1956).
Otro punto a favor de Fray Bentos es la admitida descompensación que existe entre una sobrerrepresentación de bienes patrimoniales europeos en la lista de la unesco y una presencia minoritaria de sitios americanos (que de todos modos superan con creces a los africanos, por ejemplo). Asimismo, y pese a que América Latina se insertó mundialmente como proveedora de materias primas y alimentos, son pocos los paisajes industriales reconocidos en la región. Hay que considerar que el río Uruguay ha sido siempre un corredor fundamental para la exportación de carne y granos al mundo, sobre todo en los períodos de guerra.
En un sentido similar se expresó Nuria Sanz, jefa de la Sección América Latina y el Caribe del Centro del Patrimonio Mundial, que en abril de 2011 visitó las instalaciones de Fray Bentos. “Posee una historia sobrecogedora, con todas las argumentaciones que demuestran cuánto han significado sus frigoríficos y su company town para la historia económica universal, en un caso similar a la ciudad salitrera de Sewell, ubicada en el norte de Chile, ingresada a la lista en 2005 (…). La memoria del sitio está muy bien instalada y la predisposición social del lugar tiene muy buena salud”, sostuvo entonces Sanz.**.. PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.