Emilio Castro (1927-2013)
El pasado 6 de abril falleció el pastor Emilio Castro. Un ser humano que consagró su vida al servicio de los demás. Desde su compromiso de fe cruzó fronteras geográficas, políticas y religiosas, llegando a ser el único latinoamericano en ocupar el mayor cargo religioso del mundo protestante.
Emilio Castro nació en 1927, en el seno de una familia humilde y de tradición sindicalista, era un “chiquilín de la Aguada” que junto a otros amigos del barrio tiraba piedras contra el techo de la iglesia metodista del barrio. En aquella parroquia estos gurises encontraron a un pastor y una maestra que los recibieron con cariño, escucha y dedicación, factores que transformaron su vida desde la propuesta del evangelio. A los 17 años Emilio viajó a Buenos Aires para estudiar en la Facultad Evangélica de Teología. Allí tuvo un primer encuentro con la diversidad de pensamientos y corrientes teológicas y fue influenciado por el evangelio social en un contexto de mucha efervescencia política.
Dio sus primeros pasos como pastor en los años cincuenta. Continuó sus estudios en Buenos Aires y posteriormente fue enviado a hacer un posgrado en Suiza donde tuvo como profesor y referente a uno de los teólogos más destacados del siglo xx, el suizo Karl Barth.
Volvió al continente como pastor de La Paz, Bolivia, donde cumplió su pastorado por dos años. La confrontación con el contexto boliviano amplió su visión de Latinoamérica y alentó su vocación por un ministerio ecuménico. A los 29 años asumió el cargo pastoral de la Iglesia Metodista Central en Montevideo, y así comenzó su tiempo más fecundo y polémico en este país.
EL ESCÁNDALO. Fue un pastor para el pueblo, para la gente fuera y dentro de la Iglesia, acompañó y alojó en tiempos de conflictos sociales a aquellos que –sin importar su credo u opción partidaria– precisaran un espacio para refugiarse, para formarse, discutir y tomar decisiones colectivas de resistencia. De esta manera, acompañó pastoralmente a sindicalistas, políticos y estudiantes que luego fueron referentes en la sociedad.
El pastor Castro generó “escándalo” en algunos sectores religiosos conservadores que pensaban que él mezclaba el evangelio con la política y que las iglesias no debían meterse en los conflictos sociales y políticos. Su opinión fue requerida en diferentes ámbitos de la sociedad, especialmente en los años sesenta, cuando muchos se acercaban a escuchar los sermones en la Iglesia Metodista Central y cuando Emilio –cual profeta moderno– participaba en las tertulias televisivas de Conozca sus derechos en Saeta tv y Mediodía con usted en Canal 4. Escribió con frecuencia en Marcha.
El testimonio de Emilio, su involucramiento, aún inspira y desafía a muchos jóvenes. De él aprendimos la importancia de tender puentes y de ejercitar la fe en diálogo con los desafíos políticos, sociales y culturales de nuestro contexto. El pastor Castro fue uno de los fundadores del diálogo ecuménico e interreligioso en nuestro país. Con este gesto, podemos pensar que se animó a cruzar todas las barreras y muros trazados por las instituciones religiosas y sus tradiciones. Probablemente una de sus virtudes era ser tremendamente amoroso y terco a la vez.
Sus convicciones se plasmaron en instituciones y espacios concretos. En el mundo evangélico fue clave la fundación de la Federación de Iglesias Evangélicas del Uruguay (1956). A nivel interreligioso, fue todo un signo la fundación de la Confraternidad Judeocristiana del Uruguay (1958), y a nivel regional la creación del Consejo Latinoamericano de Iglesias (1978), que fue vital para la resistencia en tiempos de persecución política.
Escuchamos de Emilio el relato de muchas anécdotas referidas a los tiempos más duros de Uruguay, cuyo factor común era la preocupación por generar diálogos, evitar el conflicto armado y tener un análisis crítico de la realidad con perspectiva de derechos humanos y de dignidad para todos y todas sin exclusiones.
Algo que ilustra su concepción de fe como praxis pastoral y política está planteado en el artículo “Las mismas celdas, los mismos cuarteles”, donde argumenta que “el diálogo cristiano-marxista dejó de ser una cuestión teórica para pasar a ser una vivencia práctica. Esta es la mejor dimensión de toda colaboración humana, cuando la misma se da en el plano del servicio a la comunidad, del amor al prójimo, de la lucha por su libertad”.* Su compromiso político y social siempre fue desde su lugar de pastor, y desde ese rol fue valorado en la sociedad... PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.