Ese silencio
- Última actualización en 19 Abril 2013
- Escrito por: Raúl Zibechi
Agua, Universidad y sociedad
Daniel Panario cuestiona el silencio de la Universidad como institución, y de buena parte de sus pares docentes, ante situaciones que afectan a la población, la misma que financia sus estudios. Que la Universidad pública dejó de ser un foco de pensamiento y actitudes críticas no es ninguna novedad. Cuál es el papel que debería jugar, es un tema abierto a la polémica.
Aparentemente las autoridades decidieron tomar el toro por las astas: trabajar en la conservación de la cuenca del río Santa Lucía, que abastece al 60 por ciento de la población. ose y la Facultad de Ciencias estudian la creación de un sistema de alertas que sea capaz de detectar problemas en la calidad del agua. Si se tiene en cuenta que hay científicos, como Daniel Panario, director del Instituto de Ecología y Ciencias Ambientales de la Facultad de Ciencias que recibió en 2012 el Premio Nacional a la Excelencia Ciudadana auspiciado por el mec y la Udelar, entre otros, que llevan más de dos décadas alertando sobre la contaminación de la cuenca, sin obtener ninguna respuesta positiva de los sucesivos gobiernos, el anuncio parece un poco tardío.
Gracias a las algas y al mal olor del agua detectado en marzo, el tema está siendo debatido en la sociedad. No es la primera vez que las autoridades van atrás de los hechos, una actitud que parece haberse instalado como parte de la idiosincrasia nacional. Cómo se llegó a esta situación y qué papel pudo y puede jugar la Universidad han sido el motivo de una larga conversación con Panario que se extracta en las líneas que siguen.
—Parece evidente que la calidad del agua del río Santa Lucía se ha deteriorado en las últimas décadas. ¿Qué papel puede tener la Universidad en el monitoreo de esta y de otras cuencas?
—Lo primero es que la Universidad tiene la obligación por ley de informar a la población. El artículo 2 de la ley orgánica establece que debe propender al esclarecimiento de la población en los temas de interés general. O sea, no sólo investigar para tratar de solucionar un problema, en este caso el agua, sino informar a la población. Porque este problema se presenta no sólo en la cuenca del Santa Lucía sino en una parte importante de las tomas de agua de ose.
—Los problemas que afectan a la calidad del agua parecen estar detectados y se relacionan con la agricultura y algunas industrias.
—No sólo la agricultura. En el caso del río Uruguay hay ciudades enteras que vierten sus efluentes en el río, un proceso que empieza en Brasil, y ahora se le suma la planta de celulosa de upm. En su momento, en un informe que hizo suyo la Facultad de Ciencias, con un conjunto de colegas dijimos que la planta de celulosa le iba a agregar al río el equivalente en fósforo al vertido de otra ciudad de Fray Bentos. Se trata además de un curso que ya tiene graves problemas.
—Cuando una empresa estatal, como ahora lo hace ose, niega lo que es evidente, ahí puede intervenir la Universidad con otra mirada.
—Hay que aclarar que la potabilidad del agua es una convención en la que se establecen ciertos parámetros. Las cosas admisibles cotizan a la baja. En Italia al ver que no podían entregar agua con el estándar que se requería, lo que se hizo fue modificar ese estándar. Los estudios sobre la influencia del consumo de agua a lo largo de la vida de las personas tienen un costo tan alto que en nuestros países en general no se hacen, sólo en los del Primer Mundo. Lo que se hace es tomar los parámetros de la Organización Mundial de la Salud. Ahí aparece un problema, y es que esos parámetros no toman en cuenta ciertos aspectos, sea porque aún no hay suficiente información, tal el caso de otras toxinas de las cianobacterias, o porque es difícil bajar las concentraciones, como es el caso de las sustancias que se generan en el proceso de tratamiento del agua (los trialometanos, que son organoclorados muy tóxicos). Se sabe que los trialometanos provocan cáncer de vejiga pero con una prevalencia muy baja dentro del estándar establecido, por ejemplo de 40 cada 100 mil habitantes en España. Pero en Alemania, donde no se toma agua de la canilla, la prevalencia de ese tipo de cáncer es la mitad. Lo que quiero decir es que aun estando dentro de los estándares mundiales hay efectos que no se toman en cuenta.
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