Brecha Digital

El bazoco es el mensaje

Las opiniones sobre la "legalización" que resonaron en el espacio público descansan en generalizaciones y espectacularizaciones de fenómenos marginales magnificados por la lupa de los prejuicios morales. Pero la regulación propuesta por el gobierno y las experiencias de usuarios y familias son dos elementos distorsionantes de esa hegemonía discursiva.

"Pídale a Cristina que acá también se pueda vender marihuana", le dijo un periodista argentino a José Mujica en la conferencia de prensa de la Cumbre del Mercosur. El mandatario se mostró impávido aunque no pudo ocultar su disgusto con tamaña sugerencia. Pensó, pestañeó, miró fijamente al implorante encogiendo los hombros y dejando caer la cabeza hasta enfocarlo mejor, levantó la diestra para apuntarlo con el índice y le disparó: "¡Ah...! ¿Y vos sos pichicatero? Mirá, te deschavaste". Las carcajadas resonaron en la sala; todos excepto el presidente rieron. Mujica explicó que no es fácil la pulseada: "no es cosa de coser y cantar", el "pueblo uruguayo" tiene que discutir "porque de la droga hay que cuidarse", estamos en guerra contra el narcotráfico y vamos perdiendo mientras despilfarramos los fondos públicos destinados a la represión de la oferta y la criminalización de la demanda.

Días antes Mujica dijo que alguna oficina estatal iba a canjear las colillas del porro, como en las promociones de las papas chips, me das la colilla y te doy otro faso. Llegó a hablar de trazabilidad del porro, vaya ocurrencia; ni siquiera en países que admiten el uso recreativo de marihuana, como España, Portugal, Canadá, Estados Unidos y Holanda se atreven a tanto, tal vez porque sepan que no hay "colillas" en los porros, hay "tucas", y que resultaría demasiado engorroso llevar a la práctica tal plan.

TEATRO DE BOLAZOS. Luis Alberto Heber, presidente del Directorio del Partido Nacional, alguna vez fumó porro. En 2007, haciendo campaña para ocupar el cargo partidario que hoy ostenta, decía que es válido plantar marihuana para uso personal. A los cultivadores hogareños "no los podemos estar jorobando. Ellos no molestan a nadie y están ejerciendo en paz su libertad".* Cuando se filtró el plan gubernamental para "legalizar" la marihuana, Heber fue de los primeros en salir al cruce: "¿Vamos a comprarle al narcotráfico? Una cosa distinta es legalizar el autocultivo". Es verdad, son cosas distintas, pero para qué la pregunta. ¿Qué aporta al debate que Heber auspició? ¿Miedo? ¿Confusión? Podría haber argumentado por la positiva diciendo, por ejemplo, "me parece que lo mejor sería cultivar". Pero eligió hacer del tema un espectáculo.

Pedro Bordaberry es partidario de reducir el consumo de drogas. Sí, sería una linda cosa, pero la humanidad quiere drogas y preferentemente las prohibidas, y las va a seguir queriendo aunque no nos guste. El líder colorado se mostró sereno, pero no evitó generalizar, él esperaba medidas de seguridad y el gobierno propuso "legalizar la droga". No, Pedro, ni legalizar, ni droga, el gobierno quiere "regular" el mercado de marihuana. Fernando Amado, diputado de su sector, Vamos Uruguay, solicitó mesura. "Pido por favor a mis compañeros que no tiren al boleo. La marihuana no se legaliza porque ya está legalizada", aclaró para los desprevenidos. Estas declaraciones fueron hechas antes de que el gobierno anunciara nada, un trascendido de prensa fue suficiente para tirar al boleo.

Hay especialistas en boleadoras. "Todos los casos de chicos que tenemos internados en nuestras comunidades han comenzado con el proceso éste... que los ha llevado a la pasta base o a drogas más importantes con la marihuana".** La confusa afirmación pertenece a un responsable de la comunidad Beraca. La voz en off del tape se preguntaba: "¿Qué piensan los ex adictos a la marihuana?". Acto seguido un pibe explica cómo armar un "bazoco", un porro al que se le pone pasta base. El bazoco y la pasta se fuman en sectores más bien marginales, numérica, económica y culturalmente. El consumo de pasta base es tan pequeño en Uruguay que se estima que un 1,1 por ciento de la población la probó, pero aumenta a más de 4 por ciento en algunos barrios periféricos. Si la cosa fuera que uno fuma porro y después se engancha con "la lata", el 20 por ciento de la población de entre 15 y 65 años que admitió haber fumado marihuana debería estar armando bazocos y pipas radiactivas. ¿No será que el enganche con la lata es por la falta de horizontes que marca la pobreza? Beraca ofrece testimonios de situaciones límite que no representan más que la urgencia de sectores sociales bien definidos. Esta comunidad oculta su trasfondo moral, omitiendo ante cámaras la confianza en la palabra de Jesús que pregonan en sus encuentros íntimos. No son los únicos.

Otro discurso es presentar a la "regulación" o la "legalización" como una broma. Jorge Larrañaga, senador nacionalista, contribuyó con una muy original analogía: el gobierno quiere levantar "una cortina de humo". Es entendible que una porción de la sociedad tome a la ligera un tema plagado de prejuicios y estereotipos que se han construido desde hace cien años. Nadie quiere hablar de algo que permanece en el terreno del miedo y la penumbra. Todas las tinieblas deben quedar entre muros que construyen y albergan a satanes, drogadictos y pichicateros. ¿Quién se aleja de la realidad: el usuario de marihuana o la sociedad cabeza de avestruz? Lo que no se entiende se ridiculiza o se convierte en burla y loop papagayesco de los mitos que rodean al consumo de drogas. Para muchos es preferible teatralizar el asunto, como el coro griego, como los videos de Youtube de Washington Abdala. Cerrando los ojos, imitando a los chinos, encorvando la espalda, pinzando índice y meñique sobre la boca para decir: "Pah, loco, ahora se legaliza, nos olvidamo de todo, loco, uh, ahora sí, botija, con el porro del Pepe, vo, uh".

FAMILIAS. El efecto que produjo el aviso gubernamental, sumado al debate parlamentario, a las movilizaciones de las juventudes políticas y las organizaciones de la sociedad civil ayudaron a muchos a empezar a pensar seriamente en esto. Los primeros que acusaron recibo del anuncio gubernamental fueron los parlamentarios del Frente Amplio, que ahora parecen estar alineados y no plantean más dudas como antes.

Las palabras del Gabinete de Seguridad golpearon la puerta de los hogares: "separar mercados", "combatir al narcotráfico", "proteger la salud del consumidor", son algunas de las razones por las que sería bueno "legalizar" para una creciente porción de uruguayos. Si un 20 por ciento de la población probó marihuana en algún momento de su vida, ¿en cuántos hogares el porro se ha hecho presente? Es un asunto que no es nuevo para el ámbito familiar uruguayo. A finales del siglo xix y principios del xx, cocaína, cannabis, opio y morfina permanecían entre las cobijas de lo privado. En el resto del planeta, con el cambio de rumbo que propusieron los jóvenes del 68, la marihuana se convirtió en objeto de deseo, algo que diferenciaba y otorgaba una nueva carta de identidad new wave al usuario o consumidor, dos términos propios de un mercado de bienes que comienzan a escucharse en los ochenta con la ampliación de la oferta también en Uruguay. Si las respuestas familiares al asunto no siempre fueron las mejores, las estatales fueron peores, criminalizando un acto que nuestras leyes no castigan y sembrando miedo con el "no a las drogas" en vez de aceptar la realidad y adecuar los servicios de salud, brindando información validada al usuario que ha elegido consumir una droga y también a su entorno. A pesar de los contras la realidad se impuso. Poco a poco madres, padres, hermanas, hermanos, abuelas o primos se han dado cuenta de que el porro no es tan terrible como decían las revistas. Los usuarios tienen trabajo y se destacan en ellos, nadie abandona sus estudios, nadie murió con una "jeringa de marihuana" clavada en el brazo. Finalmente se comprobó: el usuario no es delincuente. Darse cuenta de eso les llevó tiempo y dolor de culpa a muchas familias, pero allí están compartiendo la vida con sus hijos que de adolescentes eran tildados de "toxicómanos" por psicólogos y psiquiatras. n

* El Observador, 10-VIII-07, pág 4.

** Canal 12, Telemundo, 24-VI-12.

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