Con Juan Grompone, a propósito de la singularidad tecnológica y el fin del sistema capitalista
El estreno del programa presidencial Uruguay Encendido con la visita de algunos representantes de la Singularity University fue objeto de una primera mirada en la edición pasada de Brecha. En ésta el semanario ofrece la visión del ingeniero Juan Grompone sobre algunas de las ideas centrales de los californianos.
El propósito de la Singularity University es indagar en el avance científico-tecnológico y vislumbrar los cambios sociales que éste genera, haciendo especial hincapié en el momento de “singularidad tecnológica”. El término se refiere a un momento futuro en el que la aceleración del desarrollo tecnológico conduciría al surgimiento de una inteligencia suprahumana que trastocaría nuestro modo de entender la evolución histórica.
Para Juan Grompone, destacado ingeniero y autor de libros como La danza de Shiva,* en el cual se dedica en extenso a la construcción del futuro, la mentada “singularidad tecnológica” no sería, ni más ni menos, que el fin del capitalismo.
—En La danza de Shiva usted indaga sobre la aventura humana desde sus comienzos en el planeta, y dedica un tomo entero a la construcción del futuro. ¿Cuál es su posición frente a la “singularidad tecnológica”?
—En La danza... hablo de las cuatro fases del sistema capitalista. Hubo una etapa comercial y una industrial, actualmente estamos empezando una nueva etapa donde el centro de todo es el manejo de la información y las tecnologías de la comunicación. Esa es la que está explotando ahora, y no es la definitiva. Falta aún otra etapa, la biológica. Lo que desde el Silicon Valley se llama la “singularidad tecnológica” refiere a un momento especial que va a ocurrir en la segunda mitad de este siglo debido al proceso de aceleración exponencial de la tecnología; y aunque esta aceleración exista desde que existe la humanidad, lo novedoso es que hay indicadores de que este proceso colapsará en este siglo que estamos viviendo. Por un lado la aceleración no puede ser eterna, y por otro se están agotando algunos recursos naturales, como el petróleo. Lo que sostengo en mi libro es que esto sucederá cuando el sistema capitalista domine al planeta y sea imposible que continúe creciendo. Esta expansión a toda velocidad se llama expansión capitalista. La condición de existencia de la sociedad capitalista es crecer. En promedio global, la economía crece a un 3 por ciento anual, y en este momento la población humana no crece a mucho más del 1,5 por ciento anual. Como el capitalismo crece más rápido que la población, una simple ecuación explica que aquél va a alcanzar a la totalidad del planeta, lo cual va a suceder en 2060 o 2070. Ahí hay que cambiar al paradigma, porque el sistema encuentra su propia sepultura, como dice el Manifiesto comunista. Cuando el capitalismo concluya su momento de globalización hacia la totalidad del planeta, llegará la “singularidad tecnológica”, un colapso social.
—¿La inteligencia artificial sería protagonista en este proceso? ¿Sería tan poderosa que dominaría el mundo?
—Que el cambio social que propone un sector de quienes abogan por la “singularidad tecnológica” venga por el lado de la inteligencia artificial me parece un macanazo. ¡La inteligencia artificial no sirve para nada! Hace 50 años que promete que va a hacer algo maravilloso. Su lema es “la próxima década van a ver”, y hace décadas que estamos esperando la próxima década. Que una computadora le gane jugando al ajedrez a una persona es mínimo al lado del cambio social que se viene. Una computadora, por grande que sea, hay cosas que no puede calcular y no podrá solucionar, a no ser que estén relacionadas con la lógica. ¿Pueden pensar las máquinas? Hoy en día las computadoras pueden ganar al ajedrez, incluso diagnosticar enfermedades más rápidamente que un médico, o mejorar las telecomunicaciones, pero una computadora nunca va a poder emular los procesos como las paradojas, la metáfora, las ironías y el humor. Hay problemas que escapan a la lógica y que tienen que ver con la cultura de la humanidad, y un sistema de inteligencia artificial nunca va a poder resolverlos. Entonces está el aspecto cultural que esta inteligencia no contemplaría, y por otra parte está lo biológico.
—¿Un mundo dominado por la inteligencia artificial sería entonces un mundo exclusivamente lógico, sin humor?
—¡Es que nunca va a dominarnos! Los defensores de la inteligencia artificial omiten los problemas que están más allá de la lógica. Es cierto que las computadoras están provocando un gran cambio en la humanidad, pero también es real que este cambio es hasta cierto punto. Apenas podemos hacer un robot que se comporte como una hormiga; me resulta inconcebible una inteligencia suprahumana cuando ni siquiera conocemos cómo funciona nuestro cerebro.
—¿Cómo se ha imaginado a la sociedad nueva luego del colapso social, del fin del sistema capitalista?
—No sé cuántos años faltan para esto ni cuantos años va a demorar en construirse, pero se viene una sociedad nueva donde ya no serán esenciales, como lo son ahora, los bienes materiales. Todos disfrutarán de estos bienes. ¿Qué quiere decir que el capitalismo haya alcanzado su completud? Que todo el mundo tenga agua corriente, comida, vacunas, confort, etcétera.
—Lo que usted dice se parece mucho a una visión utópica del futuro.
—No es una utopía, la pobreza se reducirá gracias a los avances científicos. Aún sigue aumentando numéricamente la pobreza, porque las personas que nacen en condiciones de pobreza, a su vez, comportan una alta tasa de natalidad. Pero la proporción de pobres disminuirá y la capacidad de vivir más y mejor será para todos.
—Esa nueva sociedad donde no serían esenciales los bienes materiales se erigiría sobre otro paradigma. Lo primero que pienso es que el trabajo tal cual lo concebimos actualmente no existiría. Tendríamos mucho tiempo libre. ¿Cómo sería esa sociedad tan ociosa?
—¿Qué hace usted con el ocio?
—Voy al cine, leo libros y…
—Ta, ta, no entre en demasiado detalle (risas). En La danza de Shiva teorizo sobre esto, ya que desde la perspectiva materialista el trabajo es la principal actividad humana. Lo que sostengo en mi libro es que aumentaría el tiempo libre y esto originaría un consumo mayor de bienes relacionados con el ocio. Guionistas, escritores, actores y músicos serían los nuevos protagonistas.
—¿Podríamos entrar en detalles de cómo imagina usted a la sociedad del futuro?
—No me la imagino mucho, porque además no la voy a ver. Todo lo que haga por imaginármela va a ser inútil, va a ser muy distinto a lo que conocemos ahora. Si pensamos, por ejemplo, lo que imaginaron Marx y Engels hace 160 años respecto a cómo sería su sociedad futura, vemos que eso ha sido derogado, cambiado innumerables veces. Todo el esfuerzo de imaginarse cómo será no importa mucho, lo que importa es que tenemos la certeza de que va a pasar. A la humanidad le llevó unos 300 años construir la sociedad capitalista, desde que empiezan a aparecer los primeros movimientos de rebeldía contra la sociedad feudal de los europeos, lo que sería el primer gobierno burgués en Holanda... Construir una sociedad nueva lleva mucho tiempo.
—¿Uruguay se podrá preparar para este nuevo paradigma social, como se propone, por ejemplo, con actividades tales como Uruguay Encendido?
—Si alguno de nosotros vive hasta los 90 años apenas llegará a ver lo que se llama “la singularidad”. Ni siquiera vamos a poder hacer algo nuevo. Lo que tiene que hacer Uruguay es ver cómo está manejando el avance de la sociedad capitalista, de eso se tiene que preocupar el gobierno. Porque depende de los gobiernos que este avance sea salvaje o benefactor. En ese sentido, si el foco de estas actividades está puesto en preocuparse por el avance de la sociedad capitalista, me parece bien. En tanto, si vamos camino hacia un contexto donde la materia prima no va a ser tan importante, sea porque los bifes de carne van a empezar a hacerse en impresoras 3D o a partir de una sola célula, ¿qué es lo que va a vender Uruguay? ¿En qué va a basar su economía cuando se acabe la farra de la materia prima, con la soja, la carne, el hierro y la mar en coche? ¿Si Uruguay se puede preparar para este futuro inminente? Sí, analizando e indagando cómo cambiar la matriz productiva del país para el año 2030. n
* Editora La Flor del Itapebí, Montevideo, 2001. La obra será reeditada a fin de año.
Futurología: desde Piria a Kurzweill
Hace 115 años, cuando el mundo era de telégrafos y ferrocarriles, Francisco Piria publicaba El socialismo triunfante. Lo que será mi país dentro de 200 años. En un viaje en el tiempo hacia el año 2098, Piria imaginaba puertas de roperos que se abrían al tocar un pequeño resorte y naves que se deslizaban por el agua con apenas presionar un botón de marfil. Pero más allá de lo anecdótico, el libro presenta la utopía de que en el año 2098 la humanidad habrá vencido todas las enfermedades, aumentando la expectativa de vida en una sociedad donde, además, reinará la paz y la tolerancia. En su ejercicio de futurología, Piria imaginó también algunas cosas que hoy existen, como instrumentos de comunicación inalámbricos o la máquina de escribir “Mototipia”, que escribía, guardaba, imprimía y encuadernaba el periódico.
¿Qué imaginamos cuando pensamos en el futuro?, ¿autos supersónicos transitando calles aéreas?, ¿el teletransporte?, ¿la cura del cáncer, el sida y el Alzheimer?, ¿siliconas compradas on line?, ¿una heladera inteligente que detecta cuando se termina el tomate y lo encarga automáticamente a la tienda on line, y debita el importe de la cuenta bancaria?, ¿la inmortalidad? Para Raymond Kurzweill, promotor principal del término “singularidad tecnológica”, esto pasaría por un avance tecnológico de tal magnitud que la eternidad estaría contenida en un sistema computacional, o dicho de otro modo, que en pocos años la inteligencia artificial sería más poderosa que la humana, luego de que sea posible migrar la mente hacia una computadora.
Diego Cánepa
“En la punta del pensamiento”
La visita de la Singularity University se dio en el marco del programa Uruguay Encendido, organizado por la Presidencia de la República. Diego Cánepa, prosecretario de la Presidencia, explicó que esta iniciativa es un intento de ver hacia dónde va el mundo, para actuar en consecuencia. “Uruguay no tiene un menú muy amplio y necesitamos hacer movimientos inteligentes. Para hacerlo, una ventaja puede ser correr un poco el velo: ¿cuáles son los signos de los tiempos qué se vienen? Para poder interpretarlos es que traemos a la Universidad de la Singularidad Tecnológica, como primer paso del programa Uruguay Encendido, que tiene como cometido principal traer a quienes están en la punta del pensamiento del mundo, quienes están vislumbrando la gran velocidad de los cambios y hacia dónde van esos cambios. No para hacer lo que ellos dicen pero sí para entender de primera mano cómo se están viendo las cosas más allá de nuestro país”, sostuvo en la presentación del evento realizado el 6 de abril en la sala de conferencias del Sofitel Montevideo Casino Carrasco y Spa.