Apenas adictiva, tóxica pero no al punto de producir sobredosis letales, recomendable contra algunas dolencias, 40 años después de haber prohibido la marihuana estamos aprendiendo de qué se trata.
¿Por qué sería disfrutable fumarse la resina con que el cáñamo protege a sus flores de los ardores veraniegos? El camino hacia esa respuesta empezó en 1964, cuando en el Instituto Weizmann (de Israel) Raphael Mechoulam aisló el principio activo de la marihuana, el delta-9-tetrahidrocannabinol (thc). No se parecía a la cocaína ni al opio. No era un alcaloide.
En 1988 se agregaría otra curiosidad. Las paredes celulares tienen receptores ("mecanismos" especializados en capturar determinadas sustancias), y Allyn Howet, de la Universidad de Saint Louis (Estados Unidos), descubrió en las células del cerebro humano unos cuya única especialidad conocida era captar el thc. Con el resto de los animales pasaba lo mismo y también había receptores como esos en células de nuestros sistemas inmunológico y endócrino.
Hubo que esperar cuatro años más para que un checo y un estadounidense que trabajaban en el laboratorio de Mechoulam encontraran en los tejidos nerviosos un neurotrasmisor que explicaba para qué estaban, en principio, aquellos receptores. Lo bautizaron anandamida, del sánscrito ananda, "portador de paz". Ahora se encontraron unos cuantos neurotrasmisores como esos. Todos ellos reciben el nombre de endocannabinoides.
El doctor Fernando Rodríguez Fonseca asegura en la Revista de la Sociedad Española de Bioquímica que tales sustancias "son la base de procesos de olvido selectivo, cruciales para desembarazarnos de las memorias aversivas que pueden dificultar el aprendizaje". "No afectan el desarrollo del miedo pero sí el olvido del miedo", explica su colega Ana Franchi, del argentino Conicet, quien cree que esto "encaja bien con el hecho de que cierta gente fuma marihuana para disminuir la ansiedad".*
Es el efecto más obvio. Brecha conversó con la especialista Raquel Peyrabue de otros menos conocidos. Desde que en 1987 finalizó la carrera de medicina, Peyrabue se dedica al tratamiento de consumos problemáticos. Los consumidores de sustancias ilegales eran sistemáticamente detenidos durante las razias de aquellos días, pero sus pacientes tenían en el bolsillo una receta verde con el teléfono de la doctora y la indicación de que la autoridad se pusiese en contacto con ella para saber qué precauciones había que observar con esa persona. Enterada de que había gente mirando, la Policía solía ser más cuidadosa de los derechos de estos detenidos.
Más tarde Peyrabue desarrolló un modelo de intervención, y para aplicarlo creó el Grupo de Cavia. La valoración de esa experiencia la llevó al comité ejecutivo de la Internacional Harm Reduction Association, organización dedicada a impulsar la estrategia de reducción de daños, que en nuestro país empezaría a tomar fuerza a partir de la llegada de Leonardo Costa a la Junta Nacional de Drogas. Ahora sigue trabajando en la clínica y es asesora de la Comisión de Trabajo sobre Drogas del msp.
Empezando por los efectos no deseados, la doctora observó la existencia de personas que "por su constitución psíquica" deberían abstenerse. El cáñamo no produciría la esquizofrenia, pues si así fuese la expansión de su hinchada debería haber aumentado la presencia de la enfermedad. "Lo que sí puede hacer –puntualizó, sin embargo– es activarla precozmente. Por eso cuanto más temprano sea su consumo más riesgos acarrea."
Según la especialista, los ataques de pánico o "malos viajes" dependen de la estructura de la personalidad y –como con toda sustancia capaz de alterar la percepción o el ánimo– del estado previo del sujeto y la situación que lo rodea. Quien está deprimido, si fuma probablemente profundice su bajón; y ahora que es poco probable que un policía detenga a alguien por hacerlo, es probable que haya menos vuelos paranoicos.
Según Peyrabue las mezclas no son buenas. El "bazoco", mezcla de pasta base con marihuana, no es algo que alguien debiera meterse en los pulmones. Los consumidores de pasta lo arman para compensar la "rigidez" y la ansiedad que les provoca el derivado cocaínico. Sin embargo así potencian los efectos cardiovasculares de ambas sustancias: la marihuana aumenta la frecuencia cardíaca pero no da palpitaciones. La cocaína aumenta la velocidad y la fuerza de los movimientos cardíacos.
Solita nomás, la marihuana altera la percepción de distancias y tiempos, así que no habría que manejar bajo sus efectos. Probablemente haya que insistir mucho en esto pues en general el fumador no nota esta alteración con la claridad que lo advierte el alcoholizado.
El hecho de consumirla mediante combustión plantea problemas similares a los del tabaco. Sus humos son casi idénticos y hay sustancias cancerígenas en los dos. La bronquitis crónica acompaña a los usuarios sistemáticos de ambos productos. La enfermedad pulmonar obstructiva crónica (epoc) es esperable aproximadamente a los diez años de instalada la bronquitis, y hay que parar. El uso de la pipa de agua disminuiría este riesgo y el de vaporizadores podría anularlo.
Además, como sucede con casi todo placer, si se exageran las dosis la persona podría empezar a disminuir su interés por el mundo. Según Peyrabue estos problemas son mucho más probables cuando las dosis consumidas son superiores a un gramo diario.
Hay controversias que no están dilucidadas. La marihuana podría influir sobre el sistema inmunológico, y –sobre todo– existe un número importante de estudios que indican que podría afectar el desarrollo del material genético, por lo que la especialista prefiere aconsejar a las parejas que decidan procrear que interrumpan el consumo seis meses antes del embarazo y también que lo suspendan durante el mismo, puesto que –en menor medida que el alcohol– tiene efectos negativos sobre el feto.
VALIOSA MEDICINA. Por suerte parar no es difícil. "De las drogas de abuso es la que menos potencial adictivo tiene", aseguró Peyrabue. De cada cien consumidores sólo entre seis y ocho se vuelven adictos. En los casos del alcohol y la cocaína esto ocurriría con más de la quinta parte de los consumidores. El martes pasado el diputado de Aire Fresco (Partido Nacional) Gerardo Amarilla alegó en El Espectador haber recibido números distintos del Hospital del Clínicas: la marihuana tendría una potencialidad adictiva del 40 por ciento contra un 10 para el alcohol.
"Integré la Cátedra de Toxicología de ese hospital y no estoy enterada de que estos números hayan cambiado", replicó Peyrabue, sosteniendo además que el componente orgánico de la adicción al alcohol es mucho más importante que el de la marihuana. Alguno hay –asegura–, porque durante la abstinencia los consumidores inveterados declaran sentir dolores de cabeza, aumento de la irritabilidad y disminución del apetito.
Por lo tanto los tratamientos médicos que se valen de la marihuana la usan por ejemplo como relajante muscular, mejorando la vida de personas con esclerosis múltiple o artitis reumatoidea. También potentes migrañas crónicas han cedido ante su uso y funciona como estimulante del apetito en casos de anorexia nerviosa. Es un antiemético muy eficaz para las personas que transitan una quimioterapia.
En realidad el cáñamo se usa con fines medicinales desde hace casi 5 mil años. En la farmacopea que el emperador chino Sheng Nung escribió en el año 2727 antes de la era cristiana se lo recomendaba para el tratamiento de dolores y desórdenes de la memoria. Galeno lo prescribía para casos similares pero advertía que su abuso daba lugar a conversaciones sin sentido. "El cáñamo de la India administrado en forma pura y cuidadosamente es una de las medicinas más valiosas disponibles", escribió en 1890 J Russell Reynolds, médico de la reina Victoria. El prohibicionismo posterior complicó nuevos desarrollos.**
"Poder desarrollar nuevos medicamentos a partir de las propiedades de la marihuana sería una de las ventajas de la legalización", sostuvo Peyrabue. Pero para la especialista "la legalización está llamada a disminuir los daños fundamentalmente porque permitiría informar bien, que es la primera obligación del médico con su paciente. Acompañarlo, asesorándolo para que gestione los riesgos del mejor modo posible. Por informar, más de una vez se pretendió tipificar mi conducta como la que el artículo 35 de la ley define como asistencia al consumo. ¿Qué médico dirá lo necesario bajo esa amenaza?". n
* "Bioquímica de la adicción a cannabis", disponible en www.sebbm.com, y "Marihuana, endocannabinoides y sus receptores", en www.quimicaviva.qb.fcen.uba.ar
** "Aspectos farmacognósticos del cannabis", en Aporte universitario al debate nacional sobre drogas, csic, Udelar, Montevideo, 2012.
Como en botica: que sí, que no, de acá y allá
El Gabinete de Seguridad encomendó a los subsecretarios de los ministerios que lo integran (Mides, msp, Interior, Defensa) el seguimiento de los anuncios del 20 de junio, preparando insumos para el debate parlamentario y para el propio Poder Ejecutivo.
El ministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro, fue uno de los promotores de la iniciativa sobre la marihuana. Su principal argumento público fue sugerir la necesidad de recortar el poder en expansión de los cárteles de droga caribeños en Uruguay. El vice de Salud Pública, Leonel Briozzo, mencionó que en el imaginario público, injustificadamente, violencia y drogas van de la mano. Para revertir esa idea, cree, es necesario que el msp garantice la promoción de salud en los usuarios de drogas, buscando "racionalizar" el consumo de marihuana. El golpe de timón podría abrir las puertas a los usuarios del sistema de salud trabajando en políticas de prevención de riesgos y daños, ilustrando al usuario sobre las opciones de consumo menos riesgosas para su salud.
El subsecretario del Interior, Jorge Vázquez, opinó que no le parece momento para regular la producción y distribución de marihuana, dijo esperar argumentos "científicos" que lo convenzan. El embajador de Uruguay ante la oea, Milton Romani, señaló que el país no quiere contradecir ni entrar en conflicto con los tratados internacionales sobre drogas. Estos acuerdos prevén reservas, como la que aplican España, Holanda, Canadá, Estados Unidos y Portugal. "Queremos avanzar en un debate, escuchar, pero también, soberanamente, instalar algunas medidas de regulación de mercados de drogas", dijo al diario El País.
Sin que todavía se conozca mucho del proyecto, el ruso Raymond Yans, presidente de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, creada por las Naciones Unidas, dijo a la agencia efe: "No quiero amenazar a nadie"; pero lo hizo: Uruguay podría enfrentar "consecuencias de largo alcance para el comercio". Para este señor la marihuana no es una droga blanda, es una "ruleta rusa".
Las repercusiones a nivel internacional fueron incontables. Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, criticó la propuesta uruguaya. Un representante de otro país con larga tradición de narcotráfico latinoamericano, Paraguay, también planteó su queja. Diarios de todo el mundo volvieron a colocar a Uruguay en sus páginas, entre ellos la revista Life y The Economist. Mario Vargas Llosa batió palmas. "Hay que aplaudir la valerosa decisión del gobierno de Uruguay y de su presidente, José Mujica, de proponer al Parlamento una ley legalizando el cultivo y la venta de cannabis", escribió en El País de Madrid, publicación que ponía punto final a su página editorial del 25 de junio sentenciando que "la única manera" de combatir la corrupción y el tráfico "es empezar por tocar la marihuana, aunque queme. Mujica se ha atrevido. Ojala le vaya bien". n