El arte de la lentitud

Tai chi chuan

La práctica de este arte marcial gana adeptos que buscan a través de formas o secuencias de movimientos lentos la armonía que les niega la vida cotidiana. A fines de abril se celebró el Día Mundial del Tai Chi Chuan, que en Montevideo se conmemoró junto al monumento a Buda en el parque Rodó.

 

“Empecé a practicar tai chi porque estaba buscando una respuesta en una época muy difícil”, explica Roque Severino, director de la Sociedad Brasileña de Tai Chi Chuan y Cultura Oriental, en San Pablo. “Nací en medio de la revolución de 1955 y me fui del país a mediados de la década del 70 buscando respuestas a lo que sucedía.” Vivía en Argentina y echó anclas en Brasil. Casi cuatro décadas después dictó en Montevideo el Primer Seminario Internacional en el Cono Sur de Tai Chi Chuan, entre el 12 y el 14 de abril, invitado por una de las escuelas locales.
“Cuando enfrentaba la situación económica y social que se vivía en los años setenta, en la que comprábamos lechugas por hoja, por la inflación, me empecé a preguntar qué hacíamos en el mundo, si vinimos para ser esclavos, pasar hambre y morir”, reflexiona en uno de los descansos de la práctica en la que participan casi cuarenta discípulos. “El tai chi rescató mi vida y mi salud, porque tenía problemas respiratorios graves. Además le dio una salida a mi crisis y una explicación a mi vida.”
Al parecer, el camino de Roque y de su compañera, María Ángela Soci, con quien codirige la asociación paulista, es el que han seguido cientos de personas en Uruguay, y hasta 50 mil en Brasil: la búsqueda de respuestas ante una crisis que es mucho más que económica, y que abarca desde los sentimientos de ansiedad e inseguridad hasta la autoestima y el propio sentido de la vida.
Roque practica tai chi desde 1967 y budismo desde 1975. Desarrolló junto a su perfil de instructor el de escritor, a través de numerosos artículos y tres libros publicados en Brasil, que además incursionan en la filosofía oriental. Su más reciente publicación se titula El I Ching: un abordaje psicológico y espiritual.*
ARTE MARCIAL Y MEDITACIÓN. “Tai chi es un concepto filosófico chino y chuan es una forma de boxeo, o sea estamos ante un sistema de boxeo basado en una filosofía influenciada por tres corrientes de pensamiento: el taoísmo, las ideas de Confucio y, más tarde, a partir del siglo I de nuestra era, el budismo”, explica Roque, que destaca la importancia de no separar lo físico y lo espiritual.
A esas tres corrientes de pensamiento, Roque agrega el Libro de las mutaciones (I Ching), un clásico escrito hacia 1.200 antes de nuestra era por desconocidos autores taoístas que se ha convertido en texto de consulta (para algunos una suerte de oráculo) de muchas personas que buscan respuestas diferentes a las que ofrece la cultura hegemónica.
La búsqueda de la armonía interior y con el medio es uno de los ejes de este modo de estar en el mundo. El camino, en sintonía con buena parte de las culturas de la antigüedad, es el autoconocimiento, y éste se persigue a través de la meditación, un aporte particular de Oriente. “Estamos ante un arte marcial –recuerda Roque–, o sea ante un modo de afrontar el conflicto. Si vos estás en paz contigo mismo el conflicto no te afecta. En la cultura oriental la paz interior permite eludir el conflicto y trata de convencer al otro de que lo mejor es estar en paz.”
La peculiaridad del tai chi es que armoniza a través del movimiento. “Es una meditación en movimiento, porque la meditación está asociada al estar atento, concentrado pero a la vez relajado. El punto de partida consiste en adquirir una postura corporal más derecha, enderezar o estirar la columna porque eso hace que las energías circulen por los meridianos y eso te permite experimentar relajamiento y serenidad.”
Consultado sobre las razones de la lentitud de movimientos, que es la primera impresión que recibe quien observa las prácticas, Roque aduce que se debe a la influencia del budismo: “A través del movimiento lento la persona se observa, la lentitud te lleva a la meditación y es el antídoto contra la ansiedad y la depresión. Por eso cuando alguien viene a hacer tai chi como un pasatiempo lo deja pronto. El movimiento lento, el caminar lento, te permite mirarte hacia adentro y eso trabaja sobre aquello que te crea la ansiedad, que es precisamente la velocidad, y esa velocidad te cansa muy rápido”.
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