La arqueología como pretexto
- Última actualización en 16 Mayo 2013
- Escrito por: Salvador Neves
Sobre la renuncia del coordinador de Museología
La fotografía que acompaña a esta nota es de un antropolito similar a algún otro hallado por estos lares. Más corriente ha sido el hallazgo de piezas de similar confección pero con forma de animal. Los arqueólogos suelen atribuirlos a la tradición sambaquí, una cultura que habría habitado el sudeste del actual Brasil hace más de dos mil años. El cuenco labrado en el centro de la figura, y que también presentan sus similares zoomórficos, habría tenido por fin depositar polvos narcóticos que se consumían en el marco de rituales religiosos, práctica documentada entre otras comunidades indígenas del continente. En general se sostiene que estas figuras no fueron confeccionadas en esta banda sino que llegaron a ella como resultado de intercambios entre aquellos pueblos.
El asunto es que está en cuestión la autenticidad de la figura de la foto así como de otros cinco zoolitos en poder del Museo de Arte Precolombino e Indígena (mapi). Un peritaje ordenado por el museo en 2006 y que realizaron los arqueólogos Roberto Bracco, Juan Schobinger y André Prous, no fue concluyente. En realidad es bastante raro que este tipo de estudios culminen en pronunciamientos rotundos. En este caso los arqueólogos consideraron que cuatro de los seis artefactos tenían alta probabilidad de ser auténticos, y expresaron opiniones más matizadas respecto de los otros dos.
Por otra parte no existe acuerdo sobre qué deben hacer los museos ante las piezas dudosas. Hay quien dice que lo mejor es no exhibirlas, para no crear una imagen del pasado deformada por eventuales falsificaciones. Hay quien sostiene que lo que debe hacerse es mostrarlas y declarar al mismo tiempo las dudas sobre la calidad de las mismas, pues de este modo se lograría que el público comprendiera la precariedad de nuestros conocimientos, el carácter polémico e incompleto de las afirmaciones científicas, pues como señala el físico Jorge Wagensberg en la entrevista que esta nota acompaña: “Lo peor que se le puede decir a un ciudadano es que llega tarde para la fiesta y que está todo hecho. Sobre todo a un adolescente, ya no vuelve nunca más”.
Esta última posición es la que sostienen las autoridades del mapi, por lo que han continuado exhibiendo las piezas discutidas con las advertencias del caso.
El arqueólogo Antonio Lezama señaló a Brecha que “si hay una etiqueta encima que explicita la posible falsificación el asunto está más que cubierto”. Le parece “exagerada” la idea de que se estaría brindando una imagen deformada del pasado, pues “los falsificadores intentan hacer algo verosímil; no estamos hablando de exhibir un reloj de arena”. “Se me ocurre que un cartel didáctico explicando las dudas existentes, e incluso los problemas relacionados con las falsificaciones, agregaría valor al conjunto”, sostuvo a su turno Diego Bracco, antropólogo y arqueólogo de profusa obra sobre nuestro pasado indígena... PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.

