Brecha Digital

“Callarse y seguir jugando”

Al día siguiente de enterarse que no iba a ser el abanderado de Uruguay en los Juegos Olímpicos de Londres, el salteño hizo tres de los seis goles con los que la celeste se impuso a la roja de Chile. Un colaborador llegado de Lausana, Suiza, compuso con las voces de Suárez, Coates y Tabárez este retrato del temperamento de un jugador a quien por más de una razón habría que calificar como "de categoría".

"Cuando tenía 7 años soñaba con ser jugador de fútbol. Miraba el equipo del que soy hincha, Nacional, y me decía 'algún día voy a estar ahí'", confiesa Suárez. Le llevó algún tiempo descubrir que no iba a ser tan fácil. En su vida nada lo era: "En mi familia siempre tuvimos lo justo y necesario", recuerda. "Nunca tuve la oportunidad de darme ningún lujo; y bueno, si no me paso de la línea es porque sé que sufrí bastante." Valora el esfuerzo que lo llevó hasta donde está y a veces hasta se descubre pensando que es un gran jugador. Entonces se recuerda que "en realidad sos uno más", alguien que "tiene que trabajar mucho si quiere seguir creciendo".

—Usted no es el único futbolista de su familia...

—Mi hermano más grande, Paulo, juega en El Salvador. Lo admiro porque de él aprendí muchas cosas. Uno siempre aprende de las personas mayores. Después tengo dos hermanos más chicos que todavía tienen la esperanza de ser futbolistas. Y dos hermanas que tienen su trabajo y su familia. Cuando niños, el mejor de los cuatro era Maxi, que tiene un año menos que yo y lo subían a jugar a mi categoría. Era hincha de Peñarol. Íbamos a jugar a todos lados juntos, los dos teniendo la ilusión de llegar a primera.

—¿Cuando tenía, pongamos, 10 años se imaginaba una vida como la que tiene ahora?

—La verdad que no me imaginé que fuesen a prohibirte tantas cosas. Uno siempre soñó con ser una estrella mundial. Pero creo que uno tiene que tener su privacidad, como una persona normal. Me encantaría poder ir a la panadería o al supermercado y estar media hora tranquilo, y si después tengo que estar una hora firmando autógrafos, no hay ningún problema. Pero hoy en día no puedo porque me siento cohibido.

—¿Le ha pasado lo mismo en Holanda o en Inglaterra?

—No, no. Sólo en Uruguay, por la euforia que tiene la gente. Y es respetable. Cuando tenía 11 años y veía al Chino Recoba o a Francéscoli, me les tiraba arriba. Pero ahora te ponés en esta posición y no es fácil.

—Hay momentos en que la atención del mundo entero está puesta en un jugador determinado. En su caso, se ha dado esa contienda con Patrice Evra, del Manchester United, que lo acusó de actitudes racistas en su contra. Sé que han pasado meses, pero ¿cómo lo vivió?

—Se han dicho muchas cosas. Ha hablado gente que no tenía que hablar, otros que conocían la situación..., y bueno, que hayan hablado el primer ministro inglés y el presidente de Uruguay significa, obviamente, que el caso pegó. Pero a lo que ha dicho la prensa de Inglaterra no le doy importancia. Porque sé cómo es, que busca polémica. Así, trataba de no mirar, no escuchar... No me interesaba lo que decían porque el que había vivido la situación y el que pasó momentos complicados fui yo.

—¿Cuál es su versión de lo sucedido?

—Mire, fueron momentos complicados, duros, que a uno no le hubiese gustado pasar, y que habrían sido peores si no hubiera sido por mi familia, por mi señora y mi hija y por Sebastián Coates y su novia, que también estuvieron mucho con nosotros. Y ni que hablar de que en esos momentos me di cuenta de quiénes estaban sólo por interés. No me gustaría volver a entrar en detalles porque ya se habló mucho y lo mejor es olvidar.

—Se puede dar vuelta la página pero después de estudiarla bien... ¿No hay nada que se reproche sobre este caso?

—Conmigo mismo no tengo ningún reproche. Mi conciencia está muy tranquila porque en ningún momento hubo una prueba, ni siquiera en el juicio. Ninguna acusación que me pusiera nervioso, al contrario. Me pareció raro, porque no vi nada como para que se me acusara de la forma en que se me acusó; y no sé qué fue lo que declaró Evra. Tenía que respetar, quedarme callado, porque siempre hay que tener cuidado con las palabras que decís.

—Pero cuando uno vive una injusticia o siente que ha cometido un error, es bueno que le den la palabra, y a veces da la impresión de que un futbolista puede ser juzgado por los medios sin que se le respeten los derechos que tiene cualquier acusado. Por eso insisto en tener sus palabras sobre aquellos hechos.

—Es que no puedo hablar en detalle de lo que pasó. Porque son momentos que uno vive... Son cosas que pasan adentro de la cancha. Creo que si los jugadores hiciésemos caso de lo que nos dicen adentro de la cancha nos pasaríamos toda la vida haciendo denuncias. Acá nadie habló de discriminar, por eso mi conciencia estaba muy tranquila. Tampoco me iba a poner nervioso porque me fueran a sancionar por más partidos porque hubiera dicho algo. Al contrario, las imágenes dicen más que mil palabras, y en las imágenes no se vio nada en ningún momento. Eso era lo que más me dolía.

—¿No hay ninguna grabación?

—No hay nada. Ni de voz, ni que se me lean los labios, ni nada de lo que el otro jugador haya dicho y... por eso, era lo que más dolía.

—Después de la suspensión por ocho partidos usted retornó, casualmente, jugando otra vez contra el Manchester. ¿Cómo recuerda el episodio del saludo? Eso sí que está grabado.

—Está grabado, y estuvo hasta ensayado parece, como dijo un compañero mío, porque yo ya había hablado con el club de que iba a darle la mano a Evra. El problema ya era algo pasado y yo no tenía ganas de seguir generando polémica. Y las imágenes dicen todo: cuando él le da la mano a todos los jugadores deja la mano siempre arriba, se la dio también al jugador que estaba delante de mí y luego la bajó porque sabía que venía yo. Y yo, cuando veo que no me va a dar la mano, sigo de largo. Después me quiso dejar mal a mí.* Pero todo salió en beneficio del Manchester United, porque en Inglaterra obviamente no se lo puede tocar. Y otra vez se volvieron a decir cosas, aunque mucha gente se dio cuenta de lo que pasó.

—No debe ser fácil seguir haciendo bien su trabajo cuando se está en la mira de todo el mundo. ¿Se puede olvidar eso cuando se juega?

—Se puede olvidar porque la conciencia está tranquila. La vez que, en el Ajax de Amsterdam, mordí a un jugador en el hombro, en el cuello, no me gustó la actitud que tuve. Cuando me suspendieron en Inglaterra por lo del dedo, también lo acepté. Pero cuando te acusan sin saber, sin imágenes, sin nada, eso duele. Sin embargo yo seguí haciendo mi trabajo. A mí el cuerpo técnico del Liverpool, los compañeros, la familia, todos me apoyaban, me entendían, y por eso estaba más que tranquilo.

—¿Usted pudo hablar con el jugador afectado en el caso de la mordida?

—Sí, hablé con él mediante un compañero de su equipo; le pedí perdón porque había sido un momento de calentura. Lo aceptó. Me dijo que eran cosas del partido, que no pasaba nada. Con lo del dedo también; hice llegar mi disculpa a la hinchada a través del entrenador del Fulham y lo aceptaron sin ningún problema. Pero por lo que pasó con el jugador del Manchester en ningún momento salí a pedir perdón, porque en ningún momento sentí que me hubiese equivocado.

—Me parece que estamos en el corazón de ese mundo que es el fútbol, un juego con muchas reglas de no-contacto pero donde suele haber contactos bastante duros.

—Sí, creo que el fútbol es algo muy raro. A veces tienes actitudes que te hacen decir: "Pero si yo no soy así". El fútbol te hace pasar momentos muy complicados... Es raro. Mi señora dice: "Nada que ver, lo que sos dentro de la cancha y afuera". Pero es normal en el fútbol. Como en el caso del jugador del Manchester, supuestamente donde empieza todo. Él me vino a recriminar que le hubiera pegado una patada. Él, que jugaba de lateral. ¿Qué hubiera tenido que hacer yo, siendo delantero? ¿Me tenía que poner a hablar con todo el equipo para que no me pegaran más? Son cosas del fútbol, hay que callarse la boca y seguir jugando.

—Vayamos ahora a algo más grato: el Mundial de Sudáfrica...

—Hace un par de semanas vimos la película 3 millones. Impresionante. Era como revivir el Mundial. Hay momentos en que se te eriza la piel, en que Jaime Roos dice cosas de la forma que lo vivió uno... ¡La vería muchas veces!

—Si tuviera que elegir uno o dos recuerdos clave, ¿cuáles serían?

—Como jugador, me acuerdo de los goles contra Corea y de la clasificación contra Ghana. Si no hubiera metido la mano era gol, y Uruguay estaba afuera. Son reflejos, intuiciones que te salen en el momento.

—Hay gente que le reprocha eso.

—Es lo que voy a seguir diciendo siempre: otra cosa es que vayas solo a hacer un gol o que yo pegue una patada de atrás, capaz que lastimando al jugador, y que sea penal... Intenté evitar un gol con la mano y el juez hizo lo correcto: me expulsó y pitó penal. El que erró el penal no fui yo, ¡fue el jugador de Ghana!

—Ahora se están preparando para los Juegos Olímpicos y usted será uno de los 29 uruguayos que desfilarán en la apertura.

—Obviamente que estar en el desfile es algo único. Si yo hubiera sido elegido como abanderado, habría sido lo máximo para mí, pero estoy más que contento de que haya sido designado un atleta que participa en los Juegos por tercera vez. Compartir esa experiencia con gente, tanto joven como mayor, de mi país y de todo el mundo va a ser algo que vamos a disfrutar mucho. n

* Alusión a la actitud que tuvo Patrice Evra al final de dicho partido, cuando vino hacia Suárez riéndose y esa vez tendiéndole la mano en forma provocativa.

Con Sebastián Coates, amigo y testigo

Ni Luis lo sabe

"Participar en los Juegos Olímpicos junto con Luis es algo que no imaginaba cuando en agosto del año pasado, con 19 años, llegué a Europa. Creo que la satisfacción es doble, porque compartí todo un año con él, apoyándonos mutuamente.

A mí y a mi familia nos tocó apoyarlo cuando pasó lo que le pasó. Fue un momento difícil tanto para él como para su familia, y para todos los que lo conocemos, que sabemos que no tuvo ninguna intención racista y que él no es así. Lo que a mí más me molestó fue que, al no tener ninguna prueba concreta de que Luis hubiese hecho o dicho algo, confiaron en la palabra de Evra y desconfiaron de la de Luis.

A veces es complicado, más por las cosas que pueden pasar después de este asunto. Porque cualquiera puede malentender una palabra y acusarte de cosas que capaz nunca dijiste. Yo creo que, aparte de lo futbolístico, mancharon lo que es Luis Suárez como persona, tildándolo de racista, sacando las cosas de su contexto. Además, nunca hubo una explicación fidedigna de lo que pasó en el campo de juego. Ni Luis lo sabe, y hasta ahora sigue siendo una incógnita para todos." n

El juicio del maestro

Garra y humildad

Óscar Washington Tabárez comenzó recordando al Suárez de 2006, cuando el salteño integraba la selección sub 20: "Siempre me pareció un jugador de un potencial grande, que cada vez que tuvo un desafío lo fue enfrentando y superando. Pasó a la selección mayor rápidamente. El primero de los goles que nos llevaron al Mundial lo hizo él, aquí en Montevideo, contra Bolivia. Ya estaba en el fútbol europeo, en Holanda. Llegó a ser un goleador mundial y capitán del Ajax, cosa a la que le doy mucha importancia".

Respecto del incidente de la pasada temporada que motivó la sanción de la federación inglesa de fútbol, el maestro Tabárez mantiene su postura de no hacer comentarios. "Me parece que lo mejor no es enterrarlo ni olvidarlo, pero sí dar vuelta la página. Luis es testigo de que cuando tocamos el tema con él simplemente le dijimos que nos interesaban dos cosas: primero su persona, de la que no teníamos la más mínima duda y que siempre iba a merecer todo nuestro apoyo, y el otro aspecto era Luis Suárez como integrante de la selección nacional de Uruguay. El papel que tiene que cumplir Luis es dedicarse a jugar al fútbol y aprovechar si es posible la experiencia, porque de las negativas también se aprende. Ahora, tiene también que prepararse para las cosas que puedan suceder en el futuro en base a ese incidente. Es decir, tener en cuenta que el público, los rivales y los árbitros no lo ven de la misma manera que antes del incidente. Por eso, lo único que puede hacer es poner más énfasis aun en jugar y comportarse correctamente, como creo que es lo común en él."

En cuanto a las capacidades de Suárez, el entrenador de la selección nacional y del equipo olímpico recalca: "Cuando Luis empezó en la sub 20 no era titular indiscutido. Muchos aficionados decían que perdía muchos balones. Pero siempre tomaba la iniciativa; buscaba las situaciones de uno contra uno. Quizás perdía muchos balones porque recién estaba recogiendo experiencia. Pero lo que no perdía nunca de vista era su concepto de lo que debía hacer: ser directo, encarar, asumir el desafío. En la medida en que ganase experiencia cada vez iba a tener más efectividad. Y fue así. Entonces, ese concepto que él tiene, su manera de entender el deporte, lo hace tener determinado nivel de agresividad, enojarse, tener muchos contactos, a veces por circunstancias del juego que hay que comprenderlas".

Sobre el desafío que significó integrarse al fútbol europeo con apenas 20 años, Tabárez agrega: "A mí me ha sorprendido y muy gratamente. Porque llegó a unos niveles de madurez notorios también en lo que tiene que ver con el relacionamiento dentro del grupo. Eso es mérito exclusivo de Luis Suárez. Él siempre tuvo un perfil de humildad, de adaptarse, de no considerarse diferente. Y eso le ha ganado el cariño y la simpatía de todos los que trabajamos con él. Ahora se le ve acá en una selección sub 23, sabiendo que tiene un rol especial por su condición de jugador de elite, junto con otros dos compañeros de la selección mayor, pero hay que ver qué contento que está. Eso es muy bueno, como mensaje para todo el equipo".

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