Brecha Digital

El clavo que sobresale

Bullying o asedio escolar:  el caso uruguayo y el colombiano
Este artículo trata de cómo las instituciones que deberían cuidar a los jóvenes a veces se transforman en los sitios más lesivos para ellos. El 71 por ciento del hostigamiento ocurre en el caos del aula, frente a los maestros. A pesar de eso, la persona a la que menos recurren a la hora de pedir ayuda es al docente. Un poco más lejos, en Colombia, la escuela ocupa el sexto puesto en la escala de sitios más peligrosos, mientras que la cárcel ocupa el octavo.

“Los chicos que sufren bullying sienten que ir cada día a la escuela es como ir a un campo de concentración”, explicó a Brecha la psicóloga Silvana Giachero, presidenta del Primer Congreso Internacional de Mobbing y Bullying en nuestro país.* Según los especialistas reunidos la semana pasada para analizar el tema, lo más importante es medir, sensibilizar y capacitar para hacer que el fenómeno se haga visible. 

Es necesario poner límites y “restablecer la autoridad de los maestros en las aulas, ya que el bullying crece en los grupos donde reina el caos”, explica la psicóloga, y agrega: “Hay que pararlo a tiempo porque una vez que el proceso se desata es imposible revertirlo. La víctima sale siempre dañada y se instala en el grupo la impunidad del hostigador: ‘Hay que matar a otros antes que me maten a mí’, como la ley de la selva”.
Según la psicóloga, los acosados en la escuela sufren de estrés postraumático, y si estas secuelas no se revierten, en la edad adulta sufrirán de agorafobia, trastornos de ansiedad, crisis de pánico o cambios permanentes en la personalidad. Además, un 60 por ciento de los hostigadores escolares, según las encuestas del barómetro Cisneros 2012 en España, delinquen antes de los 24 años.
El mito de que la víctima “algo tiene” y por lo tanto es merecedora de ese castigo está demasiado instalado. “Nuestra sociedad tiende a cuestionar a la víctima y a buscar justificativos en ella: tiene carencias, es tímido, tiene baja autoestima; pero las investigaciones mundiales lo han desmentido”, dice Giachero. Hay que sacar al niño agredido de su estado de indefensión y que quede claro que el problema es de quien hostiga, y de la institución, si es que nada hace para pararlo y sancionar al agresor.
Además, según la especialista, la uruguaya es una sociedad con mucha inequidad, con baja tolerancia a las diferencias y que busca siempre homogeneizar, donde se tiende a creer que “si un clavo sobresale, hay que martillarlo”. Así, “en un grupo de gordos, el que es flaco puede generar hostigamiento; lo mismo provoca en un grupo de niñas feas la que es linda, o en un grupo de lindas la que es fea”. El tema es que en ese grupo se tiene que dar que haya un hostigador, que los demás se mimeticen con él y se junten para asediar al “chivo expiatorio”.
Otra de las conclusiones del pasado congreso es que el niño que ha sufrido hostigamiento en su casa, en el barrio, en la escuela, después va a ser “más vulnerable a ser víctima en la pareja y en el trabajo”, porque el estrés postraumático que genera se agrava y la persona va perdiendo capacidad para defenderse y manejar estas situaciones en el futuro.

EL “MATONEO” COLOMBIANO. Roberto Sicard León, especialista colombiano,** piensa que la escuela es un escenario donde se repite la realidad que está viviendo un país, una cultura, una ciudad. “Casi que cada país tiene el bullying que merece”, dice.
Según la medicina legal de su país, los colegios ocupan el sexto puesto entre los sitios más peligrosos (el octavo son las prisiones). “Precisamente los territorios que deberían ser más protectores para un chico se vuelven los más lesivos”, piensa Sicard.
Resulta que los problemas del narcotráfico y la presencia de grupos armados en algunas zonas han llevado a que las formas de actuar de los grupos criminales se repliquen en las escuelas: los niños extorsionan, capturan las pertenencias de los otros y piden rescate por ellas, tal cual lo han aprendido de los adultos. Lo mismo sucede con la segregación o la violencia intrafamiliar que se traslada a la escuela desde los contextos marginales, dijo el especialista a Brecha.
Sicard ha participado de estudios para evaluar qué tipo de educación y qué ambientes favorecen el asedio escolar en Colombia, investigaciones que han descubierto algunas cosas novedosas. Las encuestas señalaron que “el principal agresor de los chicos es muchas veces el propio docente”: los niños consultados plantean que “suele haber más ‘matoneo’ de parte del docente que entre pares. El docente es el ‘gran amo’ que sabe qué es lo que tiene que hacer un chico que no sabe nada de la vida, y esos juegos de poder abusivos se replican en el salón de clase”.
“Lo que estamos viviendo en Colombia –dice el experto– es que no basta con capacitar, sino que hay que cambiar la cultura de la violencia social para que la escuela cambie por eco.”
En cuanto al reciente fenómeno del cyberbullying, el psicólogo explicó que cada vez que se desarrolla un nuevo espacio éste puede convertirse en un nuevo escenario para el ejercicio de la violencia típicamente humana. En cuanto a las características de este asedio virtual en Colombia, aparecen variaciones por género: las chicas son más agresivas en Internet, mientras que los varones son más directos en el cara a cara, más físicos, más de bandas o grupos que hacen daño. Las chicas son más solitarias; no agreden directamente sino que lo hacen a través de comentarios o calumnias en la red, opiniones violentas generalmente anónimas, por eso el cybergroup es el espacio adecuado para las chicas que buscan no exponerse físicamente a una lesión.
“Si mañana descubren que hay vida en Marte, pues allí habrá bullying también. Sólo hay que capacitar a las personas para que sepan cómo actuar frente al fenómeno”, remató el colombiano. 

* Realizado del 8 al 10 de mayo y organizado por la Asociación Contra el Acoso Moral Laboral en Uruguay.
** Psicólogo jurídico y forense, especializado en violencia y escuela. Sus investigaciones: El niño expuesto. Abordaje, evaluación y tratamiento y El acoso como estrategia. Cuando la sociedad, la familia y la escuela ejercen la violencia. Es presidente de la Unidad de Psicología Jurídica y Forense del Colegio Colombiano de Psicólogos.

Guerra en el aula
Una de las pocas encuestas –por no decir la única– sobre el bullying en los centros educativos uruguayos se hizo durante los años 2010 y 2011.* Los consultados fueron jóvenes de segundo año de liceo: 203 cuestionarios fueron completados por estudiantes de centros públicos de “contexto socioeconómico bajo” (zona oeste y La Unión) y 333 por estudiantes de centros privados de “contexto socioeconómico medio y alto” (Prado y Carrasco).
Los resultados: en las zonas de contexto medio-alto, 45 por ciento sufrieron acoso y 57 por ciento participaron como acosadores, mientras que en los niveles socioeconómicos más bajos el 42 por ciento ha sido acosado y el 53 ha hostigado. En todos los casos prevalece la violencia psicológica a la física. El ataque verbal es más habitual en los niveles más altos.
El 71 por ciento del hostigamiento lo sufren en el aula, frente a los maestros, más que en los pasillos o el patio. Y aunque la mayoría de las agresiones tienen lugar en el caos del aula, la persona a la que apelan menos frecuentemente es al profesor (entre los que piden ayuda, sólo un 7 por ciento recurre a su docente).
En ambos contextos socioeconómicos, la mitad de los agresores lo hace “sin ningún motivo en particular”, otros “en represalia” (cerca del 30 por ciento). Frente a la pregunta “¿Por qué creés que te agreden?”, 82 por ciento de las víctimas puede elaborar una explicación de por qué lo eligieron a él: 30 por ciento cree que los señalan por ser diferentes (“para impresionar al resto”, “se creen superiores”, “por mi aspecto”, “porque no me conocen bien”), y un 28 por ciento considera que son agredidos por sadismo (“para molestar”, “por diversión”, “porque soy tímido”). 

* Acoso escolar en instituciones educativas de Montevideo en diferentes contextos socioeconómicos. Lozano, Otero y Salas (2011), y Lozano, Dovat y Salas (2010). Universidad de Montevideo.

 

 

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