Brecha Digital

Nombrando en feminista

Con Marcela Lagarde*
Con el término feminicidio le puso nombre a los asesinatos sistemáticos perpetrados a las mujeres en su país y en otras partes del continente. Esta antropóloga mexicana, ex diputada por el prd y eterna militante de izquierda, se ha consagrado como una de las feministas más influyentes de América Latina.

 

“México es conocido por los mariachis, las telenovelas más ramplonas y el feminicidio”, afirma con su voz ronca Marcela Lagarde. Su lucha por conocer a fondo las razones de la violencia extrema contra las mujeres en el país azteca llevó a que se supiera que era un problema de toda una nación y no sólo de Ciudad Juárez, lugar que se ha dado a conocer al mundo por este flagelo. Tras una rigurosa investigación sobre el tema y mientras ocupaba un asiento de la Cámara de Diputados por el Partido de la Revolución Democrática (prd) hace dos legislaturas, Lagarde impulsó la ley general de acceso de las mujeres a una vida libre de violencia. Feminista hasta la médula, ha teorizado sobre temas como el amor, la soledad y los vínculos entre mujeres, en los que señala imprescindible la “sororidad”, que define como un compromiso político entre mujeres para defender los intereses de género. “El feminismo en un idioma. Nosotras hablamos en feminismo, vamos nombrando el mundo en feminista”, dice a sus congéneres y compañeras de ideas en la conferencia de apertura del coloquio “Las mujeres y la política”, organizado en Montevideo por Cotidiano Mujer, encuentro en el que recibe a Brecha para la entrevista.

—Usted creó el neologismo “feminicidio”, ¿podría explicar el concepto?
—Es la violencia extrema contra mujeres y está basada en la desigualdad entre mujeres y hombres. Los grupos de mujeres de Ciudad Juárez estaban muy preocupados porque había habido un incremento de crímenes contra mujeres. Lo notaban por la prensa. Luego se organizaron los familiares, surgieron ong, muchas cosas más que han dado la vuelta al mundo, pero en aquella época (en el 94, 95) me llamaron para que como antropóloga explicara por qué los hombres matan a las mujeres. Eso me hizo meterme a investigar y encontré el libro de Diana Russell y Jilled Radford El feminicidio, la política del asesinato de las mujeres, en el que se recogen crímenes de muy diverso tipo contra mujeres en diez países. Había uno en Canadá, “el crimen de Ottawa”: el asesino mató a ocho enfermeras que vivían en un apartamento y en las paredes pintó con sangre la palabra “Puta”, también hablaban de otros que eran crímenes lesbofóbicos, otros a niñas... Me interesó mucho porque en Ciudad Juárez lo que circulaba era un conjunto de hipótesis sin investigación real. Yo agregué a la definición de estas autoras lo que sucede en México, diciendo que pasa en un ambiente de enorme tolerancia social a la violencia contra las mujeres y de impunidad por parte del Estado; de lo contrario no se pueden explicar tantos crímenes.
—Elena Poniatowska, por ejemplo, señala las dificultades de saber qué es lo que ocurre allí, de investigar realmente...
—Todo el mundo se ha metido en Juárez, todo el mundo sabe qué pasa en Juárez y nadie sabe. Hay hipótesis, películas, de todo. Hay una hipótesis que dice que los crímenes son cometidos por narcos, otros consideran que desde los narcos se articula con el surgimiento de las maquilas en Ciudad Juárez, que son obreras pobres poco organizadas que trabajan en condiciones muy desarraigadas... Cuando fui diputada se logró investigar las condiciones que hay para que ocurran esos crímenes.
—¿A qué conclusión llegó?
—Yo tenía una hipótesis: que no era posible que sólo hubiera feminicidio en Juárez, me parecía raro que sólo ahí existiera, cuando hay una enorme violencia contra las mujeres en todo el país, de todo tipo y modalidad. Se hizo una investigación con diez expertas en violencia basada en género y se escogieron lugares del norte y el sur, lugares de extrema pobreza, con alta población indígena, lugares gobernados por distintos partidos políticos, donde hubiera narcos y donde no hubiera narcos evidentes, de alta industrialización... Encontramos que el feminicidio tiene territorios. El feminicidio no se contagia, surge a partir de condiciones locales. Eso es lo que tenemos que entender.
—¿Cuáles son esas condiciones?
—Una múltiple concentración de factores que ponen en riesgo a determinadas mujeres, no a todas. En Juárez se trafica con todo: con dólares, con personas (sobre todo mujeres jóvenes para la explotación sexual), con coches, drogas. Ese tráfico es manejado por narcos y mafias. Eso genera una convivencia social donde prevalece la violencia; la cultura machista ahí es muy fuerte. Pero además hicimos un mapeo para ubicar los lugares en los que aparecían las mujeres asesinadas, y fue interesante ver que existe un municipio en donde hay mujeres asesinadas, pero no en toda Juárez, en algunas colonias, en otras no.
Encontramos también que Juárez estaba en el sexto lugar por sus tasas de feminicidio. El número uno se lo lleva un lugar más chiquito en la costa del Pacífico, que tiene palmeras, que nadie lo ha denunciado, pero nosotras estudiamos los datos forenses. Ahí hay un grupo narco, el cártel de Sinaloa, y existe una pobreza extrema en el campo, que es otro elemento. Entonces, las chicas muy jovencitas quedan muy frágiles. Otra cosa que descubrimos fue que la mayoría de los feminicidios se cometen por conocidos de las mujeres, por familiares, esposos, ex esposos, amantes, padrinos. El mapa es trágico porque el feminicidio es la punta del iceberg del fondo de violencia que hay contra las mujeres en México.
—¿Hasta dónde han llegado con la investigación?
—Ya sabiendo todo esto de una forma científica fue posible hacer una política de gobierno y una ley (la ley general de acceso de las mujeres a una vida libre de violencia). Luego logramos tipificar el delito de feminicidio en el Código Penal federal, y estamos recorriendo el país porque hay un código penal por cada estado, y son 32. Conseguir avanzar en cada uno depende de la correlación de fuerzas. Hay lugares donde no hay nadie que mueva esto, otros en los que el movimiento feminista tiene alguna incidencia.
—¿Cuándo supo que era feminista? {resctrict}
—Fue un proceso de varios años. Era comunista, por los años setenta en México se hizo la Primera Conferencia Mundial de las Mujeres, a la que asistieron varias compañeras. Recuerdo que me defendía de la idea de que hubiera algo separado, como nos pasa a muchas. En mi entorno había muchas feministas e hicimos un seminario dentro del Partido Comunista, y ahí todas nos volvimos feministas. Fuimos autodidactas.
—Según su experiencia como diputada por el prd, ¿cómo se articula la izquierda con la agenda feminista?
—Es complejísima y es una necesidad. Los orígenes del feminismo están a la izquierda, hay feminismo anarquista, comunista, socialista... hay una relación histórica entre feminismo e izquierda, y no se pueden separar.
—¿Qué pasa cuando hay contradicciones entre los partidos de izquierda y las luchas feministas? Por ejemplo, cuando un presidente de izquierda veta la despenalización del aborto, como Tabaré Vázquez, mientras que los liberales, como Sanguinetti o Vargas Llosa, defienden la despenalización
—La mayoría de las militantes feministas somos de izquierda y hemos hecho muchas teorías, muchas propuestas dentro y fuera de los partidos, hemos dialogado. Siempre fui comunista. Cuando me volví feminista hicimos otro partido, el Socialista, y después un gran frente –siempre sumando más izquierda–, que fue el prd, partido que hoy gobierna la Ciudad de México. Se gobierna con muchas contradicciones; López Obrador, el segundo jefe de gobierno en el df, que ha sido candidato a la presidencia, nunca estuvo de acuerdo con el aborto, lo boicoteó porque es un hombre muy conservador. Tuvo que salir y entrar otro gobernante con ideas más progresistas. Pero hemos ido avanzando, al grado de que hace cinco años se aprobó la legislación en la que el aborto es libre y gratuito en Ciudad de México, está permitido en las primeras 12 semanas para quien lo solicite en cualquier institución pública. Hemos podido articular la agenda feminista, que ha llegado a ser parte de la agenda de gobierno. Eso es un lujo.
—¿Por qué el feminismo no ha logrado una empatía entre las mujeres más jóvenes, a pesar de los logros del movimiento en aras de los derechos de las mujeres?
—Somos víctimas de un estigma, y los estigmas son falsos, se crean sobre personas a quienes se las discrimina. Antes de que tú y yo conozcamos directamente lo que es el feminismo, se conoce el antifeminismo. A lo largo de la vida ni cuenta nos damos de la cantidad de antifeminismo que recibimos en pláticas y en los medios de comunicación. Una forma de la misoginia es el antifeminismo, ya cuando conoces al feminismo estás que no quieres saber de nada, hay una animadversión.
Las feministas hemos convertido en delito conductas normalizadas en nuestras sociedades. Hay gente que siente irritación porque las feministas consideramos que en el piropo hay violencia, por ejemplo, y dice, “ya vienen estas amargadas”. Sin embargo, somos un movimiento que participa, que está organizado, que tiene redes y que aporta muchísimo a esta sociedad. La sociedad no reconoce los aportes del feminismo como debería hacerlo.
—¿Cuál sería el motivo?
—Imagínate cuando logramos despenalizar el aborto y cuando logramos legalizar formas de aborto, quienes no están a favor de despenalizarlo lo viven como un atentado terrible impulsado por las feministas. Pues sí, lo hemos impulsado. Aquí se juegan concepciones del mundo y de la vida, orientaciones políticas. El feminismo como movimiento político está tratando de desmontar los poderes patriarcales, y luego, además, como somos de izquierda, no sólo los patriarcales, sino también los capitalistas.
—¿No hay feministas en la derecha?
—Conozco una, sí, que es mi amiga del alma. Fue diputada conmigo, recorrimos juntas el país, pertenece al partido de la derecha. Ella misma años atrás había promovido el derecho a la vida desde la concepción. Ella, que antes hizo eso, con lo que pasó en Juárez (es de Chihuahua, el estado de Juárez) se fue sensibilizando y es una feminista, ha formado un centro de estudios feminista. Tiene concepciones que no se las vas a quitar nunca, está en el partido de la derecha conservadora y reaccionaria, pero ha cambiado mucho su punto de vista. Una cosa que siempre defenderé es no poner sobre la mesa aquello que divide. Nunca discutí con ella el tema del aborto, pero sí el feminicidio, el interés por la vida de las mujeres fue un interés superlativo.
—¿Esto es lo que usted define como “sororidad”?
—Sí, aliarte para lograr avances y enfrentar la discriminación, la opresión. Es una práctica política. Dices: “Yo contigo no voy a discutir sobre esto, sino en lo que estamos de acuerdo”. Vas creando un piso de confianza. Y luego, no atacar nunca a otra mujer, no ser misógina nunca y aprender a discrepar con educación y elegancia. La sororidad en la política es imprescindible, porque si no otros intereses son los que van a jugar en primer plano y nunca terminarás aliándote por los intereses de género. 


* Invitada por Cotidano Mujer al coloquio “Mujeres y política en clave regional”{/resctrict}

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