Ni lerdos ni perezosos
- Última actualización en 17 Julio 2012
- Escrito por: Tania Ferreira
Se repite machaconamente que los adolescentes no quieren nada de la vida, no reflexionan sobre sí mismos o sobre la comunidad en la que viven, que no tienen conciencia social o no conocen sus derechos. Sin embargo los adolescentes que Brecha encontró en Atlántida construyen con naturalidad sólidos argumentos y participan sin timidez de una experiencia colectiva.
Para escuchar algunas de las ideas y necesidades de esos adolescentes, Brecha fue hasta el encuentro "Ser joven sin prisa y con memoria", realizado en Atlántida esta semana.*
Organizadas por la Comuna Canaria Joven y el inju, las jornadas tenían por cometido intercambiar conocimientos e información sobre la promoción de los derechos humanos a través de espacios de discusión colectiva.
Los convocados eran bachilleres representantes de los centros educativos del departamento (hasta cinco por institución) y referentes jóvenes que estuvieran trabajando en los diferentes municipios sobre el tema de los derechos humanos, con el fin de conocerse entre sí y así "potenciar su accionar diario".
Los muchachos reunidos en Atlántida no parecían aburrirse conversando sobre temas complejos con sensatez de veteranos, hasta que algún chascarrillo anónimo y seguido de una carcajada colectiva evitaba los excesos de solemnidad. Enseguida se reanudaba la discusión y cada presentación era aprobada con un aplauso cerrado.
Estos jóvenes no luchan con violencia, no huyen de la Policía, no tiran molotovs, no reclaman por el boleto gratuito porque ya se lo han concedido. No piensan en la revolución ni tienen grandes banderas. Pero reflexionan críticamente sobre lo que quieren y lo que hay que cambiar en su entorno más próximo.
CAJAS DE PANDORA. Eran muchachos de 16 a 19 años. Viajaron desde Pando, La Paz, Barros Blancos, Cerrillos, Las Piedras, Santa Lucía, Aguas Corrientes, Costa de Oro y Canelones capital para poner sus opiniones en común, sentados en el pasto.
La propuesta de la tarde del lunes fue dibujar sobre los derechos vulnerados en sus localidades. La representación del derecho a la no discriminación ganó por goleada, seguida por la del respeto a la seguridad y los derechos a la vida, la libertad de expresión y de reunión.
"De un lado están las personas que tienen ciertas ideas y son los que tienen el poder sobre los que están del otro lado. Pero todos tienen derecho a reunirse y opinar", rompió el hielo el primer equipo, explicando su viñeta estampada en papel.
La "discriminación entre tribus urbanas, entre clases sociales y estilos de vida, entre los que escuchan cumbia y los que escuchan marcha" fue lo que representaron en papel los del siguiente grupo: "Dibujamos un baile donde dos chicas discriminan a otras dos por la forma de vestir. Van a hablar con el de seguridad para que las saquen por su forma de ser. Están discriminando".
Continúan: "Dos personas distintas acaban de robar el mismo banco", explican mostrando otro dibujo en el que aparecen representados un "plancha" y un banquero, los dos con una bolsa de dinero en la mano. "Pero cuando aparece la Policía le apunta a quien está vestido como plancha." Enorme aplauso, medalla y beso.
Un nuevo dibujo representa la discriminación en la escuela, entre los niños: "¿Vieron cómo vino Brian al acto de la escuela? Ja ja ja, se le ve el dedo gordo y no tiene mochila, ja ja ja", se leía dentro de un globo.
"Bienvenidos a la 'sociedad'", se leía de lejos en otro cartel. "En nuestra comunidad hay ciertos prejuicios", comenzó su explicación uno de los jóvenes expositores mientras señalaba cómo la sociedad abre sus puertas a las parejas heterosexuales y las cierra a las parejas gay. "En el cartel hay dos hombres pero podría haber dos mujeres, dos trasngéneros o dos travestis. La sociedad rechaza y elimina a otros por ser diferentes a sus costumbres, porque no le son agradables a la vista o por lo que sea."
"Elegimos representar la violación del derecho a la igualdad porque es la violación a los derechos humanos que tenemos más naturalizada. Discriminamos sin darnos cuenta, de esa forma ejercemos una presión de grupo y aislamos a ciertas personas, decidimos quién entra a 'la sociedad' y quién no", ayudó a ampliar el concepto otra muchacha del mismo equipo.
"Si por ejemplo en Las Piedras ves dos minas de la mano, es normal. Si ves a dos tipos de la mano, todo el mundo se pone a hablar. Estaría bueno que para cambiar lo de alrededor empecemos a cambiar nosotros", remató un chico sentado entre el público.
Otro punto surge del debate: "Hay empresas que tienen que tomar a cierta cantidad de personas con discapacidad, pero algunas te piden ocho o nueve de promedio de escolaridad. Entonces no todos los lugares cumplen", explicó otra chica. "La mayoría de mis compañeros en la escuela especial no llegan ni a ciclo básico. Hay que contemplar eso."
"Quieras o no, todos discriminamos de cierta forma, y todos somos prejuiciosos, y el que diga que no estaría mintiendo. Hay que reconocerlo para evitarlo. Sería mejor que todos respetáramos la opinión, el deseo y la forma de vivir del otro para tener, no sé si una mejor sociedad, pero sí un vínculo entre las personas que disminuya la inseguridad, el prejuicio", redondeó otro expositor.
SEGURIDAD, MEDIOS, ETCÉTERA. "Va caminando un gurí indefenso, expuesto a la inseguridad, y viene otro que le dice: "¡Vo, pariente, dame todo porque te quemo!", contaron los que dibujaron y reclamaron por su derecho a la seguridad.
"No hay más seguridad en este mundo", dice un niño en uno de los dibujos, sentado frente a un televisor que tiene la pantalla roja de policiales: "Noticia de último momento: mataron a niña de 15 años en Cerrillos, asfixiada". Bastaron minutos para que el debate se deslizara hacia los medios de comunicación y el tratamiento que hacen de los hechos violentos.
"A veces los medios naturalizan cosas que forman parte de la violencia: mentir también es violencia. Tratar con ligereza temas delicados también", disparó uno de los coordinadores.
"¡Para mí los medios manipulan porque ponen lo que ellos quieren y lo que no quieren no lo ponen!", interrumpió un adolescente ofuscado.
Otro de los chiquilines reflexionó: "Eso te vuelve al tema de los derechos; te deja ver hasta dónde es capaz de influir el medio de comunicación en la opinión personal, y hasta dónde esa opinión es personal y cuándo deja de serlo. Se ataca nuestra libertad y nuestra independencia de pensamiento, porque podemos ver cómo un medio puede generar en un segundo una opinión en la cabeza de un niño, sin saber si es verdad eso que muestran o si están modificando los hechos y con qué intenciones. Entonces está limitado el derecho que tenemos a pensar, lo que contribuye a generar nuestra propia experiencia".
"Muchas cabezas piensan mejor que una", agregó un chiquilín orgulloso de la producción pictórica y reflexiva de la tarde.
"Yo esperaba del encuentro que un profesor diera charlas, charlas y más charlas, y por lo menos le buscaron la vuelta con esto de las viñetas y hacerlo más movido", valoró. n
* El lunes 9 y el martes 10 de julio, en la residencia del Centro Regional de Profesores (cerp).
Marcando territorio
"Nuestro rol es organizar este evento para que se encuentren los chiquilines que por vivir distanciados no se conocen, y que puedan ver que hay otros grupos que están en la misma que ellos, que militan por los derechos humanos y por la participación", explicó el profesor Juan Carbajal, director de la Comuna Canaria Joven y organizador del encuentro en Atlántida
La tarea de desmitificar la "mala prensa" que tienen los jóvenes es un difícil trabajo para ellos, y la estrategia es la inclusión territorial en un departamento compuesto por muchos pueblos dispersos, e incorporar a los excluidos del sistema educativo y laboral. "Tratamos de integrarlos y que salgan ellos mismos a integrar al resto", dijo Carbajal.
Los jóvenes son conscientes de que buena parte de la población tiene una percepción errónea sobre ellos, así que saben aprovechar las oportunidades de discutirla cuando éstas se les ofrecen: "Hay que generar espacios de acuerdo al perfil de trayectoria educativa y de vida que tuvieron, al contrario de lo que hacen las instituciones cuando buscan que los chiquilines se amolden a un perfil. Cuando nosotros vamos hacia ellos, les damos su tiempo, los escuchamos y entendemos; ellos reconocen enseguida esa llegada". Según el profesor de geografía, eso es lo que buscan: apoyo. Los excluidos generalmente son jóvenes que están o han sido abandonados, no sólo por las instituciones sino por sus familias. Hay estudiantes que no se pueden amoldar al sistema de enseñanza que les están proporcionando, con rigidez en los tiempos, donde el profesor tiene demasiados alumnos como para desarrollar una pedagogía de la cercanía, opinó el docente.

