Brecha Digital

¿Al mejor postor?

Durante las últimas semanas la designación del catedrático de Cirugía Cardíaca de la Facultad de Medicina de la Udelar se ha convertido en materia de debate público. Brecha se asoma a ideas y apetitos que estarían tras esta desusada publicidad.


“Caótica”, “devastada”, “inexistente” fueron algunos de los términos que recogió Brecha a lo largo de la semana entre quienes se referían a la Cátedra de Cirugía Cardíaca de la Facultad de Medicina. Es un área sensible, por ser el único lugar habilitado en la República para formar cirujanos cardíacos, y también por su influencia en el Centro Cardiovascular que funciona en el Hospital de Clínicas. Este es el único instituto de medicina altamente especializado (imae) público donde se realizan operaciones cardiovasculares complejas. Y luego de su relanzamiento a fines de 2010 (previa inversión de 4 millones de dólares donados por Venezuela), se aspiraba a que pudiera absorber al menos parte de la demanda del subsector público. De esa forma se frenaría la fuga hacia las instituciones privadas y por lo tanto la pérdida de ingresos. Las cirugías cardiovasculares –intervenciones financiadas por el Fondo Nacional de Recursos (fnr)– constituyen una especialidad que mueve muchos millones de dólares y se convirtió en uno de los “negocios” más apetecibles para ciertos sectores médico-empresariales.
Por eso, ahora que, ante el cese de su antiguo catedrático, Álvaro Lorenzo, debe nombrarse un nuevo grado 5, la decisión trasciende los aspectos académicos. “Acá se juegan muchos millones”, “son muchos los intereses”, dicen a Brecha varios actores involucrados, para explicar las desavenencias y trancas en el seno del Consejo de la facultad ante la designación. Los intereses son los de las corporaciones empresariales, poco interesadas en un centro público competitivo, pero el debate involucra también posiciones diversas sobre política universitaria.

 

TE ESTAMOS LLAMANDO. En 2011 la facultad realizó un llamado a aspirantes para ocupar el cargo. A él se presentaron tres médicos: Leandro Cura, Fabio Gutiérrez (ambos docentes grado 3 de la cátedra) y Mauricio Cassinelli, un especialista sin vinculaciones con la Udelar: durante muchos años fue socio y dirigió el Instituto Nacional de Cirugía Cardíaca (incc), un imae que funciona en impasa; también trabajó como consultor de diversas multinacionales dedicadas a la fabricación de insumos médicos y formó parte del equipo del Cardiocentro en Santa Clara, Cuba.
Una vez con los méritos delante, y con mayoría especial (ocho de 12 votos), el Consejo de la facultad puede elegir un nuevo catedrático sin necesidad de realizar un concurso de oposición y méritos, si se entiende que los antecedentes presentados por un candidato son “francamente superiores” al resto. Según informó a Brecha Martín Esteche, consejero en representación de la feuu, la comisión asesora se limitó a ordenar los méritos de cada aspirante, sin pronunciarse por ninguno de ellos. De ese informe, explicó, se desprende que Cassinelli tiene mayores méritos científicos que los otros dos postulantes, aunque en trayectoria docente Cura quedó por delante. En el momento de la votación en el Consejo ninguno logró la mayoría requerida (Cassinelli obtuvo seis votos de estudiantes y egresados).
La explicación de Esteche sobre el voto estudiantil es reveladora de las miradas que se posan sobre el cargo: “El grado 5 es parte del equipo que trabaja en el Centro Cardiovascular (del Clínicas). Es un cargo importante para el desarrollo de este centro, más allá de que no es el director, sí forma parte de la comisión consultiva”, por lo que requiere un serio compromiso con la expansión del subsector público. Según pudo saber Brecha, tanto Cura como Gutiérrez se de-sempeñan en el ámbito privado. En una entrevista que los delegados de la feuu mantuvieron con Cassinelli, éste –ya desvinculado del sector privado– “nos planteó que se iba a dedicar al subsector público únicamente e intentar desarrollar a pleno el Centro Cardiovascular. El imae del Clínicas ha estado relegado constantemente, sobre todo con los profesores anteriores”, explicó el estudiante.
Las reticencias estudiantiles tienen su antecedente más cercano en el propio Lorenzo, sobre quien pesaba el señalamiento de “conflicto de intereses”. Lorenzo era “responsable” del desarrollo del imae público (hasta el año pasado no existió el cargo de director) y su cátedra fue, además, la que estableció las necesidades de infraestructura del nuevo centro. Pero a su vez Lorenzo es socio accionista y cirujano del incc, uno de los imae al que, debido a las insuficiencias en el Clínicas, eran derivados los pacientes del ámbito público.* Cabe decir que no es el único catedrático señalado por incompatibilidades en sus funciones, ni el área cardiovascular la única involucrada, aunque no en todos los casos las transferencias de dinero son tan abultadas como en este.
Cada vez que una intervención cardiovascular altamente especializada se realiza, el fnr vierte a la institución que ejerce el acto importantes sumas de dinero con las que se financian todos los gastos. Si el médico opera en el ámbito privado, el fondo también financia un plus salarial, cosa que no sucede cuando las operaciones son practicadas en el terreno público, donde –independientemente de la cantidad de intervenciones realizadas– los médicos sólo cobran su sueldo. Si el especialista, además de operar, es socio accionista de alguno de los emprendimientos privados sus ingresos serán aun mayores. (Como fuera señalado por este semanario en 2010, un empresario médico podía obtener dividendos hasta 20 veces mayores que el profesional que más operaciones haga en el sector privado.) De ahí que trabajar en el ámbito público sea muy poco apetecible para los profesionales. Como ejemplo de las abultadas sumas transferidas puede decirse que por cada cirugía cardíaca infantil el fnr paga 364.662 pesos. Esta cantidad incluye insumos, recursos humanos y las utilidades para el imae.
Cuando a fines de 2011, luego de la remodelación, el Centro Cardiovascular abrió sus puertas, la facultad decidió que el cargo de director fuera incompatible con la actividad privada, como forma de evitar conflictos de intereses. De esa forma, tanto Lorenzo como Ricardo Lluberas (catedrático de Cardiología, socio del imae que funciona en casa de Galicia, y desde pocos meses atrás también del que funciona en la Española) quedaron fuera de la nómina de postulantes, aunque sí forman parte del equipo que trabaja y asesora a la dirección del centro. El cargo fue ocupado por Diego Freire, especialista en medicina interna y cardiología, sin vínculos con las instituciones privadas. “La feuu siempre fue muy crítica con el conflicto de intereses”, puntualizó Esteche, y explicó que para la organización estudiantil la incompatibilidad debiera plantearse también en la Cátedra de Cirugía Cardíaca, puesto que su rol “ejerce mucha influencia” en las decisiones del imae. Como ejemplo puede citarse la que se hace en la propia formación de los especialistas. Para obtener su título los futuros especialistas deben operar. Si las posibilidades son escasas, muchas veces los catedráticos les dan la posibilidad de que se entrenen operando en los centros privados a los que pertenecen. La situación –algo que pasa en muchas especialidades– es propicia para formar “roscas” académicas, donde los estudiantes evitan planteos discrepantes con tal de ser tenidos en cuenta y poder desarrollarse en la especialidad.
“Estamos muy firmes con el planteo. Esto es una mina de diamantes que puede beneficiar al subsector público democratizando la tecnología y el acceso, o se puede seguir fortaleciendo a los privados. Es una pulseada fuerte que se da con las corporaciones médicas. No vamos a dar el brazo a torcer.”

PERO… Desde filas docentes el panorama no parece tan homogéneo. Los consejeros de ese orden propondrán que se llame a concurso, según aseguraron a Brecha. Las desconfianzas están latentes: un docente expresó al semanario que “a esta altura es difícil creer que existe un ‘Fidel Castro’ tapado” que llega para velar por los intereses del sector público, cuando siempre dedicó sus esfuerzos al ámbito privado. Mientras otra fuente consultada consideró que los antecedentes de un especialista que “trabajó siempre para compañías privadas” no van en sintonía con la “visión universitaria académica”. Aun así, coincidieron, no se trataría de establecer los “deméritos” de Cassinelli sino la convicción de que sus méritos no son suficientemente superiores para justificar una designación directa por parte del Consejo, por lo que sería recomendable el concurso. Por eso entre algunos miembros del Consejo de la facultad cayó mal la noticia de que el especialista, molesto por los cuestionamientos, no se presentaría al mismo.
“Como estoy vinculado a compañías trasnacionales de productos médicos se decidió que mi actividad como congresista, conferencista, mis publicaciones, etcétera, no tienen valor; poco menos que soy un vendedor de válvulas”, se defendió Cassinelli ante Brecha, asegurando además que “son muy pocos los cirujanos de prestigio que no son consultantes de una o más compañías en Europa y Estados Unidos. Si estoy haciendo una consultoría para una compañía que vende determinados productos cardíacos, antes de cada conferencia estoy obligado a hacerlo explícito, para que quien me escuche sea libre de interpretar si está recibiendo información útil científicamente o sesgada”, aclaró el médico. Sobre su situación actual graficó: “Cuando chiflé no comí gofio y cuando pretendí comer gofio no estaba chiflando. Todos los que prometen planes grandilocuentes están en la cátedra, ¿se les ocurrieron ayer?”.
En definitiva los obstáculos no parecen estar en la dicotomía entre quienes son o no “de la casa”, sino en el punto inicialmente planteado: ¿cómo contribuir a gestionar y desarrollar un imae público desde un lugar de decisión si se está de los dos lados del mostrador? Una fuente docente reconoció que Daniel Brusich, grado 4 y actual encargado de la cátedra, “volvió a pisar el quirófano universitario” cuando, pocos meses atrás, “fue despedido de la Española”, donde durante años ofició como jefe del imae de esa mutualista. “Ahora parece haberse convertido en el mayor defensor del sistema público”, ironizó. Los comentarios, que son ciertamente comidilla en los pasillos universitarios, no dejan de ser reveladores del ambiente que se respira en torno a la designación. Según esa misma fuente lo ideal sería nombrar a alguien de la “barra joven” (uno de los grados 3), ya que quienes la integran han demostrado querer sacar el centro adelante, aunque todos estos años han quedado relegados debido a la ínfima cantidad de operaciones que se concretan en el ámbito público. Por otro lado, agregó, si el Centro Cardiovascular quiere sobrevivir y ser competitivo, urge darle autonomía para que pueda gestionar sus propios recursos, atendiendo a sus necesidades, que pueda contratar su propio personal, comprar sus equipos y que no quede atado a la vetusta estructura del Clínicas, donde la burocracia impide cualquier ejercicio de dinámica.
Por último, el presidente del Sindicato Médico del Uruguay, Martín Rebella, dijo a Brecha que esta semana la elección del nuevo catedrático no estaba en la agenda del gremio pero, a raíz de las discusiones que tomaron estado público, el Comité Ejecutivo del smu evaluó el tema. Las autoridades se reunirán ahora con los egresados, quienes votaron a favor de Cassinelli (dos de los tres integrantes del Consejo por ese orden responden al smu). Rebella adelantó a Brecha que en el Ejecutivo del gremio “hay ambiente favorable” a apoyar el concurso, “que es lo que impulsa el decano”. “Los cargos se otorgan en función de los méritos académicos, por eso, si no existen ‘méritos francamente superiores’, el concurso es una solución que aleja las suspicacias de querer favorecer intereses” ajenos a las necesidades académicas, dijo el titular del sindicato. n

*     Una amplia cobertura sobre el Centro Cardiovascular y sus problemas de desarrollo fue publicada en la edición del 6-VIII-10.

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