Los autores de la muestra “Detrás de una mirada”
Santiago Barreiro—La idea la trajo Pablo, ¿no?
Manuel Mendoza—Sí, fue por Pablo, que es amigo de una de las inventoras. Él nos dijo a nosotros.
Santiago Barreiro, Manuel Mendoza y Pablo Rivara, junto a Andrés Cuenca, Nicolás Garrido y Sergio Gómez, hicieron las fotos que integran la muestra. Todos andan por los 30; uno es olimareño, otro rochano, hay tres montevideanos, y está Manuel, que es sueco. Uno trabaja para la revista Paula, uno para El Observador, dos para Galería y los otros dos son freelance. Hay algunas exposiciones en estas carreras.
Santiago, Manuel y Pablo pudieron acudir a la cita con el periodista, que en realidad no había querido preguntar cómo sino por qué, de onda, sin mediar moneda, se habían metido en esto.
M M —Yo nunca había tenido un contacto así de directo con personas que tienen el síndrome, y tenerlo desafía, es interesante, está bueno. Además nosotros somos todos amigos y trabajar con los amigos también está bueno.
S B —Y el tipo de fotografía. Es lo que nos gusta hacer, y laboralmente no tenemos posibilidad de hacer este tipo de foto, más comprometida con lo social. En el tiempo libre estaba bueno hacerlo. Era una motivación personal.
Los organizadores propusieron que las imágenes mostraran personas de edades y situaciones diversas. Los fotógrafos trataron de aprender sobre el tema, conocieron a las familias, las visitaron las veces necesarias hasta sentir que tenían suficiente material.
—¿Descubrieron cosas?
S B —Creo que esa era la idea. Cambiar un poco nosotros para poder cambiar el resultado y, entonces, la percepción del espectador. Ya en la mesa de edición, después de haber pasado tiempo con estas personas, yo comentaba: “y pensar que cuando ves a alguien con síndrome de Down en la parada no se te ocurre preguntarle a qué hora pasa el ómnibus o qué hora es”.
A Manuel le llamó la atención la franqueza y apertura de sus “modelos”. “Yo soy más tímido que ellos”, dijo. “No tienen un filtro, no se dejan afectar por la sociedad, por el ‘qué dirán’, no sé. Es como que dan, demuestran”, agregó Santiago.
Dicen los fotógrafos que ninguno quiso hacer la “foto fácil” de la lástima. “Me rechina que se diga padecer”, apuntó Santiago. A él no le convence pensar en el síndrome como una enfermedad que se padece. “Es una alteración genética. Aprender a verlo así estaría buenísimo”, barrunta.
Una de las imágenes muestra una pareja: Guillermo paseando con Paola. Surgió cuando Manuel visitó a Guillermo y éste, que preparaba milanesas, le mostró las que se había sacado con su novia. El fotógrafo decidió invitarlos a un helado pero los muchachos prefirieron hamburguesas.
“Por composición, espontaneidad y por documentar el momento preciso”, Manuel no tiene dudas de que la mejor foto que hicieron fue una de Pablo que eligieron para abrir la muestra. “Además es la única que te deja el beneficio de la duda. En casi todas las demás todo el mundo está sonriendo. Demasiada felicidad es faltar a la realidad de lo que es la vida de cualquier persona”, piensa Santiago. “Yo nunca supe decir qué quiere decir esa cara, y eso me gustó”, confesó a su turno el autor.
Otra niña que él fotografió iba a una escuela privada hasta que cambió la maestra. La nueva docente se negó a tenerla en el grupo y tuvo que acogerse a la hospitalidad de la escuela pública.
A los tres los sorprendieron ciertos comentarios de compañeros de trabajo, gente de su edad y no precisamente inculta, en el sentido de que quienes tienen el síndrome tenderían a ser agresivos o sexualmente anómalos. Los tres creen que todavía falta andar para que nuestra sociedad entienda de qué se trata.
“A mí lo que me llama la atención de acá es que no los ves”, observó Manuel. “No sé qué porcentaje de la población son, pero yo viví en otro país, en Suecia, y los veía mucho más seguido. En el metro siempre había alguno. En la escuela, en mi clase, había dos. Acá en la calle no los ves y eso quiere decir algo.” n