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Cuanta más seguridad se busca, más daño se obtiene

Violencia, criminalidad e inseguridad son temas dominados desde siempre por la visión policial y por la racionalidad jurídica. Pero en apenas seis años, las ciencias sociales y humanas en Uruguay han transitado interesantes caminos de investigación acerca de estos temas. El libro del cual Brecha presenta este adelanto recoge esos aportes de la sociología, la ciencia política, la historiografía, el derecho, el psicoanálisis y la antropología social.

La sociedad uruguaya asiste desde hace un buen tiempo a la consolidación de un sentimiento de inseguridad. Del mismo modo, los delitos han sufrido un aumento y una mutación en sus modalidades. No obstante, sería un error mayúsculo –aun en enfoques que prioricen las soluciones inmediatas y “eficientes”– asumir una lectura meramente coyuntural. En Uruguay la inseguridad es un dato estructural, y no se entiende sin remitirse a la historia del último medio siglo. Los delitos, por su parte, han saltado al ritmo de las crisis económicas, de la claudicación del Estado, del deterioro de las fuentes del bienestar (en particular el empleo), de la revolución de las expectativas y de la exclusión social y territorial. Con cada crisis la inseguridad y el delito han surgido con más fuerza. Y esa realidad se hizo tan radical en los comienzos del siglo xxi, que las mejoras socioeconómicas de los últimos años no han podido impactar sobre sus lógicas más profundas. Las contradicciones y los conflictos de las desigualdades persistentes laten en cada manifestación de inseguridad y en cada evento delictivo.
En ese sentimiento de inseguridad se expresa una demanda político-cultural, y ese empeño se transforma en un poderoso vector con consecuencias muy negativas en el plano individual y social. Uruguay ha visto mutar sus reglas de convivencia y sus niveles de confianza interpersonal. Por su lado, el crecimiento del delito ha operado con esquemas de realidad muy diferentes, según los tipos y los momentos en que se ha producido el quiebre de la tendencia. El perfil criminológico de la sociedad uruguaya tiene rasgos muy precisos, que en nada se parecen a los motivos dominantes que se esgrimen en los discursos más conservadores.
A la línea de larga duración de desestructuración social le subyace otra: la rearticulación del Estado en términos de reivindicación constante de un populismo punitivo que vive de la creación de nuevos delitos, del agravamiento de las penas, de la rebaja de la edad de imputabilidad, del crecimiento del aparato policial, de las invenciones tecnológicas para el control situacional y del encierro como estrategia de neutralización de “los peligrosos”. En cada coyuntura crítica se insiste sobre la necesidad de estos dispositivos. Frente a cada “ola delictiva”, se reconoce que éstos no son todavía lo suficientemente radicales para concretar la anhelada “ofensiva final”. El futuro parece signado por una sórdida dialéctica entre la violencia criminal y la voracidad sin fin de la maquinaria del control represivo.
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