Entre los convocantes a esta edición de Boliches en Agosto hay uno de estatuto sorprendente. No es un boliche sino el “recuerdo” de uno de ellos el que invita para la tarde del domingo 26 a compartir música y teatro.
Se llamaba Don Martín y estaba en Carlos María Ramírez y Agustín Muñoz, frente a la plaza de deportes de La Teja. Este setiembre se cumplieron 12 años del domingo en que cerró. No se fue en silencio. En los últimos años, Carlos Kechichian, su dueño, estaba bastante enfermo pero los parroquianos ayudaban a mantener abierto el boliche. Cuando ya no se pudo, se cerró. Pero entonces la emisora El Puente organizó un homenaje. Entre otros estuvieron, por supuesto, los Diablos Verdes.
Tuvo una prehistoria. Cuando Carlos María Ramírez se llamaba Camino del Cerro, las calles eran de tierra y el ganado para el saladero que Samuel Lafone tenía en la costa todavía cruzaba a nado el arroyo Pantanoso, era el almacén El Peso Justo.
Muy lejos de esa esquina pero en esos mismos días, millares de armenios eran asesinados por el ejército turco mientras otros tantos eran deportados a Siria. Entre éstos iban los Kechichian, que se instalaron en Alepo. Uno de sus hijos, Martín, que había empezado a trabajar en la construcción, decidió probar suerte en América. Desembarcó en Montevideo a inicios de la década del 30.
Empezó de verdulero. “Sus primeras relaciones fueron los quinteros del Mercado Agrícola y del Mercado Modelo”, narró su hijo José, quien asegura que en esos tratos Martín “se aprendió todos los chistes y giros lingüísticos de los quinteros y los ‘lechuzas’, todas las trampas de los que jugaban al sevelé o a la mosqueta”. Al rato ya era otro muchacho de funyi y golilla tomando mate en la esquina y con dinero suficiente para aspirar a tener su negocio propio, aunque lo pagase a plazos.
.. PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.