Al cumplirse diez años de la crisis de 2002 (tragedia que produjo una colosal caída de la economía, aumento de la brecha social, emigración) aparecieron varios trabajos sobre el tema: un suplemento en El Observador, que sale todos los días al pie de su edición en la web, un programa especial de Código país en Canal 12 (el 2 de agosto), un seminario del Partido Independiente (el 22 de ese mismo mes), artículos en Crónicas, El País, Caras y Caretas, Voces, La Diaria, y dos libros: Al borde del abismo. Uruguay y la gran crisis del 2002-2003 (Banda Oriental, 2011), del escribano Carlos Sténeri, de filiación sanguinettista, ex representante financiero de Uruguay en Washington, actualmente consultor del estudio Posadas, Posadas y Vecino; y 2002-2012. La historia no oficial de la crisis y una lección pendiente (Random House Mondadori, 2012), del contador Carlos Luppi, de filiación wilsonista, hoy independiente de izquierda, que también ocupó diversos cargos públicos.
Hay dos grandes posiciones en pugna: los que sostienen que “la crisis vino de afuera” y por lo tanto no hay culpables uruguayos de la terrible tragedia socioeconómica de 2002 (en donde se anotan El País, El Observador, Código país y el libro de Sténeri); y los que afirman que “la crisis fue provocada por malas decisiones internas de los gobiernos de 1984 a 2005”, entre los que se cuentan Crónicas, Voces, Caras y Caretas, La Diaria y el libro de Luppi.
El medio de prensa que más espacio ha dedicado al tema es El Observador, cuyo director es Ricardo Peirano. Publicó un suplemento que sigue saliendo on line todos los días, y artículos del politólogo Adolfo Garcé y del periodista Lincoln Maiztegui defendiendo la tesis de que “la crisis vino de afuera”, o sea la inimputabilidad de los protagonistas uruguayos. Maiztegui, de filiación herrerista y crítico permanente de los gobiernos del Frente Amplio, publicó el sábado 18 de agosto un artículo titulado “Miente Marcelo Abdala”, donde hace referencia al llamado del presidente del Directorio del Partido Nacional, senador Luis Alberto Heber, a los trabajadores blancos para que se afilien al pit-cnt. Dice Maiztegui: “A Heber le ha respondido, en un tono áspero y confrontativo (…) el coordinador del pit-cnt, Marcelo Abdala: el movimiento sindical viene de hondas trayectorias de independencia de clase y no es la polea de trasmisión de ningún partido político (…). Y nosotros tenemos memoria. Nunca olvidamos ni que el último gobierno del Partido Nacional se basó en la apertura comercial indiscriminada, la desregulación del mercado laboral y que se perdieron miles de trabajos. Todos vimos cómo se deterioraba nuestra calidad de vida y se empezó a gestar una crisis que estalló en 2002”. Maiztegui hace un enfervorizado elogio del gobierno de Luis Alberto Lacalle, para terminar afirmando: “¿Qué tiene que hacer ahí la crisis de 2002 que vino de afuera (devaluación de Brasil, corrida bancaria en Argentina), y después de que habían pasado dos gobiernos?”, y remata: “Abdala ha mentido con toda la boca, y queda emplazado desde aquí a dar razón de sus dichos, lo que equivale a pedirle peras al olmo”. Finaliza diciendo que “no pienso callarme ante el primer pelafustán que pretende tapar el mundo con un harnero para sacar alguna miserable ventajita”.
Pero el dirigente sindical tiene razón: la crisis de 2002 se originó en los gobiernos de los partidos tradicionales y en la gestión de gobernantes, altos funcionarios y economistas neoliberales (algunos de los cuales sacaron su dinero del país, en uso de información privilegiada, y varios se enriquecieron a ojos vistas), y eso lo señalaron dos comisiones investigadoras del Parlamento, cuyos informes fueron votados por los representantes del Partido Nacional y el Frente Amplio, con voto en contra del Partido Colorado. La verdad supera cualquier elaboración.
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