Marta Monja es de Chiclayo, Perú, y todos los meses le manda a su familia la mitad de su sueldo. Trabaja en un servicio de acompañantes y gana 10 mil pesos por mes. Xingyu tiene 26 años, nació en Urumgi, al norte de China. Fue la única de su generación que después de que se graduó no se fue a estudiar a Estados Unidos. Mientras que Jussi vivía en Valkeakoski, Finlandia, cuando le dijeron que lo trasladaban como gerente a una de las plantas de la empresa ubicada frente al Río de la Plata.
Cuando se les pregunta qué los llevó a elegir nuestro país, las respuestas difieren, aunque manejan cierta información común: iban a un país chico, ubicado en América Latina, que pasaba un buen momento económico.
De acuerdo al informe Perfil Migratorio,* en los últimos años comienzan a observarse indicios de un aumento de la inmigración. El crecimiento económico, acompañado por una tasa de desempleo ubicada en un récord histórico, no sólo les abrió un mercado de oportunidades a los uruguayos, también lo hizo con los extranjeros.
Para la demógrafa Adela Pellegrino todavía no se puede hablar de un fenómeno importante. “Apenas se evidencia en la estadística, pero creo que es una tendencia que puede continuar. En parte esta población puede ayudar a recuperar el capital humano que se perdió con la emigración de uruguayos, aunque claramente no alcanzará a suplirla.”
El censo de 2011 permitió definir que entre los inmigrantes internacionales llegados a Uruguay en la última década predominan los nacidos en Argentina (35 por ciento) y en menor medida Brasil (17,3 por ciento). Los países que siguen en importancia son Estados Unidos (9 por ciento) y España (7,7 por ciento), y también destaca la población inmigrante que llega desde Perú (4,1 por ciento), aunque existe un significativo subregistro.
El Perfil Migratorio también indica que los últimos extranjeros que llegaron al país son predominantemente jóvenes, en edades económicamente activas, y de origen latinoamericano.
QUIÉNES SON. Existe una importante población de inmigrantes peruanos y paraguayos. Los consulados y embajadas de estos países no cuentan con cifras precisas (ya que no todos los ciudadanos se registran), pero se estima que hoy viven en Uruguay entre 3.500 y 4 mil peruanos y entre 1.600 y 1.700 paraguayos. Lejos está la población boliviana, con 250 ciudadanos.
Pilar Uriarte, antropóloga, especializada en temas migratorios, señala que históricamente tanto Perú como Paraguay “envían a su población a otros países para obtener remesas. Y Uruguay ha entrado en ese circuito porque para ellos el tipo de cambio y los salarios son favorables”. Esta población comúnmente viaja sin familia. Su proyecto de vida no incluye quedarse a vivir, sino retornar, aunque en el transcurso de la estadía la decisión puede cambiar.
Para estos ciudadanos Uruguay es atractivo en términos laborales porque demanda mano de obra en sectores que le permiten una rápida inserción. Principalmente estas poblaciones trabajan en áreas como la construcción, la red de cuidados personales (trabajo doméstico y servicios de acompañantes) o la actividad marítima.
Un informe elaborado por el proyecto Hacia un Plan Nacional contra el Racismo y la Discriminación** señala que tanto en el trabajo doméstico como en las actividades relacionadas con la pesca, los extranjeros son particularmente vulnerables a situaciones de explotación por parte de los empleadores. Estas situaciones están vinculadas al desconocimiento de sus derechos y al miedo a ser expulsados.
Un preconcepto que los especialistas en materia migratoria buscan desterrar es que la vulnerabilidad está marcada por un bajo nivel educativo. Una máxima de los demógrafos es que “el pobre de los pobres no migra”, sino aquel que al menos tiene la posibilidad de pagarse el pasaje para salir del país. La población inmigrante del último período presenta niveles educativos medio y alto, incluso muchos tienen carreras universitarias completas, y en sus países de origen trabajan en su profesión.
Para Uriarte lo que pasa con el migrante es que al desplazarse sufre un grado de desvalorización. “Vos nacés en un Estado que automáticamente te identifica como alguien, cuando te trasladás a otro lado tenés que mostrar que no sos un delincuente, que venís de donde decís venir, que tenés la edad y los estudios que decís tener, y siempre bajo una óptica de desconfianza.” Según la antropóloga, “este fenómeno es estructural de la migración, y se acentúa dependiendo de la xenofobia respecto a los países de origen”. Y aunque a los uruguayos nos gusta decir que no discriminamos, esto sucede principalmente con las poblaciones peruana, paraguaya, boliviana...
DE TODAS PARTES. Del otro lado del mostrador aparece un fenómeno, que si bien no es significativo en términos de cifras, sirve para pensar a Uruguay conectado a otras redes de circulación de poblaciones: la llegada al país de extranjeros por convenios de cooperación, becas de estudio o intercambios con universidades. Principalmente se detecta la presencia de colombianos, chilenos, españoles y alemanes. Pero también hay casos especiales. La Universidad ort recibirá este año –por convenio con una universidad china– a 42 estudiantes que vienen a cursar dos semestres en la institución.
Asimismo existe una dinámica de circulación empresarial. En nuestro país el caso más notorio fue el de Botnia (hoy upm). Para la construcción de la planta llegaron a trabajar 210 finlandeses y gente de más de 30 nacionalidades. Uriarte afirma que este tipo de inmigración aparece con fuerza en los últimos cinco años, y con más intensidad en los últimos dos. No pasa lo mismo en áreas como la pesca y la construcción, que tienen una dinámica que existía desde hace más tiempo y que se hizo más presente con la expansión económica. Para Jussi Pentilla, gerente general de la planta de celulosa de upm en Fray Bentos, único finlandés que queda en la empresa, “para las inversiones extranjeras Uruguay tiene una buena base, una democracia que funciona bien, alto nivel educativo y prácticas comerciales transparentes”.
En el caso de los europeos influye la crisis económica que atraviesan. Si bien según Uriarte todavía es prematuro decir si se quedan o se van, porque es un proceso nuevo, lo que sí se observa es que para estos ciudadanos Uruguay se torna un lugar de residencia más que de pasaje. Incluso, dice Pellegrino, nuestro país se podría convertir en un destino para jubilados que buscan lugares más tranquilos para vivir. Para estos inmigrantes el país es valorado porque no tiene el nivel de estrés y de inseguridad de las grandes ciudades.
.. PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.