Ley, moral y cultura
- Última actualización en 31 Agosto 2012
- Escrito por: Raúl Zibechi
“El sicario no es un autodidacta”, descerrajó Mockus desde el atril del Paraninfo de la Universidad. En su opinión, detallada en el libro Antípodas de la violencia* que presentó el 24 de agosto en Montevideo en compañía de la plana mayor de la cartera del Interior, existen tres “anillos de seguridad” que funcionan de forma concéntrica: la autorregulación o regulación moral, la mutua regulación o presión colectiva y, si las anteriores fracasan, la policía y la justicia.
Por eso se propone trabajar en ese amplio abanico a través del impulso a la “cultura ciudadana”, que abarca desde la reforma policial y el fortalecimiento de sus medios técnicos, hasta la “confianza interpersonal” y en las instituciones. Llegó avalado por sus dos períodos como alcalde de Bogotá (1995-1998 y 2001-2003) en los que se registró una drástica disminución de los homicidios en una ciudad que llegó a ostentar cifras 12 veces superiores a las de Uruguay.
Durante tres días Mockus, que fue candidato a la presidencia en 2010, cosechando el 27 por ciento de los votos en la segunda vuelta que lo enfrentó al actual presidente Juan Manuel Santos, se reunió con el Gabinete de Seguridad y con las autoridades de las intendencias de Canelones y Montevideo para exponer su experiencia como alcalde y su abordaje de la inseguridad y explicar cómo fomentar la convivencia y regular los espacios públicos.
En el encuentro el ministro Eduardo Bonomi reafirmó su “enfoque integral” de la seguridad, se mostró partidario de adaptar la experiencia de Bogotá a la realidad uruguaya y se explayó sobre la violencia intrafamiliar (responsable del 15 por ciento de los homicidios en los seis primeros meses de este año), como ejemplo de que la Policía no debe ser el único instrumento para prevenir y acotar la violencia.
REINVENTAR LA CONVIVENCIA. Mockus es el tercer experto invitado por el Ministerio del Interior en lo que va del año, para brindar enfoques alternativos. Se trata de un personaje especial, tanto por su trabajo académico como por los logros de su gestión municipal (véase entrevista).
Recibió el municipio con una tasa de 80 homicidios cada 100 mil habitantes y comenzó a aplicar diversos programas que la redujeron en un 25 por ciento para 1997. La cifra continuó cayendo hasta una tasa de 18 homicidios en 2006. Aplicó diversos programas que consiguieron reducir de forma casi inmediata los picos más elevados de violencia. Luego de estudiar los días de la semana y las horas en que se cometía la mayor parte de los crímenes, se estableció la restricción al porte de armas de fuego y la Hora Zanahoria, que limitaba la venta de alcohol a partir de ciertos horarios.
En paralelo a las medidas de emergencia se pusieron en marcha programas de carácter socioeducativo: Vida Sagrada, que promovía el respeto a la vida humana; Vacuna a la Violencia, para reducir la violencia intrafamiliar, así como “semilleros de convivencia” y “jornadas de reconciliación y solución pacífica de conflictos” que buscaban influir en los hábitos de la población.
Uno de los proyectos más celebrados fue la utilización de “mimos y cebras” para promover el uso ordenado de la ciudad por parte de peatones y conductores en los cruces más congestionados, en una ciudad cuyo tránsito era caótico y violento.
“Si queremos seguridad, formemos ciudadanía”, fue uno de los lemas rectores de los gobiernos municipales de Mockus. Su enfoque filosófico toma distancia tanto del “determinismo coercitivo” como del “determinismo económico”, posiciones que a grandes rasgos identifica con la derecha y la izquierda. El primero puede simplificarse en la “mano dura” mientras el segundo supone creer que “los fenómenos de inseguridad son consecuencia directa de problemas estructurales como la pobreza y la inequidad”. En apoyo de su tesis muestra que las regiones más pobres de su país según el ingreso per cápita, como Chocó y Amazonas, son las menos violentas, cuando según las tesis de la izquierda deberían ostentar los mayores índices de homicidios.
Su tercera vía está anclada en “la estrecha relación entre cultura y convivencia”, de la cual se deben derivar acciones capaces de inducir el cambio cultural, sabiendo que los resultados no son mecánicos, en la convicción de que “a veces la ciudadanía se ve limitada o desvirtuada por la cultura”.
Según Mockus se trata de hacer converger tres vectores, ley, moral y cultura, con el objetivo de “promover el bienestar de la ciudadanía y la democratización de las ciudades por medio de la transformación de los comportamientos de los ciudadanos”. Un divorcio de los tres vectores puede afectar la convivencia, el tejido social y también la productividad de la sociedad. Las gráficas de la inversión en cultura, recreación y educación crecieron de modo geométrico desde comienzos de la década de 1990.
Los estudios de campo demostraron la impronta de los valores y los hábitos en los comportamientos violentos. En 2009 en Bogotá la “violencia interpersonal” (riñas y venganzas) fue responsable de 17.423 lesiones de personas, frente a las 2.375 lesiones provocadas por la “violencia económica” (atracos y robos). Las riñas provocan casi 40 por ciento de los heridos frente a 5 por ciento de los atracos y 9 por ciento de la “violencia sociopolítica” (guerrillas, militares y paramilitares).
VAIVENES PROGRESISTAS. “En una sociedad ideal, la cultura es más exigente que la ley, y la moral lo es más que la cultura”, puede leerse en Antípodas de la violencia. Se trata de trabajar para provocar actitudes más confiadas y tolerantes, una mayor predisposición a acatar las leyes y aumentar el cumplimiento voluntario de las normas.
A partir de 2001, durante su segunda alcaldía, se puso en marcha con apoyo del bid la Encuesta de Cultura Ciudadana, un diagnóstico basado en 11 indicadores: tolerancia, justificaciones para violar la ley o usar la violencia, capacidad de regulación, confianza interpersonal e institucional, disposición a hacer acuerdos, y porte de armas, entre otros. En los años siguientes la encuesta fue replicada en varias ciudades colombianas y en otras capitales de la región, como La Paz, Belo Horizonte, México, Monterrey, Caracas y Quito, lo que permite construir una base comparativa para profundizar la comprensión de los fenómenos vinculados a la seguridad.
Pero el éxito de las políticas aplicadas en Bogotá debe ser matizado. En primer lugar, cuando Mockus se hizo cargo del gobierno comunal las tasas de homicidio ya habían comenzado a bajar, ya que en esos años fueron desarticuladas las dos bandas narcotraficantes más violentas: el cártel de Medellín fue derrotado en 1993 y el de Cali en 1995. Ese año, cuando asumió Mockus, la tasa de homicidios había caído de 80 a menos de 60 cada 100 mil habitantes.
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