Brecha Digital

¿Habría que embarazarse más?

Brecha y el Programa de Población de la Udelar siguen pensando a Uruguay a través del censo. ¿Qué pasa con la fecundidad? ¿Es que no queremos tener más hijos? ¿Tenemos “suficientes”? ¿Está en riesgo el futuro de nuestra población con estas cifras? Por absurdas que parezcan, estas preguntas han perseguido al país durante muchas décadas, y se replantean ante cada nuevo dato de fecundidad.


¿Qué pasa con la fecundidad en Uruguay? En principio, nada contundentemente nuevo. El descenso del promedio de hijos tenidos por las mujeres en Uruguay data de principios del siglo xx. A mediados del siglo ya se registraba una tasa global de fecundidad (tgf)1 muy baja para el contexto regional de tres hijos en promedio por mujer. Y con el censo de población de 1985 ya habíamos descendido a 2,5, para llegar hoy a los dos.
¿Qué es lo nuevo? Aunque los censos no son los mejores instrumentos para medir la fecundidad o la mortalidad (en los países en que hay registros aceptables, como Uruguay, lo hacemos con las estadísticas vitales), el Censo 2011 permite confirmar algunas tendencias en comparación con su antecedente de 1996.
Entre 1996 y 2011, la “paridez” –el número de hijos acumulado por el promedio de las mujeres de una cierta edad– descendió en todos los grupos de edades. El descenso más significativo fue entre los 30 y 34 años; las uruguayas de esas edades, que tenían casi dos hijos en 1996, tienen hoy un promedio de un hijo y medio. Detrás de este dato debe investigarse en qué medida se encuentra la caída moderada en la fecundidad y en qué medida la posible posposición de la reproducción para edades más avanzadas; o en términos más específicos, el aumento de la distancia entre el primer y el segundo hijo. Más claro es observar la paridez de aquellas que se encuentran al final de la etapa reproductiva (40 a 49 años). Hoy tienen 2,5 hijos en promedio, cuando sumaban 2,7 en 1996.
Como se observa, aun ante el descenso reciente, el modelo reproductivo se sitúa en torno a los dos hijos en promedio, que además es el patrón que las uruguayas suelen tener como ideal. La caída en la fecundidad, por cierto, ya no resulta excepcional en la región, con Brasil protagonizando un fenomenal descenso de su tgf. Por cierto, los promedios esconden comportamientos diferenciales. Estimaciones del ine para 2010 mostraron la distancia entre 2,5 hijos en Tacuarembó y 1,7 en Montevideo, por ejemplo, reflejando en parte la menor fecundidad que suele existir en los ámbitos urbanos. Una diferencia quizá más sustancial existe entre estratos sociales, observada paradigmáticamente en la mayor cantidad de hijos de las mujeres con menos años de educación, que existía en 1996 y se mantiene hoy.

 

EMBARAZO ADOLESCENTE Y BAJA FECUNDIDAD. Desmenuzar los datos censales permite además desmentir un “dato” del discurso habitual: no es cierto que en los últimos años haya más mujeres sin hijos. Las mujeres sin descendencia hacia el final de su etapa reproductiva no son más numerosas que en el censo anterior. Continúan rondando el 11 por ciento. ¿Y qué hay del “problema del embarazo adolescente”? Aunque la tasa de embarazo adolescente tuvo oscilaciones en los noventa, no ha crecido la proporción de madres de 15 a 19 años entre los dos censos, por el contrario, ha caído desde el 14 por ciento de 1996 al 10 por ciento de hoy. Y disminuido del 2 al 1 por ciento las mujeres que tienen un segundo hijo: más adolescentes controlan su reproducción luego de ser madres. Los programas de salud sexual y reproductiva que se vienen implementando desde 1996 y profundizando recientemente, son parte de la explicación.
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