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El varón indisciplinado

Fue el “pulpo monstruoso” del Uruguay del 900, y contra ella operó el poder médico con todo su afán disciplinador. Había casi desaparecido de las cabezas y preocupaciones del sistema sanitario, pero otra vez la sífilis volvió al ruedo para convertirse en 2012 en una seria preocupación para la salud. Esta vez ligada a la pobreza.

Desde hace varios años los indicadores de la enfermedad no hacen más que subir. La sífilis volvió al país y se instaló en los sectores más pobres y urbanos. En el año 2000 el porcentaje de casos que arrojaron positivo en el estudio de vdrl1 fue de 0,7. Ocho años después la cifra trepó a 1,3 por ciento, y si se discrimina el subsector público del privado, las cifras son de 2,3 y 0,6 por ciento respectivamente.

Tal vez los números fríos no parezcan motivo de alarma, pero para el Ministerio de Salud Pública (msp) la sífilis volvió a convertirse en un serio problema que además se manifiesta como un indicador de las inequidades sociales del país: concentrada en las zonas urbanas, en particular en los cinturones de las ciudades, y atacando grupos tan vulnerables como mujeres en situación de calle o con consumo problemático de drogas, todo parece indicar que su regreso es entre los más pobres.
Una de las mayores preocupaciones sanitarias es el aumento de la sífilis conatal –aquella que se contagia de madre a hijo durante el embarazo– , por las consecuencias que puede ocasionar: la muerte del feto, o el nacimiento y posterior muerte, alteraciones estructurales y morfológicas en los huesos, en la cara, en los dientes, entre otras.
En el hospital Pereira Rossell, 2,8 por ciento de los niños nacidos dieron positivo en su examen durante 2011; y en las madres 4,3 por ciento. Fue en ese centro donde se comprobó lo que hoy es otra de las mayores preocupaciones: las mujeres vuelven una y otra vez con la enfermedad, porque a pesar de hacer el tratamiento se recontagian a través de su pareja o por contactos sexuales con hombres que son reticentes a darse las dosis de penicilina que matan a la bacteria.
El ciclo de la sífilis tampoco ayuda a la toma de conciencia. Pueden pasar muchos años antes de que, en la última etapa (la neurosífilis), se generen afecciones crónicas, en particular a nivel del sistema nervioso central. Antes de eso las señales pueden pasar desapercibidas para la persona, que durante todo ese tiempo será un vector de trasmisión entre sus acompañantes sexuales.

 

URBANO Y POBRE. Pocas enfermedades han sido combatidas con tanta vehemencia en el país. En el Uruguay del 900 la sífilis fue un “pulpo monstruoso” que proyectaba sus “tentáculos hacia el futuro”, y que junto a la tuberculosis y el alcoholismo eran claros indicios de un apocalipsis ya en marcha, un “factor de primera importancia de la decrepitud de la especie”. Así decía el doctor Mateo Legnani en el año 1915. El médico encontraba en la enfermedad un síntoma de la degradación social: el “marido aburrido”, el hijo adolescente “asiduo concurrente al prostíbulo”, eran responsables de esparcir la peste, junto a la “mujer adúltera, tipo cada día más frecuente, con la actual corriente feminista que, habiendo producido aún efectos incompletos, origina las malas consecuencias propias de los períodos de transición, porque existe ya en el sexo hembra la conciencia de los derechos que le asisten a la felicidad en la libertad, y rechazando la vieja esclavitud que no se aviene al grado de su instrucción, quiere seguir aprovechando del trabajo del varón y busca el matrimonio, y repugna el divorcio aunque éste le sea permitido”.2
Ya en 2012 la historia es otra.
Hace más de 20 años que el doctor Rodolfo Durán trabaja en la policlínica municipal Aquiles Lanza. Allí atiende gente llegada desde Sayago, Paso Molino, Nuevo París, entre otros barrios. Hasta antes de 2002 –explicó el médico– se podía ver un caso de sífilis en el embarazo una vez al año, o cosa similar, pero no mucho más. Hoy, de 90 embarazadas que controla en la policlínica, siete tienen sífilis ya confirmada. Además le hacen el test rápido a todo paciente que lo solicite o que el médico entienda que es pertinente, y los registros positivos en la población atendida rondan el 8 por ciento. En Montevideo, las zonas donde han detectado mayor concentración son los barrios (y zonas aledañas) del Cerro, Pajas Blancas, Sayago y Ciudad Vieja, explicó a Brecha el director de Salud de la Intendencia, Pablo Anzalone, como dato confirmatorio de la vinculación entre pobreza, exclusión y sífilis.
El subsecretario del msp, Leonel Briozzo, que también es profesor titular de la Cátedra de Ginecotocología A, contó a Brecha que en el Pereira Rossell el número de partos disminuyó. Hasta hace cinco años había alrededor de 10 mil anuales, hoy son 7 mil, producto en buena medida de la reforma sanitaria que permitió la migración de ciertos sectores al mutualismo. “Quedó en el hospital el sector con mayores riesgos, pero ha disminuido el número total de partos. Entonces, al comparar la frecuencia relativa, el porcentaje de sífilis aumentó.” O sea que es en el núcleo más pobre donde se presenta la mayor cantidad de enfermos. “No sé si es ese el único motivo que explica un incremento tan importante, que nos tiene realmente muy preocupados. Tenemos mucha dificultad para convencer a estos sectores de que sigan las pautas de tratamiento. Estamos fallando, y debemos revertir la situación con planes generales, pero también con elementos específicos destinados al trabajo en la población usuaria del Pereira”, dijo el subsecretario.
Durán percibe que el cambio se dio durante la crisis de 2002. Nunca como en aquel tiempo había visto “hambre en mis pacientes”, recordó, antes de contar que hasta ese momento tenían buena captación de las embarazadas y buenos controles. Pero aquel maremoto tiró abajo buena parte del trabajo que se venía haciendo. Las urgencias de la gente pasaron a ser otras, y las visitas al médico quedaron relegadas; el retiro de los condones gratuitos que ofrece la policlínica también se hizo más esporádico. Hay que pensar también que la crisis haya provocado cambios en las prácticas sexuales de los uruguayos, y que esos cambios hayan contribuido al empuje de la enfermedad.

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