Brecha Digital

“Ni acostadas, ni rasuradas, ni cortadas”

Con su esposo, el psicólogo Arnaldo Gomensoro, comparte una dupla de referencia en temas cada día más actuales y urgentes: salud reproductiva, educación sexual, equidad de género. Su casa de Paso Carrasco es, desde hace más de cuatro décadas, un espacio de reflexión crítica sobre la vida en pareja, que desafía los tabúes, los preconceptos y los poderes imperantes. Mientras describe las “rutinas inútiles” del parto, que vincula con el “poder médico”, no duda en señalar la manipulación que envuelve a la controversia sobre la vacuna contra el virus del papiloma humano. “Lo único incontrovertible es que se trata de un negocio de multinacionales”, afirma convencida.

 

Nacida en Trinidad el 2 de diciembre de 1935, estudió magisterio antes de radicarse en Montevideo a los 20 años, con su primer esposo y su primer hijo. “Vinimos a vivir a la calle Guadalupe, en el barrio Goes, y luego nos mudamos al Reus. Allí conocí a Aurelia, una partera mayor, que me motivó en la formación y el activismo en favor de los derechos de la mujer. La escuché y sentí que era una buena idea, que me ayudaría a despejar algunas dudas sobre mi futuro. Estudié con mucho sacrificio, porque trabajaba, estaba separada del padre de mis dos primeros hijos, y concurría a la Escuela de Parteras de la Facultad de Medicina, hasta que me recibí en 1964.”
Su actividad profesional se inició en las guardias de la Maternidad del hospital Pereira Rossell, y luego en el Servicio de Asistencia Externa del msp, de donde fue despedida por la dictadura “en forma confidencial y sin explicación”, dice. Con experiencia en policlínicas de contexto crítico (Monterrey y Colonia Nicolich), en 1968 ingresó como voluntaria en la Asociación Uruguaya de Planificación Familiar (Aupfir), creada por el eminente médico obstetra Hermógenes Álvarez. “El profesor estaba preocupado por la muerte de muchísimas mujeres a causa de abortos mal realizados, estaba convencido, y con razón, de que una forma de atenuarlos era un servicio de atención e información sobre métodos anticonceptivos.”
Hasta 1992 trabajó como jefa de Educación de Aupfir, en una dupla técnica memorable con su esposo, el psicólogo Arnaldo Gomensoro. En 2002 participó en la fundación de la filial uruguaya de la Red de Parto Humanizado, que dos años antes había sido creada en Fortaleza, Brasil.
Elvira Lutz fue integrante del Claustro de la Escuela de Parteras de la Facultad de Medicina por el orden docente, y coordinadora de la Relacahupan Uruguay. En la actualidad es consultora latinoamericana sobre parto humanizado y activista por los derechos sexuales y reproductivos de la mujer.
Está casada con Arnaldo Gomensoro, un referente de la salud mental aplicada a la sexualidad, que a sus 90 años sigue produciendo reflexión sobre sexología, educación sexual, relaciones de pareja. “Supe de su existencia cuando le llevó a mi segundo esposo, Mario Pazos, los originales de su libro Educación y crisis.* Mario era un muy buen gráfico, anarquista, con quien compartía la tarea de corrección de textos. Así comencé a leer su pensamiento, que me resultó interesante, recién después lo conocí personalmente en la militancia social. Luego construimos un matrimonio que comparte amor, trabajo, ideales, y muchas vidas, entre hijos, nietos y amigos.”
Lo que sigue es un resumen de la charla que mantuvo Elvira con Brecha.

—¿Cuánto influyó su experiencia inicial en Salud Pública, en su definición por el parto en casa?
—No es que tenga definición terminante, creo que es una opción, y respeto el derecho a decidir donde parir. Mi primera actividad profesional fue en el Servicio de Asistencia Externa del msp, allá por mediados de los sesenta. En cada turno dos parteras cubríamos la guardia, tanto de día como en la noche, de ocho a ocho. Nos trasladábamos en una ambulancia con chofer y una enfermera, para atender llamados de personas que vivían en áreas de extrema pobreza, en la periferia de Montevideo, sin cobertura sanitaria. No eran partos coordinados, todo lo contrario: ¡eran desesperados! Nos llamaban cuando había una mujer sangrando, un trabajo de parto avanzado, o un nacimiento ya producido. Muchas de aquellas madres vivían entre las privaciones y la falta de higiene, en casitas de lata y cartón, con muchos niños y rodeadas de perros. Siempre recuerdo lo vivido por una compañera, que después de atender un nacimiento, tomó la placenta en sus manos para observar si estaba completa; un perro hambriento se abalanzó y se la quitó para comérsela.
—¿Qué es la Red de Parto Humanizado?
—Un movimiento internacional que respeta los derechos sexuales y reproductivos, que defiende el derecho de la mujer a elegir libremente sobre el nacimiento de sus hijas e hijos; a decidir donde parir, cómo y con quién. Promovemos la humanización del parto, tanto en la salud pública como la privada, y el derecho a realizarlo en el domicilio, si lo prefiere la embarazada, su pareja, su familia. El hogar es un sitio de paz, compartido con nuestros seres queridos, con los objetos y las percepciones que amamos, en cambio las maternidades son medios hostiles, donde entran y salen desconocidos, con iluminación excesiva, y dominadas por la parafernalia médica. La embarazada no es una enferma, aunque se le llame “paciente”, un término que nos despersonaliza, que nos vuelve vulnerables, cuando en el momento del trabajo de parto, y en el parto, lo que más necesitamos es sentirnos personas. Yo nací en mi casa, mi primer hijo nació en su casa. Mi nuera tuvo hace nueve meses a nuestra nietita acá en casa, con el acompañamiento y la contención de dos apreciadas parteras. ¡Fue una experiencia repleta de vida, tranquilidad y seguridad! También tuvimos dos nietitas en la maternidad, una por rotura prematura de membranas y la otra porque fue necesario el fórceps. Cuando se necesita, bienvenida sea la atención médica.
—Pero los argumentos a favor de los partos hospitalarios son sanitarios...
—Sí, es la versión oficial, que nos preocupa aun más cuando viene de las autoridades de Salud Pública de un gobierno progresista. Ellos se oponen al nacimiento en el domicilio, con el argumento de que el parto institucionalizado bajó la mortalidad; una verdad relativa, sólo admisible en aquellos casos en que no existe cobertura de salud, o cuando la inserción social y económica es compleja. Desde siempre las parteras han atendido en domicilios, y no hay datos de accidentes. En mi pueblo, Trinidad, cuando era niña había una casa de partos a la que iban las familias del campo para tener a sus bebés, sin medicalización ni imposiciones. ¿Quién gana con el nacimiento en las maternidades? Las opiniones a su favor, más que sanitarias, provienen del poder médico. Cuando una mujer es ingresada en trabajo de parto, lo primero que le hacen, además de otras rutinas inútiles, es introducirle una vía en el brazo. ¿Saben para qué?
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