Un mundo de ajustes permanentes
- Última actualización en 28 Septiembre 2012
- Escrito por: Tania Ferreira
—¿En qué consiste ese nuevo y definitivo salto que anuncia para la red?
—Podemos decir que ha habido hasta ahora dos grandes saltos en el mundo de Internet. Antes de los años noventa, si no eras una persona experta no tenías forma de manejarte en el mundo virtual, por eso fue un salto importante el concebir todo ese mundo abstracto como una red, como un libro desencuadernado. Para lograr la ergonomía de que ahora goza Internet se debió unir toda esa hipertextualidad; si lo piensas como un libro desencuadernado pinchas aquí y allí, y desde ahí vas a otro lado mediante enlaces.
Luego llega el segundo paso: cuando todo eso crece y hay demasiadas páginas es necesaria una navegación. Es ahí donde aparece el modelo de algoritmos y las máquinas lectoras de Google. Sin ese avance no tendríamos el mundo web que tenemos hoy, pero ese modelo ya ha tocado techo.
Cuando la explosión de información haya sido exponencial, llegará el tercer gran momento: el de la especularidad, es decir, de Internet como espejo. Y ese paso lo dará –si no se le adelanta alguien más– el propio Google, a través de Google Plus, que es su red social. Porque utiliza mecanismos que detectan con quién hablas, qué hablas, qué te gusta, en qué círculos y redes sociales te mueves.
—¿De qué se trata esa metáfora del espejo? ¿Qué significa que nos vemos reflejados en el nuevo mundo virtual y –como usted dijo en su conferencia– no nos gusta lo que vemos?
—Cuando entramos en la red dejamos una huella. La red es como la arena de la playa: si quieres pasear, inevitablemente dejas huellas. Y dejas muchas más que las de tus pies, porque vas construyendo progresivamente trazos, un perfil de cómo eres, de cómo te comportas, qué te gusta, qué ves, qué haces, dónde vas, cuánto trabajas. Vas construyendo una imagen y ese perfil hace que cada vez seas más reconocible en “el otro lado”.
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