—¿Qué sensación le queda luego de haber participado de la negociación para este nuevo proyecto de ley, y que éste haya sido votado?
—Por un lado siento satisfacción, pero con un retrogusto amargo, como decía una publicidad. Creo que se trabajó mucho, muy fuertemente, y cerramos un ciclo. Si esto es despenalización, o si legaliza el aborto para ese sector de mujeres que cumplirán con todas los requisitos, es una interpretación jurídica que cada vez me resulta más ambigua. Creo que el proyecto no es lo que queremos pero mejora lo que había. Tengo una sensación de satisfacción porque pudimos dar un debate serio aunque no haya cambiado ninguna posición. Los que estamos a favor de la legalización tuvimos que, con mucha seriedad, bancarnos argumentos fundamentalistas del otro lado. Logramos una convivencia en la comisión, que empezó siendo complicada, y luego conseguimos que fuera políticamente responsable.
—¿Complicada por qué?
—Porque empezó siendo muy agresiva, con chicanas políticas. Hubo distintos tipos de argumentos: Algunos basados en criterios religiosos, que yo podré catalogar de conservadores pero eran muy contundentes e inamovibles. Otros son estrictamente políticos. El que expresó más esa posición fue Javier García (hay que reconocer que también fundado en su condición de médico). Empezó planteando la venida de Tabaré Vázquez a la comisión; más interesado en exponer públicamente a la bancada del fa enfrentada al ex presidente que en conocer su opinión.
Hubo un tercer tipo de argumentos, de los que queríamos la legalización, pero como no podíamos conseguir llegar a ese punto, aceptamos que dar un paso era mejor que no dar ninguno, y negociamos. Nos apoyamos en los compañeros del Senado y también hicimos consultas, más allá de las formales, con la Coordinadora por el Aborto Legal, con la Unidad Temática de Derechos de las Ciudadanas, del fa, etcétera. La mayoría estaba de acuerdo en que era mejor dar un paso. Ahora el pit-cnt, mysu y la Coordinadora han hecho sus cuestionamientos; me parece bien. Pero quiero dejar claro que nosotros en su momento consideramos con la Coordinadora si dar o no un paso, y el único que se opuso radicalmente respecto a no hacer nada y mantener la ley del 38 fue Rafael Sanseviero, que tiene una posición que yo respeto mucho.
(Iván) Posadas tuvo una actitud negociadora en un aspecto, pero sabía que estaba en una posición de fortaleza. Fue políticamente importante la articulación con él y creo que el saldo es positivo. Entiende un poco mejor la racionalidad de la izquierda mayoritaria (él se dice la otra izquierda). En medio de eso también tuvimos la presencia de (Víctor) Semproni, que tiene posiciones firmes en algunos temas y supervisó cada término para dar su voto.
La primera enseñanza es que cuando vos estás en el borde de la mayoría, todos son el voto 50. Y cada uno se arroga la fortaleza de ser el voto 50 –en realidad es una debilidad– pero eso metió presión.
—Yendo ya a la redacción: ¿este proyecto significa una renuncia a la filosofía que sostenían los proyectos anteriores?
—El votado en el Senado legalizaba por la sola voluntad de la mujer. Las dos cosas más importantes que perdimos es que no se legaliza (se despenaliza), y se le pone un plazo al aborto con causal de violación, de 14 semanas. Ninguno de los anteriores ponía plazo. Esto fue pedido especialmente por varias comisiones de bioética.
—Cuando digo cambio de filosofía me refiero al énfasis dado anteriormente a la autonomía de la mujer para decidir. En éste aparece cercenada desde el momento en que debe pasar por una consulta con varios profesionales.
—No. En el artículo 2 se dice que la mujer podrá interrumpir el embarazo según su propia voluntad…
—Pero hay obstáculos a salvar...
—Hay obstáculos fuertes que son los prerrequisitos, que no los pudimos cambiar. Peleamos hasta el último día para reducir algunos.
La ley tiene demasiado texto –lo discutimos mucho con Posadas–, algunas cosas podrían haber estado en la reglamentación, pero no se pudo negociar otra cosa. La pregunta de fondo es: ¿la renuncia a ciertas aspiraciones habilita logros? Nosotros evaluamos que sí. Y el logro fundamental es que despenaliza y sienta antecedentes jurídicos: la mujer puede interrumpir según su voluntad. La lectura que algunos hacen sobre que el equipo disciplinario de profesionales al que consulta la mujer es un tribunal, es una lectura ideologizada. En algunos casos puede ser que actúe bien y en otros no. Pero el sentido y el fundamento de esa comisión es el mismo que tiene Iniciativas Sanitarias. Sabemos que habrá dificultades para implementarlos efectivamente en todas las capitales departamentales y en todas las localidades. Pero hoy estamos peor, porque las eximentes del aborto previstas en la ley del 38 tienen que pasar por una única comisión, en el msp, en Montevideo. Ahora estamos mandatando a que esos equipos existan en todo el país. Se hará de a poco, pero porque hoy no los tengamos en todos lados no vamos a inhabilitar la fuerza del mandato de que existan.
—¿El pasaje por ese equipo multidisciplinario puede ser un factor que inhiba a las mujeres de realizarse un aborto “legal”?
—Creo que el principal déficit de la ley es la eficacia en ese sentido. Los requisitos son fuertes, por lo tanto las mujeres más vulnerables, las que están más solas, las adolescentes que tienen mucho temor a pasar por tanto lado, seguramente queden fuera. Por eso la diferencia entre el artículo 1 del proyecto del Senado y el artículo 2 de esta ley es una diferencia importante.* La pregunta es: ¿eso amerita quedarnos con la ley del 38? Yo no estoy renunciando a ningún principio. Estoy diciendo: esta es la ley que conseguimos. Y desde el martes en adelante se abrió otra agenda, una de compromiso político, que implica que el msp se haga efectivamente cargo de presionar a las instituciones de salud para que esto funcione con fluidez, que las organizaciones sociales ayuden a que esas mujeres puedan transitar por esos requisitos, y que se formen los equipos multidisciplinarios; y también de involucrar al sistema judicial, cuando se trata de menores.
Por otro lado, la ley tiene una virtud importante. Obliga a recoger información. Esto está leído ideológicamente (me refiero al sentido marxista del término ideología, de encubrimiento de la verdad) como que puede ser un mecanismo de control y persecución de las mujeres. Es un mecanismo de registro real de la información que obliga a la institución de salud a registrar y que ese registro esté sujeto a la privacidad absoluta. Está obligado el msp también. Y nosotros estamos obligados a evaluar los efectos de la ley dentro de un año. Acá hay mucho “gregré” con los abortos que suben y bajan, si los registros de iniciativas sanitarias son confiables o no, o si la experiencia es negativa o no. Queremos terminar con eso. Parte de la transparencia, y parte de la transferencia de lo privado a lo público y a lo político, pasan por generar datos e información oficial, responsable y seria.
—Recuerdo un argumento que decía que mientras el aborto sea ilegal a las mujeres les costará dejar su firma estampada en un documento que dice que abortaron.
—Es que en realidad es legal. El artículo 2 suspende, no aplica el Código Penal. No eliminó los artículos pero sí se los elimina para los casos donde se cumplen los prerrequisitos. La mujer no debería tener resistencia. La resistencia es cultural. Entiendo perfectamente que cuesta firmar porque lo tenemos en el adn como algo ilegal. Cotidiano sí, pero sin firma y registro. Entender que esto no tendrá control, persecución ni sanción legal, va a llevar un tiempo largo. Como todo cambio cultural.
—Y qué pasará de aquí en adelante en el plano legislativo. Parece improbable que en los próximos siete u ocho años haya un movimiento que aproxime la legislación a lo que el Frente aspiraba en su momento… Lo digo pensando en la posibilidad de que Tabaré Vázquez sea el próximo presidente.
—Quedó clarísimo que toda la oposición piensa que Vázquez será el próximo presidente. Por eso las actitudes dilatorias de algunas bancadas. Por eso las presiones. Bordaberry espera que Mujica vete la ley. Ahora van a apuntar a eso, y al Senado. Imagino a la Iglesia y el lobby evangélico también. Nosotros, frenteamplistas que también creemos que Tabaré Vázquez será el próximo presidente, queríamos votar esto ahora, para no repetir aquella historia. Aunque si no hubiera más remedio la repetiríamos…
—¿Con el mismo final?
—Puede ser. No quiero especular. Este era el momento para nosotros. Si bien rebajamos objetivos, creemos que era lo que teníamos que hacer por las mujeres que se van a ver beneficiadas.
—Bien, pero la postura del Frente Amplio parece digna del estudio de la sociología política: si una intención legislativa demora 27 años en ver la luz, como es el caso, debe ser por varios motivos. Uno de ellos, la propia resistencia social. Aquí eso fue cediendo, la sociedad fue aceptando el aborto, pero el fa parece haber ido en sentido contrario, y cuando, 27 años después de los primeros intentos, tenía finalmente la posibilidad de promulgar el proyecto más progresista, a duras penas logró aprobar el más restrictivo. Es como un proceso inverso
—El fa no hizo el proceso inverso. La sociedad fue incrementando su adhesión, es verdad. Las encuestas dicen que crece la adhesión y decrece el rechazo. Con el fa pasó una cosa muy sencilla: en 2008 tenía más mayoría de la que tiene hoy. No precisaba el voto de otro partido para aprobar la ley. Cambió el perfil de la mayoría legislativa. El fa votó la ley más progresista, que es la de derechos en salud sexual y reproductiva. Es una ley basada en derechos que contemplaba el aborto por la sola voluntad de la mujer, una ley que nos expresa realmente ideológicamente. Después la vetó el presidente, y no teníamos los dos tercios. Después votamos el proyecto en el Senado en 2011, y ¿por qué rebajamos en Diputados?, porque no tenemos la mayoría. Los objetivos programáticos están vinculados a la posibilidad efectiva de poder realizarlos. Una cosa es tener un programa muy progresista y otra poder votarlo en Cámara. No hay una rebaja ideológica, porque nosotras, mujeres y hombres del fa, sabemos que esta lucha no terminó. Sería retroceso si hubiéramos renunciado a los principios. No renunciamos a eso, sí a una ley porque no teníamos los votos.
—Entonces hablemos de estancamiento…
—… pero el estancamiento es político, no filosófico.
—Es igualmente grave.
—Y claro, si no tenemos los votos.
—Pero no hay votos porque un diputado se negó a votar con la mayoría, a retirarse de sala, a pedir licencia y a cualquier cosa que habilitara destrabar. ¿Por qué esto no es asunto político, como sucede con otros temas?
—Porque hubiéramos sido cuestionados también por eso. El fa no necesita un revólver en el pecho de nadie para asumir responsabilidades políticas. Debería poder hacerse en función de sus compromisos políticos.
Personalmente censuro moral y políticamente lo actuado por (Andrés) Lima. Eso no se hace. Se hace lo que hizo Chifflet. Eso es ética política, lo que espero de un frenteamplista. El diputado Lima tiene una posición religiosa muy contundente y toda la línea de suplentes también. Yo cuestiono moral y políticamente lo que hizo –y esta es mi posición, que no compromete a nadie más–, no por no votar; el fa decidió que no fuera asunto político para dejar en libertad moral, intelectual y filosófica a quienes integramos la fuerza. En nuestra bancada un diputado no acompañó, pidió licencia y se fue. El caso de Lima es distinto. Que tú sometas a la mayoría del fa, que obligues a la rebaja de objetivos políticos y ciudadanos porque individualmente no crees en algo, es irresponsable política y moralmente. Si Lima y toda su línea de suplentes se hubieran ido, la Corte Electoral hubiera podido convocar a los suplentes respectivos de otra línea, y hubiéramos apoyado el proyecto del Senado, que legaliza el aborto y no establece plazos para los casos de violación.
No soy juez de nadie, comprendo los reparos morales y religiosos para votar la ley. No comprendo que nos haya tomado de rehenes. El señor Lima, cuando aceptó ser candidato a diputado, con un programa de gobierno que incluía en su página 75 la despenalización del aborto, ¿no hizo objeción de conciencia? ¿Cómo pudo competir y obtener una banca basándose en un programa de gobierno que él le presentó a la ciudadanía y que incluía ese punto?
—¿Por qué se decide dar libertad de conciencia respecto al aborto y no para votar sobre las tropas en Haití? Usted mencionó a Chifflet, y su posición contraria a la mayoría en ese tema también involucraba convicciones ideológicas, filosóficas, apego a ciertos principios que rigen su vida… Por otro lado, esta libertad de conciencia ha sido utilizada para exponer como argumento (por uno y otro lado) situaciones personales, y con eso se pretenden legitimar votos que inciden sobre el colectivo en temas de derecho y salud pública. ¿No es un abuso?
—Preguntá a la dirección del fa por qué no se resolvió esto como cuestión política. La explicación que yo tengo, y la acepto, es que como este tema cruza cuestiones religiosas y personales muy diversas, hay que generar un espacio de respeto para eso. Lo que no se esperaba y no se quiso hacer fue poner un revólver en el pecho y decir, señor usted tiene derecho a disentir con la medida pero tiene que hacerse responsable políticamente de las consecuencias de su acto.
—¿No hay sanciones?
—El fa no tiene mucha posibilidad de aplicar sanciones. Lo que se puede hacer es trasladar el tema al Tribunal de Ética Política para que se sancione. Al pc se le suspendió seis meses la participación en los órganos de decisión del fa, cuando se votó la ley de educación. La principal herramienta es el poder ciudadano, el costo político que hacen pagar los ciudadanos. Creo que cuando una persona subordina su opción personal al interés general de política pública, también está haciendo un cálculo electoral. Una ley votada 50 a 49 es una ley de mayoría mínima. Y hay gente que va a especular electoralmente con eso. n
* Proyecto aprobado en el Senado y que quedó trunco en Diputados: “Artículo 1. Toda mujer mayor de edad tiene derecho a decidir la interrupción voluntaria de su embarazo durante las primeras 12 semanas del proceso gestacional”.
Proyecto aprobado en Diputados: “Artículo 2. La interrupción del embarazo no será penalizada, y en consecuencia no serán aplicables los artículos 325 y 325 bis del Código Penal, para el caso que la mujer cumpla voluntariamente con los requisitos que se establecen en los artículos siguientes y se realice antes de las 12 semanas de gravidez”.