Pensarlos es pensarnos

Violencia y sistema carcelario

Tomarnos un tiempo para reflexionar, esquivando los tiempos cortos que imponen los medios y los avatares de la política, es uno de los objetivos que busca el curso sobre “Violencia y sistema carcelario” que el Serpaj imparte estos días a diversos operadores del sistema. “Nos proponemos interpelar la mirada hegemónica sobre la privación de libertad, que la sigue considerando como una práctica eficaz, y cuestionar la política criminológica que sigue el Estado”, señala Ana Juanche, coordinadora del Serpaj-América Latina, a la hora de explicar los objetivos del curso “Violencia y sistema carcelario. Lecturas y abordajes multidisciplinarios”.
Desde al pasado miércoles 24 hasta el 31 de octubre el Serpaj está trabajando con operadores de los sistemas judicial y carcelario, estudiantes universitarios, educadores, profesionales de la salud, de las ciencias sociales, del derecho y funcionarios del Ministerio del Interior, así como con actores no estatales.
Uno de los objetivos del curso consiste en “develar la concepción que subyace a la reforma del sistema carcelario, que no está pensada desde el paradigma de los derechos sino desde la seguridad”, explica Juanche. La integrante del Serpaj fue especialmente dura con el Poder Judicial, ausente en esta convocatoria: “Nunca está donde se discute la realidad, sigue anquilosado en sus maneras arcaicas de acercarse al fenómeno de la delincuencia, y sobre todo no son capaces de ver que la fuente del problema es la conducta punitiva de los jueces que al no aplicar medidas alternativas y al usar la prisión preventiva como regla y no como excepción son responsables de la saturación de las cárceles”.
Como ejemplo de que el encarcelamiento masivo no soluciona aquel problema que supuestamente debería acotar, señaló que siete de cada diez prisioneros son reincidentes en el área metropolitana. “El Poder Judicial es un bastión de conservadurismo que da la espalda a la realidad mediante una utilización compulsiva de la privación de libertad”, dijo Juanche a Brecha. Agregó que ese sector ha llegado a esa posición como consecuencia de su “formación”, su carácter “de clase” y de la generación a la que pertenece la abrumadora mayoría de sus integrantes.

TRABAJO, QUIERO TRABAJO. El análisis del Serpaj sobre el contexto del sistema carcelario aparece focalizado en los cambios que atraviesa la “cuestión social”, que generan situaciones que define como “incertidumbre, inquietud o enigma de una sociedad acerca de sus aptitudes para mantener la cohesión entre sus miembros”. A esa situación se habría llegado por la pérdida de centralidad del trabajo asalariado, que era el soporte de la inscripción social de los ciudadanos.
La desregulación del mercado de trabajo, inestabilidad y precariedad, bajos salarios y subocupación generan una categoría de personas “prescindibles”, en la medida en que “no responden a las exigencias actuales de dicho mercado”. El 62 por ciento de quienes están privados de libertad tiene menos de 32 años; 35 por ciento no tenían ocupación alguna al ingresar a la cárcel, y quienes trabajaban eran mayoritariamente (64 por ciento) trabajadores informales sin acceso a la seguridad social.
En suma, las cárceles están pobladas de personas sin oficio ni empleo estable, que no acceden al medio por excelencia de integración social, y que han perdido “todo contacto con la red o el entramado social que les da sostén y amortigua las situaciones adversas”. Una situación que, en este análisis, estaría dando lugar a una “ciudadanía de baja intensidad”, siempre focalizada en los jóvenes pobres, en los que “se condensan todos los miedos” de una sociedad que necesita estigmatizar para sentirse a salvo.
Los sociólogos Luis Eduardo Morás y Rafael Bayce, el economista Óscar Mañán, el psicólogo Miguel Scapusio, el abogado Martín Fernández y la magíster en derechos humanos Ana Juanche son los encargados de complejizar una mirada sobre la sociedad y las prisiones con el objetivo, como apunta el Serpaj, de entender qué le sucede a los que habitan las prisiones. Ese ejercicio puede despejar el camino para entender cómo se representa a sí mismo el poder que los encierra y, sobre todo, “qué pretende de la sociedad y los sujetos”. Para hacerlo es imprescindible buscar ideas y acciones alternativas a “los pensamientos colonizados por la lógica de la seguridad global”.{/restrict}

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