Saliendo del siglo xix
- Última actualización en 26 Octubre 2012
- Escrito por: Raúl Zibechi
Trabajo y pobreza rural
Los avances registrados en la pobreza rural y en la regulación de las relaciones laborales tienen su contrapartida en el desembarco de grandes multinacionales que controlan el acceso a la tierra, lo que consolida bolsones de pobreza y baja productividad.
“La debilidad de los sindicatos rurales, principalmente en algunas ramas como tambo, ganadería y agricultura de secano, constituye una limitación persistente a la modernización de las relaciones laborales”, puede leerse en el capítulo dedicado a Uruguay en la investigación Políticas de mercado de trabajo y pobreza rural: un análisis comparado, realizada por la Oficina Regional de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (fao).
El trabajo fue presentado el miércoles 10 con la participación del ministro de Trabajo, Eduardo Brenta, y del ex ministro de Ganadería Ernesto Agazzi, entre otras autoridades. La investigación contó con la colaboración de la oit y la Cepal y abarca a 12 países de la región, correspondiendo a Martín Buxedas, Marcelo Perera y Marcela Barros la redacción del capítulo sobre Uruguay.
Los principales cambios que se destacan en las relaciones laborales son la instalación desde 2005 de ámbitos de negociación colectiva (consejos de salarios) y el establecimiento de la ley de ocho horas en el área rural así como normas legales de protección a la actividad sindical.
Según la investigación de la fao, la pobreza rural ha descendido en gran medida por el ciclo de crecimiento sostenido del sector, pero persisten graves problemas vinculados al acceso al “empleo decente” o de calidad y los altos niveles de informalidad.
Los departamentos con mayor pobreza rural son Cerro Largo, Tacuarembó, Paysandú y Artigas, con promedios superiores al 30 por ciento. En opinión de la fao , esto se debe a que “ el crecimiento de la agricultura se ha concentrado en algunos pocos productos” y además “se ha concentrado en un número reducido de grandes empresas”. En este sentido la realidad uruguaya no se diferencia mayormente de las tendencias regionales, donde se constata una “fuerte tendencia a la concentración y trasnacionalización, organizados mediante cadenas globales de valor cuyos procesos de transformación y distribución se caracterizan por barreras de entrada cada vez mayores para los pequeños y medianos productores”.
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