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Doctor, reformúlemelo

El vínculo entre transexuales y médicos

El debate sobre si la transexualidad es o no una patología se va instalando, aunque los psiquiatras no parecen demasiado entusiasmados con eso. La ruta del cambio de sexo revela otros dilemas: reglas previstas para garantir derechos pueden convertirse, burocracia mediante, en la mejor forma de vulnerarlos. Esta cobertura se asoma también a la inconclusa historia del primer uruguayo que, nacido mujer, intenta migrar hacia un cuerpo masculino.

 

Hay gran diversidad de pensamiento en torno a la diversidad sexual. Y también ignorancia. Sobre todo cuando se trata de trans, un grupo del que no hay datos cuantitativos ni consensos cualitativos.
En el caso de los transexuales (aquellos que necesitan pasar por operaciones de reasignación de sexo porque se sienten atrapados en un cuerpo que no les corresponde), el vínculo con la medicina es inevitable. Por eso son cruciales la formación que reciban y la opinión que formulen, al respecto, los médicos.
El conocimiento científico generado sobre las expresiones trans, postula el psicólogo Paribanú Freitas, está ligado a la convicción de que se trata de prácticas patológicas. El manual de psicopatologías más consultado en el mundo –el dsm, por sus siglas en inglés– continúa definiendo a la transexualidad como producto de un trastorno de identidad o de una disforia de género. La primera de las categorías implica reconocer que la persona no manifiesta ninguna otra cosa que la asociación con un género diferente al asignado biológicamente. O sea, “que la persona quiere transitar en el género y que eso no obedece a ninguna patología”. “El término es súper perverso –plantea Freitas–, porque implica asignar un nombre psicopatológico a la certificación de que no existe ninguna psicopatología.” La segunda categoría supone un cuadro de depresión o un trastorno del humor vinculado a una insatisfacción con el sexo biológico.
Por esto es que un reducido grupo de profesionales de la Facultad de Psicología, del que forma parte Freitas y al que se han ido sumando activistas trans, se plegó a la movida mundial Stop Trans Pathologization que, entre otros puntos, reivindica que la transexualidad deje de figurar en el dsm. Algo así como lo que ocurrió hace 40 años con la homosexualidad, que hasta la década del 70 era considerada un trastorno mental por la colectividad internacional de psicólogos y psiquiatras.
Sobre la formación que se hace en la Facultad de Psicología, Freitas y Noelia Correa –otra docente de psicología que integra el grupo Despatologización Trans– aclaran que en cuarto año se enseña el manual y se estudian los trastornos que éste indica: “Lo que no sabemos es si hay algún tipo de cuestionamiento”. Las teorías sobre la construcción de la subjetividad mediada por cuestiones sexuales se enseñan a través de la teoría libidinal de Sigmund Freud, “teoría absolutamente heteronormativa. Hay espacios disidentes, pero son incipientes. Lo que no quiere decir que no exista una perspectiva de género, que seguramente cuente con gran base popular entre los docentes”.
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