Brecha Digital

Apuntes en el Expreso Pocitos

I
Un café renegrido, áspero, dulce, del que se acepta sólo el primer sorbo como un remedio imprescindible, como una prenda a pagar en un juego, como un peaje aceptado con gusto con tal de estar allí, pasando el tiempo entre otra gente, ajena, próxima, mirándolos. Mirándolos y viendo, al fondo, el mar.

 

II
Hablaban furiosamente quietos, con rápidas ráfagas de palabras letales:
—Yo te dije– le dijo.
—Esperé que dijeras– murmuró con labios apretados.
—¿Entonces, nunca?
—Nunca.
Murieron los dos sobre la mesa.
Se fueron sin ser más los que ahí quedaron.

III
Fumabas mirando hacia la puerta del bar. Fumabas moviendo con cansancio tu larga mano con pulseras de oro. Cuánto debían pesarte. El gesto lento descorría un telón sobre tu cara triste. Finalmente vino. No lo viste.

IV
¿Viste que ya llegué? Sí, son lindos. Y nuevos. Y elegantes. Y caros. Y convierten el pie en imán adorable, en sexy joya, en adorno, en conjuro. Te digo, a pesar de eso: para venir hacia aquí con apuro y de lejos son mejores los viejos.

V
Un pequeño papel, un pequeño dibujo en la servilleta de un café donde  espera otra vez ser feliz.

VI
¿Séptimo regimiento? Demasiados licores. ¿María, la sangrienta? Su color espeso me hace mal. ¿Un gin? Me mata. ¿Ginebra? Es melancólica. Pálida de frío quiero mi Margarita con su beso de sal.

VII
Ella olvidó teñirse el pelo, pero sonríe como una novia; él, un poco encorvado, sirve el té para dos y le habla de algo que debe haberle dicho mil veces al oído. Parece que repitieran un cuento. Parece que conocieran algo encantador y privado, uno del otro. Parece que fueran felices.

VIII
Cabeceó diciendo que sí al sueño, al esplín, al olvido. Sin penas ya y sin whisky en el vaso. Se quedó dormido a contraluz y solo, infinitamente triste en los espejos.

IX
Rosas esmirriadas que abriga el celofán como si fuera el tapado de armiño que nadie te compró. Frágiles rosas con frío como vos sin espinas para defenderte.

X
Cuando se dice chau sin pretender explicaciones, sin bronca, sin llorar; sin decir perdoname ni te quiero ni ¿te acordás? Cuando se dice chau sin un reproche es que se dijo para siempre chau.

XI
De política. De literatura. De encuentros –porque se vuelve siempre después de años de viaje o de años de rencor–, de películas vistas o de sueños perdidos. Del azar rechazado en el número trece o en la frase que nunca se aceptó. De breves alegrías y de desdichas breves conocen estas mesas. De la noche, que es larga. De saludar el día. De querer ser poetas y de saber que no.

XII
Lentos como jueces; vocacionales como actores de teatro; sin asombro ante nada como párrocos. Con largos delantales negros. Los intemporales mozos del Expreso Pocitos.

XIII
“Je suis Modigliani”, decía entre las mesas sosteniendo papeles signados con trazos elegantes, escuetos, musicales. Y alguno alguna vez le compraba un dibujo. Lo transformaba en vino y volvía, con su belleza insoportable, su talento, su fiebre, su amor insoportable, a abrazar a Jeanne.

XIV
Tan difícil, tan fácil como bailar un tango fue caminar así, de ese modo trenzados. Como si nada nunca nos hiciera soltarnos o como si cualquier cosa pudiera separarnos.

XV
Había un cielo Magritte con una sola nube flotando en la ventana del bar para nosotros dos. Había un aire suave y una suave alegría de encontrarnos tan bien. Y era todo tan lindo y tan sencillo que no dijimos nada memorable ni vos ni yo. Nada como para escribir un poema hoy.

Comentarios   

 
0 #3 Gonzalo Estefanell 03-11-2012 13:15
Si el ultimo apunte no es poesia (como la capacidad de reinventarse cada vez que se lee, Ecco dixit), no se que es poesia, Ana.
Citar
 
 
0 #2 Gloria 02-11-2012 14:29
Es un placer leer estos poemas en prosa? No sé, simplemente maravillosos!
Citar
 
 
0 #1 Peter V. 02-11-2012 02:01
15 apuntes maravillosament e buenos!

Gracias
Citar
 

Escribir un comentario