Dos años del CUDIM, el “ministerio” de Henry Engler
Detrás del Centenario y el Clínicas asoma una nueva tradición nacional: la investigación de punta en ciencias de la salud. La recorrida de Brecha permite constatar cuánto ya significa el cudim en este plano y cuánto de él se puede esperar. Parece cercano el momento –por ejemplo– en que se anuncie una terapia para el cáncer sin vómitos ni pérdida de cabellos. Pero otra tradición criolla, la de los palos en la rueda, también trabaja.
Está ahí, a la vista de todos, a medio camino entre el Estadio Centenario y el Hospital de Clínicas. Impecable e implacable, pero no anuncia lo que contiene. Mientras espero, todavía desde afuera, lo miro con más atención de la que jamás le haya prestado. Y ahora sí me recuerda a algo, algo distante y ajeno. Vuelven las últimas imágenes de El círculo, el documental de José Pedro Charlo y Aldo Garay que retrata las muchas vidas de Henry Engler. La que está viviendo ahora es en el Centro Uruguayo de Imagenología Molecular (cudim), pero la última que registraba el documental, de 2008, era en la Universidad de Uppsala, en Suecia, donde trabajaba hasta hace poco. Él mismo lo reconoce apenas se le pregunta: el cudim fue hecho a imagen y semejanza del edificio sueco. Y también la organización y su estructura, la visión y su proyecto.
Lo paradójico es que, según lo relata Engler, Uppsala se desvió de camino, y su alumno, el cudim, ha superado al maestro. “Uppsala cambió toda su estructura. Los pacientes empezaron a ser desplazados hacia el Departamento de Medicina Nuclear, y se retrajo a realizar sólo investigación. Tener muchos pacientes es importante desde el punto de vista de la inspiración para la investigación, pero quedó dividida entre la General Electric, el hospital y la universidad, una vez que la compañía vendió y nadie pudo comprarlo todo. El círculo que funcionaba tan bien se ha detenido.”
Aunque ya no trabaja más en Uppsala, Hengler sigue viviendo seis meses acá y seis allá. “Nos fuimos desperdigando, pero la unidad y el concepto que teníamos se plasmó en el cudim.”
La recorrida es reveladora. Después de casi dos horas de andar, no quedan dudas de que es más grande de lo que parece. Contiene máquinas casi indescriptibles que realizan procedimientos casi inenarrables. Cada uno de los técnicos que guía la visita parece un niño en una juguetería. No son tantos, pero todos están dispuestos a dedicarle tiempo a explicar el trabajo que realizan y las máquinas que emplean. Lo hacen con tanta pedagogía que se evidencia la práctica previa: “hacemos visitas con liceales”, admite una funcionaria. El ciclotrón, “el corazón del centro”, es una máquina gigantesca de 25 toneladas capaz de generar isótopos radiactivos,* necesarios para poner en funcionamiento la tecnología pet. Gracias al ciclotrón, y al trabajo de los investigadores uruguayos, la última creación del cudim es el radioisótopo denominado Oxígeno 15, que permitirá ubicar centros clave del cerebro (que se reflejan en órganos o partes vitales del cuerpo) para no dañarlos mientras se extraen tumores. Será el primer lugar de América Latina en emplearlo.
.. PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.