Tu útero como soporte
- Última actualización en 09 Noviembre 2012
- Escrito por: Mariangela Giaimo
Mirando cuerpos (piel y carne, género y medios)
La retórica no sólo se construye con palabras. También con imágenes. La gente que vive de persuadir y seducir insiste en que cualquiera de éstas vale más que mil palabras. El mito también lo creen los que se declaran Pro-Vida, los activistas en contra del aborto o la despenalización de éste. Las imágenes de pequeños fetos ensangrentados han sido un recurso recurrente desde hace tiempo, y hoy en día circulan principalmente en los muros de Facebook y blogs de Internet además de ser distribuidas como volantes. No importan las semanas de gestación sino que se identifiquen cabeza y miembros, que se esboce lo mínimo indispensable para aducir una morfología humana. Esa imagen que se reservaban los padres y el ginecólogo ahora se devela, se publica. Sale del circuito médico para transformarse en evidencia moral.
En este caso las imágenes son presentadas desde su condición de “documento” o representación “científica”, como si no hubiese estereotipos visuales o preconceptos de la mirada. Esta representación presuntamente “objetiva” otorga al argumento antiabortista una materialidad que lo legitima. Por eso tampoco importa que la mayoría de esas imágenes carezcan de valor gráfico formal. Su discurso es: esto que está aquí, que te presento, es una persona y una víctima de victimarias mujeres. Tal vez tu víctima.
A veces las fotos declaran las semanas del feto. Pero en este tipo de imágenes no se ponen en debate las argumentaciones sobre cuándo comienza la vida, cuándo un ser humano es tal. El impacto y el mensaje están justamente en su simple exposición. Hacerlo es volver tangible, visible y humano al embrión. Las tecnologías de la imagen han ayudado a hacer posible este paso de significado de “feto” a “persona”.
Un hito fuerte de esta historia fue la publicación en la revista Look, en 1962, del cómic Los primeros nueve meses de vida, donde se representaba a un feto de 18 semanas. Éste aparecía como un individuo común, con un único rasgo diferenciador: colgaba en el aire unido por un cordón umbilical a algo, a un lugar. Y la mujer era solamente ese espacio vacío.
La politóloga estadounidense Rosalind Petchesky analizó estas imágenes fijas así como la circulación masiva del video El grito silencioso en la década del 80. En esta filmación se muestra una ecografía “interpretada” por un médico que identifica el grito de un feto y su lucha contra unas pinzas de aborto. Como afirma la especialista argentina Claudia Nora Laudazo, el video, “además de ‘dar vida’ a la imagen fetal, (...) desplazó la retórica antiaborto del campo religioso al del médico-tecnológico a través de la cultura visual mediática”.*
Es así que la medicina y las nuevas tecnologías de visualización obstétricas –introducidas en la década del 60– contribuyen con la cura prenatal de malformaciones congénitas, y al mismo tiempo han permitido quebrar el “adentro” y el afuera” del cuerpo femenino.
Pero los Pro-Vida han tomado este recurso para hacer de-saparecer la imagen de la mujer embarazada. En ese recorte, el foco, el encuadre es lo que mostraría lo importante, de la misma forma que lo que se deja afuera se ignora. En el centro se pone generalmente un significante de persona pero que contradictoriamente es desde el lugar de lo deforme, o de lo casi completo, generando así un fuerte rechazo. Una imagen morbosa que alerta la mirada y al mismo tiempo hace mover la cabeza hacia un costado. n
* “Reflexiones en torno a las imágenes fetales en la esfera pública y la noción de ‘vida’ en los discursos contrarios a la legalización del aborto”, Revista del cehim, año 8, número 8, Universidad Nacional de Tucumán, 2012.{/restrict}

