Ser o no ser
- Última actualización en 16 Noviembre 2012
- Escrito por: Mariana Contreras
El zoo y un debate que nunca cesa
A Villa Dolores le cabe la paradoja de ser uno de los paseos más populares de la ciudad pero también uno de los más cuestionados. La Intendencia presentó un proyecto para hacer de sus zoológicos reservas para especies amenazadas. En paralelo, organizaciones nacionales bregan por el fin de la “autoproclamada superioridad humana” y exigen el cierre del lugar.
A pesar del mito urbano, Alejo Rossell y Rius no impuso condición alguna para donar su zoológico a la Intendencia montevideana. Ana Knobel, directora municipal de Artes y Ciencias que aclara, por si quedan dudas, que si hay zoo en Villa Dolores no es por otra cosa que por convicción municipal.
Ahora que se cumplen 100 años de su fundación, la Intendencia lanzó un proyecto que unifica Villa Dolores, Lecocq y el museo Dámaso Antonio Larrañaga, convirtiendo el nuevo sistema en un centro de ayuda para la conservación de la biodiversidad nacional e internacional. Los zoológicos montevideanos harán énfasis en la educación ambiental, en la preservación de especies en peligro de extinción, y en su reproducción para devolver los especímenes a la naturaleza. Se erradicarán las jaulas, esos espacios minúsculos de barrotes gruesos donde muchos animales son exhibidos hasta hoy. Ahora serán “recintos” con instalaciones adecuadas para cada especie, y veterinarios y biólogos (para estos últimos se crearon cargos) trabajarán con base en el “enriquecimiento ambiental”, incorporando estímulos para que los animales estén en buen estado psíquico además de físico. Villa Dolores no albergará más animales de gran porte, por lo que, al igual que sucedió con los elefantes, a medida que vayan muriendo no se repondrán especies como jirafas o hipopótamos.
A pesar de la alegría con que la mayoría de los montevideanos pueda recibir la noticia –la lástima pasiva debe ser el sentimiento más extendido hacia los animales–, no todo el mundo está feliz. Dos fines de semana atrás un grupo de organizaciones reunió a 400 manifestantes en contra del encierro en general, y en particular el que padecen los animales en Villa Dolores. El cautiverio y la necesidad de dominación del hombre vuelven a estar en debate.
DE LA HEGEMONÍA CULTURAL. Ya bien entrado el siglo xxi no hay zoológico que pueda justificar su existencia por el mero hecho de exhibir animales; y en todo el planeta la educación y la conservación se tornaron objetivos centrales en su proceso de reconversión. Knobel ve en los viejos zoológicos victorianos (como el actual Villa Dolores) representantes simbólicos de una época donde el valor hegemónico era el colonialismo en África. Por eso la paradoja de que los niños uruguayos conozcan al elefante antes que al tamanduá. Por eso la jirafa y el león como animales insignia, que deben entenderse también como resabios del “colonialismo cultural”, dijo a Brecha la directora.
La fascinación del hombre por el animal salvaje y exótico dista mucho de ser moderna. Dicen que allá por el 1500 antes de Cristo la reina Hatshepsut de Egipto mandó recorrer el mundo en cinco barcos, en busca de especies desconocidas para la colección de su hijastro, el faraón Thutmose III. Monos, guepardos y jirafas fueron algunas de las especies que surcaron los mares en verdaderas arcas de Noé con destino faraónico. Como buen romano, Nerón tuvo su tigre, y Alejandro Magno su colección de osos, elefantes y monos, ejemplares que recogía tras sus andanzas conquistadoras. Fue a partir de la observación de esa colección que Aristóteles escribió su Historia animalitum, describiendo más de 300 vertebrados en posesión del gran Alejandro.*
Las clases altas del mundo entero ostentaron sus animales como símbolos de poderío y estatus. Muchas veces fueron también utilizados para ganarse la simpatía de alguna autoridad o como tributos de los pueblos sojuzgados hacia sus colonizadores. Como trofeos a veces, pero también como simples saqueos coloniales. Así hasta 1793, en que poco después de que los franceses declararan aquello de la liberté nació en París el primer zoológico público con los animales sobrevivientes de la ménagerie de Versalles. Ahora sí comenzaba la popularización de la exhibición animal.
Cuando en el siglo xx las autoridades de algunos zoos comenzaron a ver que la naturaleza no es “un supermercado inagotable”, la preocupación por la suerte que los animales corrieran ganó espacio y se comenzaron “a rescatar algunas especies en vías de extinción y a procrearlas en cautiverio”: el bisonte americano que a principios del siglo xx estaba al borde de la extinción se salvó gracias a que algunos zoos unieron esfuerzos y comenzaron a criarlos. Lo mismo sucedió con caballos asiáticos o con el ciervo del padre David, explicó historiando el naturalista Juan Villalba, ex director de la oficina regional de combate al tráfico ilegal de flora y fauna y actual coordinador de la reserva de fauna M’bopicuá, quien colaboró con el proyecto montevideano.
En Uruguay hay 70 especies animales en vías de extinción, de las cuales sólo 20 son estudiadas. Estudiar no quiere decir preservar, alega Knobel, para explicar el objetivo municipal. En el país no quedan tamanduás, los últimos aparecieron muertos hace un tiempo, y el yaguareté “no dura cinco minutos en un campo”, porque atenta contra el ganado y por tanto el hombre atenta contra él.
Hasta ahora la experiencia uruguaya de reproducción en cautiverio y vuelta de los animales a su mundo natural es casi nula, al menos en los zoos municipales (la empresa Montes del Plata es propietaria de la reserva M’bopicuá, donde hay experiencias de este tipo). En el Lecocq se trabaja en la cría y reintroducción de la mariposa azul –una enorme mariposa que alcanza los 20 centímetros– y también en la cría del antílope africano addax (con la colaboración del Instituto Clemente Estable y la Universidad de Córdoba, España). Este animal está catalogado como en peligro crítico de extinción, pues sólo quedan 300 en estado salvaje y mil en zoológicos del mundo. El Lecocq cuenta con 41 ejemplares nacidos en cautiverio.
Según explican desde la Intendencia, los criterios para seleccionar las especies con las que se trabajará tendrán que ver con cuánto peligro hay de que se extingan, la región a la que pertenecen (Uruguay, región, continente y resto del mundo) y las posibilidades de generar los recursos humanos y materiales para desarrollar el hábitat con condiciones que aseguren los objetivos establecidos. Es sobre estos puntos donde la controversia comienza a agudizarse.
ESPECISMO Y ANTIESPECISMO. El colectivo Sin Jaulas ni Cadenas, que participó de la manifestación días atrás, no se opone a la conservación de las especies en reservas, pero sí a los zoológicos, y en particular a lo que sucede en Villa Dolores. Entienden que el proyecto presentado por las autoridades está más cerca de un plan de marketing que de otra cosa. Carolina Andrade, una de sus integrantes, dijo a Brecha que durante la presentación “hablaron más de los juegos inclusivos, las mejoras en la caminería, el restaurante o el ahorro de agua, que de la situación de los animales (véase recuadro). Nada está bajado a tierra. Dicen que agrandarán las jaulas de los felinos pero no explican cómo ni qué dimensiones tendrán. Nos esperábamos algo sobre la calidad de vida de los animales, pero ni se habló”.
Es verdad que el libro presentado en los festejos de los 100 años no maneja tiempos, ni costos, ni acciones concretas sobre los animales, salvo algunas pocas: los babuinos del parque Lecocq ya tienen un nuevo y amplio espacio que los alberga. Y los felinos de Villa Dolores dejarán la jaula por un espacio más amplio (aunque ciertamente la directora no especificó el metraje), donde sólo se los podrá observar desde algunos puntos para que conserven la privacidad. Tendrán distintos tipos de terrenos, zonas de baño y de recreación, entre otras mejoras. La elefantera pasará a ser zona de esparcimiento, puesto que no se volverá a comprar un animal de esa especie.
Pero los detractores de los zoos van más lejos en su rechazo. Utilizan el término “especismo” para explicarse por oposición: “la asunción de la superioridad humana sobre otras criaturas lleva a la explotación animal”. El cautiverio es expresión de ello. El concepto, acuñado en los años setenta, tuvo suficiente relevancia para que José Ferrater Mora lo incluyera en su diccionario filosófico de la siguiente manera: “El especismo es respecto a la especie humana entera lo que es el racismo respecto a una raza determinada, ser especista es ser racista humano. El reconocimiento del humano como especie se transforma en especismo cuando equivale a la negación de derechos a otras especies, que no a la humana”.
Así las cosas, según Andrade, “el hombre cree que por autoproclamarse en un lugar superior puede hacer lo que se le ocurra”. Para la activista lo que debe medirse no es la “inteligencia intelectual” sino la capacidad de los animales para “sentir dolor, gozar de la libertad o del placer”. Estos factores, que se expresan en las consecuencias que padecen los animales en cautiverio, deberían ser “moralmente relevantes”, argumentan los antiespecistas, lo suficiente como para eliminar los zoológicos.
Algunos de los síntomas más evidentes de ese sufrimiento –y que pueden observarse en Villa Dolores– se expresan en el continuo andar de los animales, el balanceo de la cabeza, lamer los barrotes o automutilarse. Para los miembros del colectivo, los jerarcas de la Intendencia no han explicitado la suerte que correrá el resto de los animales que seguirán en Villa Dolores. ¿Todos tendrán recintos en lugar de jaulas? ¿Ninguno sufrirá los efectos del encierro como hasta ahora? Además de las medidas ya señaladas para los babuinos y felinos, el libro sólo establece que las jaulas que no se adecuen “al concepto de bienestar animal” o se encuentren “perimidas” serán eliminadas, aunque no se especifica cuál es la alternativa en cada caso.
Villalba explicó a Brecha que las malas condiciones de encierro y el sedentarismo que sustituye la dinámica de la vida silvestre generan síntomas de estrés, que los zoológicos modernos procuran evitar a través del enriquecimiento ambiental. Se trata de crear ambientes y estímulos tan complejos y variados como los de su hábitat natural. Desde lugares más espaciosos hasta obstáculos para conseguir el alimento, espacios para recreación, o estímulos visuales y olfativos. Por ejemplo, es bueno “recrear” el tiempo que un animal dedica a procurar su alimento, para disminuir el tiempo de ocio: “A los monos, en lugar de ponerles toda la comida junta, se les esparce por el recinto, se les esconde la fruta, las semillas se ponen detrás de piedras o entre la vegetación”, explicó Villalba.
El naturalista, que reconoció que el actual zoológico de Villa Dolores dista de ser modélico, advirtió que en los cuestionamientos al cautiverio hay muchas veces una “antropomorfización de las conductas animales. El cautiverio es mucho más hiriente para el visitante que para el animal. Si tienen un espacio adecuado y sus necesidades de alimentación satisfechas no podemos hablar de felicidad o infelicidad. Ciertamente el bienestar animal nos debe preocupar, pero no requiere ni una selva ni un océano a su disposición”. Para medir el bienestar animal el principal indicador es la reproducción, si se reproduce normalmente quiere decir que el animal está en buenas condiciones. Incluso, dijo, puede lograrse una mayor expectativa de vida. Los felinos viven diez o doce años en la naturaleza, luego comienzan a fallar en la cacería, o sus congéneres los atacan y encuentran dificultades para defenderse, o tienen “achaques” propios de los años. Pero en condiciones adecuadas, en cautiverio pueden vivir hasta 20 o 25 años.
Pero si “perdurar no es existir”, los zoológicos montevideanos, particularmente Villa Dolores, tienen un arduo camino por delante para devolverles a sus huéspedes algo de lo que la curiosidad humana les robó. n
* El rol de los zoológicos contemporáneos, Gustavo Collados, 1997.
Para los próximos cien
El zoo investigador
Con el nuevo organigrama, Lecocq, Villa Dolores y el Museo Oceanográfico pasarán a depender de una única dirección. A la plantilla actual se sumarán biólogos y también se contará con el apoyo de la Facultad de Ciencias y de Veterinaria, cuyos estudiantes realizan prácticas y pasantías en el Lecocq. Además de la conservación, reproducción y devolución al ambiente natural de algunas especies, el nuevo zoológico montevideano pretende llevar adelante proyectos de investigación vinculados al manejo y conservación de la naturaleza (genética de la conservación, estudios etológicos, son algunas de las áreas con potencial).
Karumbé y la asociación de acuaristas también tienen espacio en el zoo. La primera es una organización dedicada a la protección de las tortugas marinas y sus hábitats.
Ahorro
Villa Dolores se propone ahorrar 7 millones de pesos al año por concepto de agua potable, que serán invertidos en los nuevos proyectos. Actualmente se pagan 10 millones de pesos a la ose, pero a través de una auditoría técnica se estableció que es posible el ahorro restringiendo el uso de agua potable sólo para consumo humano. Se instalará un sistema que proveerá de agua subterránea para el llenado de los lagos, la limpieza de los espacios de los animales, los baños, y también se trabajará en la racionalización del uso de agua mediante su reciclado y reutilización, según especifica el proyecto. También se implementará un sistema de tratamiento antialgas en lagos y estanques para garantizar su limpieza.

