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El Centro Martin Luther King en Uruguay: una experiencia desde la teología de la liberación

El dinamismo de las derechas cristianas parece estar sacudiendo a quienes, en silencio, encuentran otro sentido al legado del nazareno. Se han agrupado en torno al Centro Martin Luther King, y la alianza que están construyendo es de una amplitud sorprendente.

Fue a comienzos de setiembre, cuando Fernando Lugo visitó Montevideo, que el Centro Martin Luther King (cmlk) fue presentado en sociedad. Ese nombre que refiere a aquel carismático pastor bautista, líder en la defensa de los derechos de los negros y por ello asesinado, presenta en realidad una experiencia que parecía impensada en Uruguay: la conjunción de hombres y mujeres llegados desde la fe y desde la política en un espacio común de reflexión que abraza la teología de la liberación (tl) como cristal de análisis de la realidad.
No es que política y fe sea en sí misma una conjunción impensada, aun en el más laico de los países latinoamericanos pueden verse experiencias concretas, que esta cobertura reseña. Pero sea por vínculos históricos o ideológicos, los sectores más conservadores de ambas vertientes son los que tienen mayor facilidad para ese diálogo. Del otro lado, y “opio de los pueblos” mediante, izquierda y religión han compartido espacios y objetivos comunes en muchas oportunidades, pero este ha sido siempre un encuentro más vinculado a la práctica que a la decisión explícita de intercambiar visiones.
Encuentros clandestinos en capillas y parroquias, jornadas de solidaridad, “hubo muchos curas que se la jugaron, y aun algunos menos comprometidos desde lo político jugaron un rol fundamental en la defensa de los derechos humanos” en los años de dictadura. “Eso no se olvida de un día para el otro. Los frenteamplistas, los comunistas, la gente de izquierda, vamos a estar eternamente agradecidos por ese papel”, reconoció el dirigente comunista Juan Castillo, actual vicepresidente del Frente Amplio (fa) que –para sorpresa de extraños– forma parte del Consejo Directivo del cmlk.

APARICIONES. Desde que Joseph Ratzinger asumió el papado de la Iglesia Católica, la tendencia conservadora, que Juan Pablo II ya representaba muy bien, se profundizó. Ni que decir que en Uruguay la figura de Nicolás Cotugno sepultó casi cualquier intención de asomar la cabeza para los sectores más progresistas del catolicismo. Los sacerdotes y comunidades más afines a la tl, que aún hoy encuentran carne en las palabras de Juan Luis Segundo, ocupan un espacio acotado en la estructura institucional, y optan por expresar su opción en el trabajo comunitario más que por difundir sus posturas públicamente (véase Brecha, 13-IV-12).
Tampoco desde el protestantismo aparecen voces fuertes para reivindicar esta concepción, a pesar de que la necesidad de una “liberación política, económica, social, que parte de la preocupación por los pobres y la injusticia social, está no sólo en algunos teólogos y pastores, también en algunas iglesias evangélicas en América Latina”, planteó el pastor metodista Ademar Olivera.
El vaciamiento de las iglesias, el “precio” pagado por el compromiso en los años de dictadura, según él mismo piensa, ofició de freno a la intervención pública y a aquel compromiso político que se dejó ver en aquellos años: Las puertas de los templos se cerraron y la mirada sobre los aspectos políticos y sociales se trocaron por el acento puesto en la espiritualidad, como forma de “fortalecerse como Iglesia, evitar enfrentamientos entre los propios hermanos. Eso es lo que veo en nuestra Iglesia”, reconoció el pastor.
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