Calle 13 en Montevideo
Un vocalista que exhibe su cuerpo de “plancha”, letras rebeldes, música latinoamericana de la buena y realmente popular pero premiada con ocho Grammy, eran un trago demasiado potente para dejar pasar una revista a sus efectos y secuelas en esta “Suiza del Sur”.
El nubarrón oscuro huyó, dejando una luna fina similar a una sonrisa maliciosa. Un par de trompetas locales tiraron el comienzo de Cuatro Pesos de Propina, banda encargada del rol de telonero. Ésta, que supo estar dispuesta a tocar en toda actividad a la que se la invitara –y en tantos veranos en Valizas– ha logrado cierto arraigo y popularidad. Y en esta noche de jueves un numeroso grupo de seguidores les hace pogo frente al escenario. El cantante, ahora sin su distintiva y tupida barba roja, lleva la actuación de forma discreta, paseando a la banda por una docena de temas de sus dos discos independientes. Sonaron también algunos del tercero
–Surcando, que aún no se ha editado–, entre los que se destacó “No hay tiempo”, con su ritmo pegadizo y reggaetonero.
Mientras tocaban los yoruguas el Velódromo iba llenándose de gente. Igual que las dos veces anteriores, Calle 13 actuará frente a un auditorio repleto en Montevideo. Si se consiente que la masividad no es un criterio válido para valorar una manifestación artística, tampoco puede ser un criterio válido para rechazarla. Pero lo más importante de lo que esa multitud implica es una modificación de lo esperable del gusto de cierta juventud uruguaya, entre universitaria y progre, con pizcas de guacho de clase media. Su gusto siempre estuvo más afín a valorar los criterios que venían de los de arriba que de los de abajo. Impensable hace un par de años, que una banda que saltó a la fama con un reggaetón llamado “Atrévete-te-te” pudiera tener tal grado de adhesión entre esta gente.
Adelante, contra la valla, un ejército de féminas tenía copado el lugar. Debían de haber llegado un par de horitas antes para situarse en el lugar de privilegio, lo más cerca posible del escenario, aguantando la presión de la maroma de atrás que les aplastaba el pecho. Hubo una que no aguantó, y el “segurata” de chaleco amarillo flúo se zambulló entre la gente como si fuera David Hasselhoff en Baywatch. Surgió en el aire el cuerpo medio desmayado de la gurisa que no llegó a ver de cerca al objeto de deseo.
.. PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.