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Con Sergio Ramírez, a dos meses de las elecciones en Nicaragua

El sandinismo secuestrado

Escrito por: Fabián Kovacic

Ramirez
Ramirez
El 6 de noviembre Nicaragua elegirá por sexta vez consecutiva un presidente en elecciones libres desde la caída de la dictadura somocista en 1979. Sin embargo, el proceso electoral sufre fuertes tensiones por la insistencia del actual mandatario Daniel Ortega para presentarse a una reelección que sus opositores califican de inconstitucional. El escritor Sergio Ramírez, integrante de la primera junta revolucionaria, ex vicepresidente, confirma en esta entrevista con Brecha sus críticas a su ex compañero Ortega. Y abunda en otras.

 

Jefe de gobierno cuando triunfó la revolución sandinista, en julio de 1979, Daniel Ortega perdió a buena parte de sus aliados de entonces. Muchos de los integrantes de aquella primera junta revolucionaria primigenia fueron abandonando el barco no ya del sandinismo sino de lo que comenzaron a llamar el "orteguismo" o "danielismo". Ramírez fue uno de ellos. Otro el poeta y sacerdote jesuita Ernesto Cardenal, referente de la Teología de la Liberación, otro el cantante Carlos Mejía Godoy, símbolo de la épica sandinista de los setenta y ochenta. Y las ex comandantes guerrilleras Mónica Baltodano y Nora María Téllez, y la escritora Gioconda Belli, para sólo hablar de algunos. Criticaban a Ortega por su estilo de gestión, por repetidos hechos de corrupción ocurridos bajo su gobierno, por su autoritarismo. Y más recientemente, por un viraje ideológico que lo había acercado a adversarios de larga data del sandinismo originario, como el clero católico, en especial el cardenal Miguel Obando y Bravo. Carlos Tunnermann, ministro de Educación en el primer gobierno sandinista, acaba de presentar un recurso ante la justicia al haberse aceptado la postulación de Ortega a un nuevo mandato cuando la Constitución nicaragüense prohíbe expresamente la reelección.

En 1995, Sergio Ramírez encabezó una disidencia interna en el fsln que derivó en la formación de un nuevo partido, el Movimiento de Renovación Sandinista (mrs), que aglutinó a muchos de los antiguos referentes originales. "Muchos luchadores latinoamericanos piensan de buena fe que Daniel Ortega y el fsln siguen siendo los únicos referentes de la izquierda en Nicaragua y por tanto, les endosan todo su respaldo, ignorando las dramáticas mutaciones político ideológicas experimentadas por ellos en los últimos años. El fsln fue una formidable organización revolucionaria, pero hoy es víctima del secuestro y el control férreo de Daniel Ortega y de un pequeño grupo de dirigentes sandinistas, convertidos en empresarios a partir de las propiedades de las que se adueñaron con el reparto de bienes del Estado realizado tras la derrota electoral del fsln en 1990", señala en su blog Mónica Baltodano, actual diputada por el mrs que en julio de 1979 participó en el asalto final a Managua.

Si bien es cierto que Ortega sigue beneficiándose entre la izquierda política del capital adquirido en los primeros ochenta, también lo es que hace tiempo que buena parte de la intelectualidad izquierdosa de la región ya ha tomado distancia con el actual presidente. De Juan Gelman a Carlos Monsiváis, pasando por Ariel Dorfman, Ángeles Mastretta, Horacio Verbitsky, Noé Jitrik, Eduardo Galeano e incluso en su momento Mario Benedetti, han firmado llamamientos denunciando la persecución ejercida desde el poder contra disidentes como Cardenal y Carlos Fernando Chamorro, y organizaciones sociales como grupos de mujeres.

Si algo ha conservado Ortega del viejo discurso es la retórica "anti yanqui", pautada por la integración de Nicaragua, desde 2007, a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba) junto a Venezuela, Cuba y otros cinco países de la región o su reiterado reclamo de efectivización del pago de unos 17 mil millones de dólares reclamados a Estados Unidos por su apoyo directo a la "contra" en los años ochenta y su sabotaje de la economía nicaragüense, un reclamo avalado por la Corte de La Haya. Pura retórica que no se condice con la práctica de Ortega desde el gobierno, dice Sergio Ramírez en la siguiente entrevista con Brecha.

—¿Qué punto de contacto tiene la Nicaragua actual con la revolucionaria de 1979?

—Creo que es una conexión que el gobierno está forzando. Usa la tradición revolucionaria como justificación de un discurso político que busca entronizar a Daniel Ortega en el poder. Pero es solamente Daniel Ortega y no los héroes de la revolución. Esos héroes son el pretexto para consolidar un proyecto de poder familiar y personal, basado en otro tipo de intereses, pero no en los que defendimos en los años ochenta. Para mí no hay continuidad alguna entre aquella revolución y el régimen actual de Ortega.

—Cuando uno recuerda ese gobierno de 1979 aparecen su nombre y los de Gioconda Belli, Ernesto Cardenal y un conglomerado de personalidades que han roto con el fsln. ¿Qué fue lo que pasó?

—Fuera de toda la gente brillante que tuvo aquel gobierno, como el jesuita Cardenal, que dirigió la cruzada de alfabetización, o Carlos Tunnermann, ministro de Educación, gente creativa que tenía la idea de un proyecto de cambio y transformación revolucionaria en el país ya no está más y se pronunció incluso en contra del régimen. Fueron reemplazados en los cargos principales por operadores anónimos. Los originales, los revolucionarios y creativos se fueron. Y a este gobierno no le interesa tener gente de esa clase. Especialmente porque son un desafío para la actual gestión y hacen peligrar el poder de Ortega.

—¿Cómo encaja el sandinismo de Daniel Ortega en este nuevo concierto de gobiernos progresistas de Argentina, Uruguay, Brasil, Bolivia, Ecuador y Venezuela?

—Encaja porque hay una entente de los países del alba y de centroizquierda, y Daniel Ortega se ha metido ahí adentro. Pero las distancias que existen entre Ortega y Cristina Kirchner, Dilma Rousseff y José Mujica son abismales. Ortega no tiene una voluntad de cambios estructurales. Apenas la defensa de un statu quo en medio de una nube de humo retórico revolucionario. Es un populismo para recibir el dinero que Hugo Chávez trasiega a Nicaragua a través del petróleo. Un ejemplo de que el discurso revolucionario es puro humo: la ley de reforma fiscal está congelada desde hace cinco años. Los grandes empresarios y banqueros están muy contentos respaldando a Ortega y él se ajusta muy bien a las reglas del Fondo Monetario Internacional. Su fortuna personal se ha quintuplicado. Los cuatro o cinco grandes capitalistas del país celebran la reelección de Ortega.

—Así descrito suena como un gobierno de continuidad respecto de su antecesor, el empresario Enrique Bolaños...

—Sí. Lo repito: los grandes capitalistas están muy contentos. Hace pocas semanas hubo una reunión donde esos grandes capitalistas del país llamaban a invertir a los capitales extranjeros y clamaban por la llegada de grandes corporaciones transnacionales.

—¿Cómo encaja el país en el alba a partir de esta descripción que usted hace, que lo acercaría más a prácticas, por así decirlo, "neoliberales"?

—Seguramente Ortega les debe vender a sus socios y amigos que se trata de una táctica de gobierno para llevar adelante las cosas, que está intentando un revolucionario por vías no ortodoxas... Pero, insisto, las diferencias son notables con todos los gobiernos latinoamericanos que mencionabas antes. En Bolivia nomás la nacionalización de los recursos naturales es una medida correcta del gobierno. En Uruguay nadie duda que Pepe Mujica es un presidente verdaderamente socialista, que no pierde su sencillez ni su humildad a la hora de gobernar. El otro día iba yo hacia mi pueblo natal por la carretera que comunica Managua con Masaya y venía por el otro carril Daniel Ortega con una caravana de quince vehículos y una escuadra de doce motocicletas en v, sin contar los coches policiales. Eso no ocurría en los ochenta.

No me imagino a Mujica recorriendo de esa forma las calles de Montevideo. Eso es un escándalo. Recuerdo haber visto una vez en Washington la comitiva del presidente Bill Clinton, y eran dos o tres autos nomás. Un presidente tiene que andar protegido, no le estoy negando esa posibilidad, pero es la exageración de ese séquito para hacer sentir el poder lo que me molesta. El amor al poder es peligroso. Cuando te quieres quedar a cualquier precio en el gobierno conviertes el sistema electoral en una farsa, y Daniel Ortega está buscando ser reelecto con el control absoluto del poder. Tiene control sobre el poder electoral, que le da la cédula de votación a quien ellos deciden. Es el propio partido de gobierno el que anda casa por casa repartiendo las cédulas y negándolas a quienes saben que probablemente no los voten. Y está ese reglamento de observación electoral que es una burla, al proclamar que la observación electoral constituye una intervención en los asuntos internos de Nicaragua. Están preparando lo que va a ser un verdadero fraude electoral. Y además con una reelección inconstitucional, porque la Constitución prohíbe la reelección. Todo esto no conforma un proyecto de renovación democrática. Vuelvo al caso de Pepe Mujica; si gana la derecha en Uruguay, es seguro que le va a entregar la banda presidencial a un presidente de derecha con toda tranquilidad. Y en eso consiste la democracia, no en monopolizar el poder sino en la alternancia siempre que los votos populares lo decidan. Lo que tiene que hacer la izquierda es seguir gobernando bien para que la gente la reelija, pero si, como en Chile, el pueblo decide cambiar a un presidente socialista por uno de derecha, que después tiene que enfrentar una huelga de maestros y estudiantes en las calles, eso ya es decisión del pueblo. Nadie puede decir que un partido o una persona tienen la verdad absoluta y la van a imponer por la fuerza, porque eso es irracional.

—¿En qué momento se fueron ustedes del fsln?

—Cuando termina la revolución, en los noventa, viene una fragmentación de lo que era el sandinismo unido. Ese fsln era un verdadero frente en el que todos coincidíamos. Luego cada cual escogió lo que le parecía mejor como método para regresar al poder. Daniel Ortega comenzó a decir que iba a gobernar "desde abajo", lo cual significaba en los hechos que no iba a dejar gobernar en paz a la señora Violeta Chamorro, e intentó regresar dos o tres veces. Perdió las elecciones, hasta que pactó con Arnoldo Alemán, que es un reo de la justicia por defraudación y lavado de dinero, para conseguir una rebaja de la cantidad de votos necesarios para ganar en primera vuelta. Llevaron ese mínimo hasta el 35 por ciento, que es lo que Ortega ha sacado siempre en las elecciones, y fue por eso que pudo ganar en primera vuelta en 2006. Es una actitud fraudulenta para quedarse en el poder.

—Se sabe que Ortega ha trancado proyectos tan caros a la mayor parte de la izquierda social latinoamericana como la despenalización del aborto. ¿Hay organizaciones que den el debate sobre estos temas al interior del fsln?

—Sí, las hay, pero tienen todas las de perder. En Nicaragua está prohibido hasta el aborto terapéutico, y castigan con hasta siete años de cárcel a un médico y a la paciente que se deje practicar el aborto terapéutico, aunque esté en riesgo su vida y la del niño. Esa es la política de la pareja presidencial, que curiosamente ahora proclama una gran adhesión religiosa, acatando lo que dice el papa y se maneja con un discurso sumamente religioso. Los movimientos se expresan, pero no son escuchados.

—La economía nicaragüense no está pasando por un buen momento. Se habla incluso de la existencia de nuevas olas migratorias.

—Es verdad. Los destinos son Estados Unidos y Costa Rica, pese a las tensiones que aparecen ahora entre Costa Rica y Nicaragua en torno a una disputa territorial por un islote en el río San Juan. La gran presión migratoria de nicaragüenses hacia Costa Rica es debida a que el producto bruto interno costarricense es diez veces superior al nuestro, los salarios son más altos, la seguridad social funciona. Las cifras oficiales dadas por Costa Rica hablan de medio millón de nicaragüenses viviendo en su país, aunque extraoficialmente se reconoce que hay por lo menos dos veces más, sobre una población total costarricense de cinco millones de habitantes. Eso es mucho.

Que en una población de cinco millones de habitantes tengas un millón de nicaragüenses, es un dato. Eso a la fuerza va modificando la cultura. Esa cultura costarricense de meseta central y de las montañas, cerrada, conservadora y patriarcal, que menciono en mi última novela,* se va rompiendo a la fuerza por las migraciones. Tú te encuentras hoy hablando a los nicaragüenses en San José como costarricenses. Hasta las artes culinarias van cambiando. En cada hogar costarricense hay una empleada doméstica nicaragüense, que va cambiando los sabores y modificando el habla. Hay una influencia, como ocurrió por ejemplo con la inmigración italiana en el Río de la Plata durante el siglo xix. Eso está ocurriendo, aunque no lo quieran los costarricenses. Es una consecuencia de la inmigración masiva por razones estrictamente económicas. Si los nicaragüenses tuvieran oportunidades de trabajo suficientes en su propio suelo no se moverían. n

* La fugitiva, Alfaguara, 2011.

Un salario estancado

Según cifras de comienzos de 2011, el salario real promedio nacional cayó en 10 por ciento entre 2008 y 2009, y el año pasado se habría estancado. El promedio de las remuneraciones actuales es inferior al de 2007, según economistas ligados al mrs de Sergio Ramírez. La recuperación de la actividad económica después de la crisis de 2008 no habría llegado a los trabajadores. Una reforma tributaria que en principio estaba destinada a lograr una mayor equidad social sigue sin ser aprobada. "La contención de los salarios, uno de los factores que han apoyado el control relativo de la inflación, ha ocurrido mientras la actividad de las empresas, tanto las exportadoras como las orientadas al mercado interno, han retomado el dinamismo perdido por la crisis", señala por su lado en su blog el economista Nelson Avendaño, que se define como "pos keynesiano" y es crítico de la política de Ortega. n

El favorito

El último sondeo de cara a las elecciones de noviembre divulgado hasta ahora, de la empresa Gallup, da a Daniel Ortega 41 por ciento de las intenciones de voto, 3 puntos más que en julio. Le siguen el empresario y actual diputado al Parlamento Centroamericano Fabio Gadea, del Partido Liberal Independiente (pli), a siete puntos, y el ex presidente (1997-2002) Arnoldo Alemán, con 11 por ciento. n

Publicado el Jueves 01 de Septiembre de 2011

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